El Gobierno ha ingresado un proyecto de reforma constitucional y proyecto de ley que permite al Banco Central comprar instrumentos de deuda pública en el mercado secundario. Se justifica la medida por “circunstancias excepcionales en las que así lo requiera la preservación del normal funcionamiento de los pagos internos y externos”. Es una idea peligrosa.
Abrir la puerta a la monetización del déficit fiscal es una decisión imprudente y peligrosa. Genera un incentivo a gobiernos futuros para destruir el poder adquisitivo de la moneda y con ella de los salarios reales, y a implantar una política monetaria confiscatoria similar a la de Argentina. La salvedad de que va a estar sujeta a circunstancias excepcionales no es válida, puesto que un mal gobierno populista siempre va a considerar cualquier situación como “excepcional”.
Ignorar la verdadera demanda de moneda y la importancia de mantener amplias reservas en el Banco Central es muy peligroso. No se pueden anunciar medidas que copian a la Reserva Federal (Fed) sin ser moneda de reserva global, tener la demanda mundial de dólares y la balanza financiera de EE.UU. Es, en realidad, copiar al Banco Central de Argentina.
Conviene apuntar que el aumento de la masa monetaria para financiar déficits no va a “preservar el normal funcionamiento de los pagos internos y externos”. Ocurre lo contrario. Al aumentar masa monetaria por encima de la demanda real y la proporción cautelosa de reservas de moneda extranjera, se pone en peligro dicho funcionamiento, precisamente porque los inversores rechazan el riesgo en moneda local.
En todos los países emergentes donde se ha implementado la mal llamada “expansión cuantitativa” sin tener en cuenta estos factores, se ha desplomado el poder adquisitivo de la moneda local y el país se ve abocado a tener que emitir mucha más deuda en dólares. La deuda de países emergentes en dólares se ha triplicado desde 2005, según el Institute of International Finance, por la pérdida de confianza en sus monedas.
No tiene sentido abrir la puerta a la monetización de deuda porque Chile cuenta con mecanismos avanzados para enfrentarse a circunstancias excepcionales gracias a un mercado de capitales moderno y que mantiene en Chile una confianza que no deposita en otros países de la región.
Sobre todo, es una temeridad permitir la posibilidad de monetización de déficit cuando el peso chileno se encuentra en un período de debilidad coyuntural, las reservas han caído a los niveles más bajos en cinco años por un cierre forzoso puntual y la balanza financiera del país está mermada temporalmente. Es como abrir un agujero en el casco de un barco en medio de una tormenta.
Esta propuesta introduce una debilidad innecesaria y aumenta el riesgo de “argentinización”, porque abre una puerta muy peligrosa para los ciudadanos: la del populismo monetario confiscatorio.
Chile no puede ignorar el pasado porque es arriesgarse a repetirlo.
El argumento de que la inflación ahora no es un problema no es válido. Es como circular por una autopista a 200 km/hora, mirar por el espejo retrovisor y gritar “aceleremos, que aún no nos hemos matado”. Además, en un país en el que se han registrado manifestaciones muy agresivas por el aumento del coste de la vida, introducir medidas que debilitarán a buen seguro el poder adquisitivo sería añadir leña al fuego.
Chile va a salir mejor y más rápido de esta crisis que los países cercanos y comparables. Lo va a hacer precisamente porque los agentes económicos saben que es un país donde se puede confiar en que el gobierno no va a extraer la riqueza del país vía monetaria a favor del gasto clientelar. No abran la puerta a los errores de Argentina, porque es muy difícil cerrarla después.
Daniel Lacalle
Doctor en Economía, Profesor de Economía Global en el IE Business School
Autor de “Libertad o Igualdad”