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Cartas
Miércoles 13 de abril de 2022
Constitución de 2005
Señor Director:
Diversos comentarios suscitan las alternativas que tendremos los chilenos el 4 de septiembre próximo: aprobar la propuesta de la Convención Constitucional o rechazar, manteniendo la actual Constitución que nos rige.
Por ello es importante recordar cómo se gestó la vigente, escuchando a todos y en un amplio acuerdo.
Su origen fue el Senado de la República.
Un reconocido lugar de encuentro de los grandes acuerdos de nuestra convivencia nacional y que el año 2005, luego de un extenso y fundado debate de todos los sectores allí representados, aprobara la más importante de las numerosas reformas que haya tenido la de 1980, y acordándose por ello un texto refundido que firmara el presidente Ricardo Lagos y todos sus ministros.
En el público y solemne acto de promulgación, efectuado en La Moneda, el mandatario señaló que esta era “la Constitución de todos los chilenos…”.
Estas reformas se originaron en dos iniciativas parlamentarias, una suscrita por los senadores de la entonces Alianza por Chile (Andrés Chadwick, Hernán Larraín, Sergio Diez y Sergio Romero) y otra por miembros de la ex-Concertación (senadores Enrique Silva Cimma, Sergio Bitar, Juan Hamilton y José A. Viera-Gallo).
El espíritu de Estado con que actuó el Senado de la República fue destacado por los medios de la época, y el Ejecutivo tuvo todas las oportunidades de plantear sus puntos de vista a través de su ministro del Interior, José Miguel Insulza, y finalmente se alcanzó un consenso a través de una comisión mixta con la Cámara de Diputados, que permitió contar en un breve plazo con un texto constitucional consensuado por todos.
Esta historia fidedigna de las reformas constitucionales de 2005 quedó incluida en una publicación del Senado, en marzo de 2006, en colaboración con la Biblioteca del Senado, donde quienes se interesen podrán encontrar los debates y acuerdos que suscitó la importante reforma, con la transparencia y claridad que siempre nos debe inspirar, y esperamos que las tramitaciones actuales también sean así conocidas.
Allí está la verdadera historia de estas reformas, que fueron producto del alto grado de acuerdo de una “clase política”, como a veces se le denominó despectivamente, no hace mucho, incomprendida y por supuesto con defectos también, pero que, con todo, me atrevería a señalar, será mejor recordada de la que hoy está en la vitrina pública de un escenario que hoy nadie logra entender.
La ciudadanía debe tener confianza en esta Constitución del año 2005 que nos rige. Ella fue acordada sin presiones ni violencias y se escuchó a todos los sectores, sin exclusiones ideológicas ni consideraciones subalternas.
Hoy, Chile es libre de escoger por aprobar o rechazar lo que acuerde la Convención y en ninguno de esos casos el país caerá en un vacío o en una supuesta anarquía.
Si los chilenos optan por rechazar y desean considerar y mejorar lo propuesto, lo podrán hacer con la misma seriedad, coherencia y sólidos fundamentos con que se actuó el año 2005 y que todos celebraron.
Lo importante es que Chile sea una democracia moderna, con todos los avances que razonablemente se acuerden, pero no con refundaciones improvisadas o concepciones plurinacionales que no reflejan su realidad.
Estamos ciertos de que el Senado seguirá siendo el lugar de encuentro de los grandes acuerdos y actuará en consecuencia, si así ocurriese.
Sergio Romero Pizarro
Presidente del Senado 2005-2006