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Cartas
Miércoles 04 de mayo de 2022
Padre Tony Mifsud S.J.
Señor Director:
En la tramitación de la Ley sobre Filiación que puso fin a la odiosa discriminación entre hijos legítimos e ilegítimos, las palabras del padre Tony Mifsud fueron breves, claras y definitivas: “Yo no soy político, ni parlamentario, hablo como teólogo moral y desde esa perspectiva este proyecto se resuelve de la siguiente manera: el fin no justifica los medios; es decir, no por propender a un cierto concepto de familia lo voy a hacer a costa de la dignidad de los hijos por el hecho no voluntario de ser concebido y nacer fuera del matrimonio”. Sentí que ahí mismo se resolvía el destino del proyecto de ley: el tema ético estaba resuelto, desde una perspectiva que no era solo la de la doctrina católica, sino más amplia y universal.
Así era el padre Tony Mifsud: una persona, un sacerdote y un teólogo moral de excepción.
Doy testimonio como legislador católico —por 16 años— del acompañamiento permanente que recibimos de Tony, especialmente en torno a los llamados temas “valóricos”. Su voz era requerida una y otra vez en los proyectos más diversos y controvertidos. Nunca nos insinuó siquiera cómo votaría él en alguno de esos proyectos. No era ese su rol, y eso lo dejaba en claro una y otra vez. Su voz era la del teólogo moral, entendiendo que ese es el ámbito de la doctrina social de la Iglesia. Su perspectiva era la de la formación del discernimiento ético (ver su libro “Decisiones responsables: una ética del discernimiento”, 2012).
En una de nuestras últimas conversaciones en su residencia de calle Cienfuegos, me dijo que en la tramitación de esos proyectos de ley había aprendido a valorar el trabajo de los parlamentarios. Era una consecuencia práctica y aterrizada de ese concepto clave del Concilio Vaticano II, el de la justa autonomía de las realidades terrenales o temporales, del que siempre fue respetuoso en la medida que abominaba —al igual que el Papa Francisco— del clericalismo.
¡Cómo nos hará falta su voz en los temas éticos —de ética social y del discernimiento— que vienen por delante y que cruzan la vida de una sociedad como la nuestra!
Ignacio Walker