Esta semana, China vio detenido su avance sobre el Pacífico Sur, luego de que el canciller Wang Yi admitiera en Fiji que no pudo alcanzar un acuerdo de cooperación y seguridad con una decena de naciones insulares del Pacífico Sur, ocho de las cuales se encargó de visitar.
El revés dio un respiro a potencias como Estados Unidos, que había levantado sus cejas ante la gira de Wang, pero especialmente a Australia, que se vio sorprendida por el reciente acuerdo alcanzado entre las vecinas Salomón y Beijing, por el cual China se compromete a mejorar las capacidades de las islas ante emergencias humanitarias y revueltas sociales, a la vez que garantiza el acceso a puerto para sus barcos y la protección de sus proyectos de inversión. De hecho, fue uno de los temas de la reciente campaña australiana, que terminó con el laborista Anthony Albanese convertido en Primer Ministro, y de la reciente Indo-Pacific Sea Power Conference.
Sin embargo, el canciller chino aclaró, tras hablar con los ministros de Exteriores de las Islas Salomón, Kiribati, Samoa, Fiji, Tonga, Vanuatu, Papúa Nueva Guinea, Islas Cook, Niue y los Estados Federados de Micronesia, que persistirá en la búsqueda del pacto que, según Reuters, incluye el acceso a recursos marítimos y pesqueros, así como el posible envío de fuerzas de seguridad.
Estos recientes desarrollos vienen a confirmar que el Pacífico Sur ya es parte de un escenario de competencia estratégica no visto en décadas y eso debiera llamar suficientemente la atención de Chile, que está vinculado a la región a través de múltiples dimensiones.
La profundidad geográfica que otorga Rapa Nui, la responsabilidad sobre un área marítima de búsqueda y rescate que limita con la de Nueva Zelandia, la condición de “socio de diálogo” en el Foro de las Islas del Pacífico (tenemos relaciones con 17 de sus 18 miembros) y la participación en las reuniones de Ministros de Defensa del Pacífico Sur son manifestaciones de estos nexos y razones claras para seguir de cerca y prepararse para la mutación geopolítica de la zona.
Clave para buscar su estabilidad y prosperidad es aumentar las capacidades propias de los países y construir coaliciones, mientras se incrementan medidas de confianza trabajando sobre desafíos comunes, como pesca ilegal, mitigación del cambio climático y preparación ante desastres naturales.
En búsqueda de socios, Chile puede encontrar en Australia y Nueva Zelandia alternativas que escapan del esquema binario EE.UU.-China, puesto que con esos países comparte desde intereses (mantener rutas marítimas abiertas para el comercio) hasta valores (democracia y derechos humanos). Por lo demás, en la época de transformaciones que vive el país, ambas naciones oceánicas han despertado un interés manifiesto, como queda consignado en la última encuesta de AthenaLab/Ipsos.
Aunque las nuevas autoridades intentan machacar la condición latinoamericana de Chile y el borrador de Constitución fosilizarla, el país no puede ser un espectador distante de lo que ocurre en el Pacífico Sur, sino también tiene que ser un actor, invitación que lanzaba en 1885 Benjamín Vicuña Mackenna en un artículo llamado “El reparto del Pacífico” en la Revista de Marina. De ahí el nombre de esta columna. Hoy existen instancias diplomáticas, comerciales y financieras para avanzar en tal dirección. Pero ¿existe la voluntad política?
Juan Pablo Toro V. es director ejecutivo de AthenaLab