En este tiempo en que unos pocos iluminados pretenden refundar el país es imperativo recordar que el dinamismo social es el principal impulsor de las sociedades. Este surge del esfuerzo mancomunado de muchas personas que persiguen sus fines particulares y que, en virtud de la vida en sociedad, beneficia a todos, además de a cada uno. Es esta fuerza la que permite construir paulatinamente el mundo propio de un grupo. La forma en que esta se manifiesta configura su cultura. Custodiarlo, animarlo y fomentarlo es básico para el engrandecimiento de todos.
Sus frutos se van manifestando paulatinamente. No es de resultados inmediatos ni es mecánico en su modo de desarrollarse. Esto significa que es dinámico: requiere de tiempo y de un esfuerzo sostenido para que sus resultados se vayan materializando. Por lo mismo es espontáneo y no programable. Es una suma de esfuerzos individuales en pos de objetivos, normalmente muy pedestres, que al irse acumulando van consolidando una situación colectiva.
Es imposible que se dé fuera de la realidad, ya que surge de ella y no de teorías acerca de la realidad. Además, contribuye decisivamente a configurarla debido a la interacción entre todos los miembros de la colectividad, más allá del hecho real de que estos no puedan conocerse entre sí. Esta misma característica hace que el dinamismo social se vaya adaptando a medida que la realidad se va modificando. Exige, sí, autoridades que velen por el conjunto manteniéndolo al servicio del bien común, más allá de los bienes privados que se van generando. Pero siempre atendiendo a no ser como los cuidados del sacristán, que terminaron matando al señor cura.
Velar por el desarrollo y fortalecimiento del dinamismo es la mejor barrera contra todos los afanes planificadores y voluntaristas: ellos atentan contra la cualidad humana de las personas (nunca seremos máquinas). La izquierda y su discurso "progresista", que no es otra cosa que un enfoque retrógrado y destructivo de los logros colectivos, es la principal amenaza para la realización de las personas y de las sociedades. Por eso no tiene otra posibilidad que basarse en la mentira como sistema, para ocultar el fracaso de sus postulados a lo largo del tiempo y en toda la redondez del mundo.
Es imperativo preocuparse de la calidad y fortaleza del dinamismo social. Es una virtud que permite obrar en forma diligente, eficaz y pronta para proyectarnos hacia el futuro manteniendo la sanidad y la capacidad del cuerpo colectivo.