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Cartas
Sábado 26 de noviembre de 2022
Lo peor de la reforma tributaria
Señor Director:
A estas alturas del debate, pareciera que huelga referirse a los aspectos técnicos de la reforma tributaria en curso. En lo económico, destacados expertos de todos los sectores han advertido el impacto que, bajo la línea de flotación, causará en nuestra recesiva economía. En lo jurídico, reputados profesores han hecho presente el evidente retroceso en el “Estado de Derecho Tributario” que se producirá con las limitaciones a las libertades personales, derivadas de las nuevas potestades no solo fiscalizadoras, sino que también jurisdiccionales del SII, apoyadas por la también nueva institución del denunciante anónimo.
Por su parte, la consagración de la “responsabilidad contributiva individual” como un principio superior y anterior a los derechos fundamentales del contribuyente solo refleja la ideología que subyace en la reforma (cuyos mentores escriben de la “tributación sobre la nada”).
Con todo, no es justo culpar al Gobierno. Finalmente, solo está siendo consecuente con su propia naturaleza. Lo que realmente llama la atención, y que se erige como “lo peor de la reforma”, es la actitud indolente y permisiva —que raya en lo incomprensible— proveniente de aquellos parlamentarios supuestamente sensatos que no debieron siquiera dar pie a la “idea de legislar” un proyecto de esta entidad. O, al menos, asegurarse de que en forma previa se les hubiere acreditado la eficiencia del actual gasto público. Esta actitud (apoyada por guitarras y pelotas) genera una estupefacción parecida a la que experimentamos hace muy poco con la triste performance de la Convención Constituyente.
Claramente la élite política no aprendió la lección y perpetúa las mismas conductas irreflexivas, populistas, y sobre todo partisanas, propias de quienes legislan sin un real conocimiento de la realidad. Y si adicionalmente se repara en la estadística de que ninguna reforma tributaria ha sido rechazada desde el regreso a la democracia, la estupefacción deviene en abatimiento.
Ernesto Rencoret Orrego
Abogado y Académico UA