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Cartas
Lunes 14 de noviembre de 2022
Pluralismo bajo amenaza
Señor Director:
Cuando pasen los años y se escriba la historia, la entrevista a la ministra secretaria general de Gobierno, Camila Vallejo, publicada ayer por “El Mercurio” será un documento al que deberán referirse los historiadores. Habrá sido el aviso, en tono vivificante y participativo, de su intento de poner fin a nuestra libertad y democracia.
La ministra abusa de la tendencia del Gobierno a hablar mucho, no decir nada sustantivo —que no es igual a que no exista nada sustantivo detrás de lo que dice— y, aun así, evidencia contradicciones que, al final, solo delatan su plan: controlar.
Vamos por partes. La libertad de prensa no permite controles previos, pues eso es censura o dirigismo sin más. Si se estima que hay poca diversidad, la solución es facilitar la creación de medios, pero no regular la participación en los mismos, crear uno de corte oficial o menos cuestionar contenidos bajo el anglicismo de poner freno a fake news del que abusó la propia ministra en la campaña que de manera reciente lideró ilegítimamente.
Ayer, de manera abierta, la ministra describió su intención —habrá que ver si la comparte el llamado “socialismo democrático”— de establecer un sistema destinado a intervenir en la libertad de prensa e incidir en la creación y mantención de medios de comunicación con aportes del Estado. Curiosa contradicción la de sostener que para asegurar libertad y pluralismo se hace necesario regular desde el Estado y dirigir medios de comunicación oficiales, todo ello en el contexto de la apertura a contenidos que asegura internet.
Quienes enseñamos Derecho Constitucional sabemos que la libertad de prensa tiene un valor individual, tanto para el que informa como para el que recibe información, pero, además, posee un valor social irreemplazable como condición para la diversidad y otras libertades, incluida la de conciencia. Por ello, la libertad de prensa e información es uno de los pilares básicos de la democracia. Sin su existencia y reconocimiento robusto, no hay democracia. Así de simple y así de claro. Por ello, no es nada de raro que desde las ideas de la ministra se busque limitar la libertad de prensa, pues simplemente ella no cree en la forma de democracia que vivimos, pues prefiere la de partido único.
Encargar a tres universidades realizar un estudio y posteriormente una propuesta para que el Gobierno asigne recursos públicos para la creación de medios distintos a los que elige la ciudadanía espontáneamente es equivalente a las “elecciones” que se realizan en Cuba u otras pantomimas de democracia. Es vestir de participativa y técnica una decisión ya tomada desde la política.
Durante la campaña, el Presidente Boric aseguró que respetaría la libertad de prensa. Su honor y el de los partidos de la izquierda democrática está comprometido en honrar este compromiso.
Confiemos en que las declaraciones de Camila Vallejo hayan sido formuladas solo en su condición de militante comunista —partido que no nos sorprende con estas visiones— y no como representante del Presidente y su Gobierno. Si esto último fuera así, ello sería grave y las instituciones chilenas e internacionales deberán cumplir con su obligación de defender la democracia.
Víctor Manuel Avilés H.
Profesor de Derecho Constitucional