Días atrás el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) dio a conocer un informe que enciende luces de alerta respecto de los efectos que el proceso de aumento sostenido de la temperatura en el planeta puede tener para la humanidad. El secretario general de la ONU ha calificado las conclusiones del informe como un “código rojo” para el ser humano, advirtiendo que una reacción tardía o insuficiente puede producir escenarios negativos “irreversibles”.
Este informe es coincidente con un pronunciamiento colectivo que hace poco hiciera un grupo de cerca de 14 mil científicos del mundo, quienes en carta abierta advirtieron que los “signos vitales” de la Tierra están mostrando señales de debilidad y que el planeta (y nosotros con él) se puede estar acercando a un punto de no retorno. De acuerdo con estos profesionales, de 31 signos vitales del planeta, 18 ya muestran evidencias alarmantes.
Frente a esta encrucijada vital, científicamente acreditada, nadie puede quedar indiferente. Todos debemos pasar a la acción y en todas las dimensiones de nuestro quehacer. En lo cotidiano, por supuesto, incorporando patrones de consumo responsables y sostenibles, y en nuestro rol como agentes económicos, promoviendo una dinámica que permita articular un ecosistema productivo sostenible.
En esto último, el sector financiero tiene un rol fundamental, capaz de complementar y amplificar la transición a una economía baja en emisiones de carbono. De hecho, desde hace bastante tiempo en diversas tribunas internacionales se avanza en la construcción de un andamiaje institucional y normativo que permita al sector financiero hacer una contribución robusta que acelere la transición hacia una economía descarbonizada.
En efecto, ya desde principios de los 90, y con mucha fuerza en los últimos años, se ha ido configurando a nivel global un marco que oriente y acompañe al sector financiero en la construcción de un ecosistema sostenible. En distintos momentos y en forma progresiva se ha tejido este conjunto de marcos de acción para el quehacer del sector, dentro de los cuales destacan los Principios de Inversión Responsable, los Principios de Seguros Responsables y los Principios de Banca Responsable.
A ello se añadió en abril de este año el lanzamiento de Net Zero Banking Alliance, a la que adherimos inicialmente un grupo de 43 bancos globales, con el fin de ayudar a movilizar el apoyo financiero necesario para construir una economía global de emisiones cero y cumplir con los objetivos del Acuerdo de París.
A estos marcos de referencia se suman, por supuesto, las acciones que hacemos a diario, dentro de las cuales destaco la entrega de financiamientos ligados a la performance ASG (ambiental, social y de gobernanza) del receptor de los recursos, emisión de instrumentos bajo estándares ASG, una oferta retail que acompañe a las personas y pymes en su compromiso con el medio ambiente (hipotecarios verdes, financiamiento para reconvertir vehículos a gas) y otras alternativas que permitan a los clientes medir y compensar su huella de carbono.
Como ha expuesto el último informe de IPCC, estamos frente a un riesgo colectivo mundial “sin precedentes”, y ante eso no cabe sino dar una respuesta igualmente sin precedentes por parte de todos nosotros.
Claudio Melandri
Presidente Banco Santander Chile