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Editorial
Jueves 01 de diciembre de 2022
Relaciones Chile-Perú
Es responsabilidad de sus gobiernos y diplomacia desarrollar aceleradamente condiciones para aprovechar su enorme potencial.
Demostrativo de solidez, importancia y densidad de los lazos entre Chile y Perú fue el IV Encuentro Ministerial Binacional presidido por los presidentes Luis Castillo y Gabriel Boric. La cita quedará registrada por la propicia coincidencia con el bicentenario de las relaciones entre ambos países.
Reveladora de la relevancia de la reunión y estabilidad de los vínculos bilaterales fue la presencia en Santiago del primer mandatario vecino y de su frágil gabinete, pendiente de aprobación parlamentaria, considerando las serias controversias institucionales por las que atraviesa su país, contrariedades antes invocadas por su Parlamento para frustrar la participación del jefe de Estado en otras giras y reuniones internacionales. El buen nivel de la cooperación entre Chile y Perú permite obviar las contingencias políticas que turban a gobernantes a los dos lados de la frontera.
Despejados desencuentros limítrofes, superados anacrónicos nacionalismos, eliminadas limitantes restricciones al comercio y a la inversión, las relaciones y confianza entre chilenos y peruanos han florecido creando amplios espacios para el diálogo, la cooperación y la integración física, social y económica.
La comunidad peruana supera sobradamente los doscientos mil migrantes y es la segunda de las extranjeras residentes. Sus aportes y cultura son altamente valorados y motivan un significativo flujo turístico y viajes recíprocos.
Constructivo es el relacionamiento chileno-peruano por el continuo profesionalismo de sus embajadores y la diplomacia, intensa actividad entre las sociedades civiles y las comunidades de negocios grandes, medianos y de menor tamaño.
Positivas son las relaciones entre las Fuerzas Armadas de los dos países y entre las policías civiles y uniformadas, fundamentales para la seguridad y los graves riesgos existentes en materias de migración, delincuencia y narcotráfico.
Las inversiones y exportaciones chilenas destinadas al Perú, con una balanza comercial virtualmente equilibrada, sin conflictos, exentos de barreras aduaneras y cambiarias más que duplican la suma de las aportadas a Argentina y Bolivia.
La Alianza del Pacífico, iniciativa peruana, ha sido un instrumento determinante no solo para el intercambio bilateral, sino también para el que se realiza con otras naciones de la Cuenca del Pacífico, americanas y asiáticas. Nada parecido resulta de los difuntos Pacto Andino y Unasur; tampoco de otras limitadas iniciativas regionales como Celac, Mercosur y Aladi. Deplorable fue la suspensión de la XVII Cumbre de la Alianza en México cuya reactivación reviste urgencia.
Un factor que merece reconocimiento por su contribución a la confianza de los agentes económicos y al buen desempeño del intercambio es el prudente manejo de las economías en los dos países, destacando la resiliencia de la peruana a los cambios políticos, la estabilidad de su tipo de cambio, inflación controlada y un elevado nivel de reservas internacionales.
Lamentablemente, la afinidad de políticas liberales en el comercio e inversión exterior se ha detenido por la ideologizada resistencia y dilación de algunos legisladores y gobierno chileno a sumarse al CPTPP (más conocido como TPP11). La demora en su puesta en vigor y en desmedro de las exportaciones nacionales impide también compartir con Perú, y demás suscriptores del tratado, los beneficios que otorga la flexibilización de las normas de origen transpacíficas.
Sobre las firmes bases de las relaciones chileno-peruanas es responsabilidad de sus gobiernos y diplomacia desarrollar aceleradamente condiciones para aprovechar su enorme potencial y el marcado interés de las autoridades y sociedad civil de seguir avanzando en beneficio de las legítimas aspiraciones de paz y bienestar de ambos pueblos.