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Cartas
Martes 12 de abril de 2022
Invasión sonora
Señor Director:
Comienzan a caer las hojas y se echan a andar los motores de las barredoras de hojas. ¡Oh tragedia!
Cuando elegí comprar mi departamento, me enamoré del entorno lleno de frondosos árboles que habitan la calle transformándola en plaza. ¡Qué maravilla! En vez de autos escucho niños jugando y algunos perros ladrando; veo familias pasear con sus hijos y ciclistas que silenciosamente acortan camino cruzando por nuestra “calle”.
El primer viento de abril botó algunas hojas y la Municipalidad de Vitacura, muy eficiente, cambio a don Miguel (el octogenario cuidador de la plaza) por dos fornidas jovencitas, cada una con su barredora a motor que, a las 10:00 a.m., comenzaron a invadir el silencio con sus ruidosas máquinas, las que sonaron ininterrumpidamente por 45 minutos. Claro, don Miguel sale muy caro, porque cuando barre con un rastrillo se demora toda la mañana en la mitad de la plaza.
Los martes le toca el turno al jardinero de nuestro condominio. En la mañana barre las hojas del edificio del frente y, después de almuerzo, le toca al jardín de mi edificio. Barredora, orilladora y cortadora de pasto; tres máquinas ruidosas que suenan sin parar.
Para aumentar esta invasión sonora, supe que mi edificio también utilizaría el barrehojas una vez a la semana. O sea, tengo asegurado que tres días a la semana no dejaré de escuchar estas contaminantes herramientas que, supuestamente, abaratan los costos del trabajo, pero contaminan la salud de todos los que habitamos en el sector.
No es primera vez que apelo a las autoridades medioambientales de la comuna y del Gobierno, para que prohíban el uso de estas ruidosas barredoras, y me fue pésimo.
Se ha legislado sobre el cuidado de las mascotas porque se les considera “seres sensibles”. ¿Quién vela por la salud mental de los que sufren ruidos molestos, como las barredoras de hojas?
Eliana Jiménez de la Jara
Periodista