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Cartas
Lunes 09 de enero de 2023
¿Restaurador o reformador?
Señor Director:
En un mundo donde han caído los grandes relatos, la confianza en el ser humano y la preocupación por el otro, Benedicto XVI procuró reivindicar la fuerza del amor, la virtud de la caridad y la apertura a la trascendencia desde la esperanza. Con sabiduría, no impuso la fe, sino que mostró desde la razón los motivos para creer, para relacionarse con Dios y para abrirse a la posibilidad de crear un mundo con horizontes más fraternos. A partir de esta realidad mundial se entiende que sus énfasis teológicos apuntaran a la búsqueda del sentido, de Dios, de la esperanza y de la fraternidad. Sus encíclicas Deus caritas est (2005), Spe salvi (2007) y Caritas in veritate (2009) son una muestra de ello.
Los comentaristas aún no se deciden si considerar a Benedicto XVI como un reformador de la iglesia o un restaurador, el título con el que pase a la historia aún no es posible definirlo. Sin embargo, no hay que olvidar que asumió con valentía y liderazgo situaciones tremendamente difíciles que, gracias a su intervención, actualmente han comenzado a definirse con mayor claridad y, ciertamente, con un protocolo y procedimiento definidos.
Su palabra y decisiones ante el conocimiento de abusos ejecutados por sacerdotes fueron implacables. Su condena a Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, junto con su expulsión del ministerio público dio inicio a un proceso asumido, primeramente, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y, posteriormente, como Pontífice. Junto con la reforma de las normativas para erradicar el problema, nunca dudó en manifestar su gran preocupación por todas las víctimas, asumiendo con humildad las falencias de un sistema en proceso de modificación.
Sin duda, el acto de mayor singularidad de su pontificado fue su renuncia. Ningún Papa en 500 años lo había hecho. No obstante, este gesto radical, valiente, pero de tremenda humildad, es, sin duda, el aspecto que más se destacará en el recuerdo de su memoria. Lo que algunos erradamente señalaron como un acto que denotó su incapacidad, fue realmente todo lo contrario. Una muestra de su lúcida inteligencia.
En el discernimiento que lo llevó a la decisión de dejar sus funciones estuvo la crisis interna de la Iglesia. El escándalo de las Vatileaks, las denuncias sobre las finanzas de la Curia, los abusos sexuales perpetrados por sacerdotes.
Entre otros tantos problemas, Ratzinger supo vislumbrar que se requería fuerza, cambios, respaldos y, ciertamente, mucha oración.
María José Schultz
Investigadora del Instituto de Teología Egidio Viganó de la UCSH