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Editorial
Domingo 04 de septiembre de 2022
Ambigüedad hacia la democracia
''Las palabras del timonel del PC sugieren que este sigue sin desechar la vía insurreccional''.
El 15 de noviembre de 2019 las fuerzas políticas comprometidas con la democracia acordaron una salida institucional para una crisis de gravedad extrema, camino que hoy tendrá un hito fundamental. Ese acuerdo, sin embargo, no fue respaldado por el Partido Comunista. Es imposible no recordarlo en estos días, en que su presidente, Guillermo Teillier, ha llamado a “salir a la calle a defender” el triunfo del Apruebo si este es estrecho. Son declaraciones ambiguas, toda vez que el resultado de esta votación es al menos incierto e incluso, a juzgar por las encuestas que se conocieron previamente al período de absurda prohibición de publicarlas, la probabilidad de una victoria del Rechazo parece mayor. La vía insurreccional —no debe olvidarse— fue promovida por diversos grupos después del 18 de octubre de 2019 y precisamente eso explicó la reticencia del PC y otros sectores frente al acuerdo alcanzado por las fuerzas democráticas.
Las declaraciones de Teillier carecen de sentido si, además, se toma en cuenta el reconocido prestigio del que goza el proceso electoral en Chile. No es así casual que sus dichos hayan recibido un rechazo extendido: en nuestro país, las votaciones se respetan y producen las consecuencias establecidas democráticamente. Tras los cuestionamientos, el presidente del PC —en una práctica ya rutinaria— retrocedió en sus observaciones, sugiriendo que solo había apuntado a la idea de salir a celebrar los resultados. Con todo, el retracto no pareció muy convincente y se mantuvieron las ambigüedades en sus palabras. Y es que subyace a estas una aproximación oportunista a la democracia. Ello ha sido histórico en el PC, pero adquiere ahora especial relevancia por la importante posición que ocupa en el Gobierno. De hecho, han sido habituales las referencias de esta organización política y sus dirigentes a la idea de tener “un pie en la institucionalidad y otro pie en la calle”, planteamiento que en definitiva relativiza el valor que tienen en toda democracia la deliberación y la votación que la acompaña.
El país necesita reencontrarse y ello supone cooperación política. Crear las reglas e instituciones que lo permitan —objetivo que dista de haber logrado la propuesta de la Convención— demanda una deliberación ampliamente participativa. Las declaraciones del líder del PC en nada contribuyen a ello y revelan, en el fondo, que esta organización no ha desechado la posibilidad de una salida no institucional al proceso que vivimos. Es una posición respecto de la cual las fuerzas democráticas no pueden quedar indiferentes.
Es curioso que, en la defensa de sus dichos, Teillier haya acudido a las expresiones de un diputado que cuestionó el padrón electoral y al Servel, olvidando que ellas fueron transversalmente rechazadas. Es habitual que, para defender una actitud antidemocrática, se intente construir un espantapájaros político. Es un juego que no puede ser aceptado.