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Editorial
Jueves 17 de noviembre de 2022
Los “buenos modales” de García Linera
El exvicepresidente boliviano ha confirmado el carácter refundacional e irreversible de la rechazada propuesta constitucional.
De visita en el país, el exvicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera fue invitado a participar en un seminario en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano sobre “Neoliberalismo y derechos humanos: debates desde la teoría crítica latinoamericana”, ocasión en que —tras la pregunta de una asistente— dijo estar “triste” por el resultado del plebiscito constitucional chileno. Haciendo un paralelo con otros procesos, el político boliviano afirmó que la explicación del masivo rechazo no era —como lo han afirmado distintos dirigentes de izquierda— la supuesta influencia de los medios de comunicación, pues, de acuerdo con su visión, estos procesos siempre se dan en un “ambiente mediático adverso”. Según él, el resultado se explicaría más bien por los “buenos modales” con que los partidarios del Apruebo habrían enfrentado las críticas al proyecto, ya que no se puede “defender legalistamente un texto que es político”.
Luego, confirmando el carácter refundacional e irreversible que hubiera tenido la aprobación del texto propuesto por la Convención, el ideólogo de la plurinacionalidad sostuvo que, si “esa Constitución se aprobaba, esto iba a permitir que, aun en los momentos en que haya repliegue social, esa correlación de fuerzas era un pivote que tenía que reproducirse en cada estructura normativa posterior, cada ley, cada decreto”. Así, el visitante pareció adscribir a la visión de quienes conciben la Constitución no como un espacio de consenso en torno a principios básicos y mecanismos para resolver las discrepancias en una sociedad, sino como el camino para imponer y perpetuar un determinado proyecto político, incluso cuando haya dejado de representar el sentir ciudadano.
Como era de esperar, tales palabras generaron extendidas críticas. Cobran además especial relevancia, al tratarse de un intelectual considerado inspirador del ideario frenteamplista y con quien el Presidente Boric ha afirmado tener “cercanía ideológica”. Por otra parte, si bien García Linera ya no ostenta un cargo público, sus opiniones también han sido vistas por algunos como una falta de respeto hacia las decisiones soberanas de los chilenos y una injerencia en los procesos políticos del país.
Con todo, tal vez lo más relevante de los dichos del político boliviano sea la referida confirmación de las consecuencias que hubiera tenido para el futuro institucional chileno la aprobación de un proyecto que pretendía refundar las bases del ordenamiento normativo, cuyo eje central era la plurinacionalidad en un país unitario, de población eminentemente mestiza y con una realidad sociocultural muy diferente a la de otras naciones latinoamericanas. Equivocando el diagnóstico, la Convención —inspirada precisamente en modelos ideológicos como los enunciados por García Linera— propuso al país una Constitución que, para la gran mayoría de la ciudadanía, no respondía a sus expectativas, preocupaciones y visiones.
Especialmente inaceptables resultan, por otra parte, las críticas de un político extranjero respecto de los supuestos “buenos modales” observados durante la campaña plebiscitaria, pues son precisamente esos rasgos los que deben prevalecer en todo debate republicano. La evidencia indica que su quebrantamiento termina por deteriorar irremediablemente la democracia, como ha sucedido en varios países de la región. Ejemplo de ello ha sido el propio caso boliviano, donde el gobierno del que García Linera formaba parte desconoció el resultado del plebiscito de 2016, en que la mayoría ciudadana rechazó la posibilidad de que el entonces Presidente Evo Morales buscara una nueva reelección. Amparándose en una cuestionable resolución del Tribunal Constitucional, Morales intentó igualmente ser reelegido en las elecciones de 2019, con lo que generó una grave crisis en su país. ¿Es a prácticas como esas a las que el político boliviano alude cuando sugiere prescindir de los “buenos modales”?
La larga historia de la democracia chilena y la dura experiencia de su ruptura demandan el fortalecimiento de normas que sustenten un sistema donde se resguarden los principios básicos de toda sociedad libre. El resultado del plebiscito es un llamado a los líderes políticos a consensuar caminos de entendimiento que conduzcan a un nuevo ordenamiento institucional, donde se reconozcan las características propias de nuestra sociedad chilena, sin replicar recetas o modelos ideológicos de perfil democrático dudoso.