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Sergio Fuenzalida
No hay derechos sin deberes
"...Lo que pone de manifiesto el señor Micco (director del Instituto Nacional de Derechos Humanos), si es leído de buena fe, es algo evidente. No hay ninguna posibilidad de goce y ejercicio de los derechos humanos sin que los organismos y funcionarios del Estado cumplan con su deber de respetarlos y garantizarlos. Y no solo los funcionarios públicos, también los particulares..."
Sábado, 16 de mayo de 2020 a las 11:06 | Actualizado 9:46
Sergio Fuenzalida
El director del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), en una entrevista publicada hace unos días, formuló algunos conceptos que han suscitado debate. Señaló en esa ocasión que las organizaciones de derechos humanos no han comunicado “una de nuestras verdades: no hay derechos sin deberes”. Y para explicar el punto, puso como ejemplo la abnegada labor de los profesionales de la salud en la pandemia, que arriesgan su vida en cumplimiento de su deber, o la conducta de los mismos funcionarios del INDH que, en cumplimiento de su deber, han visitado cinco veces el Centro Penitenciario de Puente Alto, donde existe el mayor foco de contagio en el país. Si no se cumplen esas responsabilidades los derechos quedan en mera retórica.

Lo que pone de manifiesto el señor Micco, si es leído de buena fe, es algo evidente. No hay ninguna posibilidad de goce y ejercicio de los derechos humanos sin que los organismos y funcionarios del Estado cumplan con su deber de respetarlos y garantizarlos. Y no solo los funcionarios públicos, también los particulares. Ejemplo de esto último es el deber de pagar los impuestos, sin el pago de contribuciones, por parte de todos nosotros, no hay forma de conformar un presupuesto público capaz de financiar un aparato público que esté al servicio de la efectiva vigencia de los derechos de las personas. Para nadie pude ser un misterio que nuestras libertades y derechos dependen de su garantía y eso implica tribunales, hospitales, escuelas, burocracia, entre otros. Es decir, contar con un Estado y un presupuesto público financiado por todos y todas.

Tampoco hay posibilidad alguna de goce de derechos si no somos capaces de abstenernos de invadir las esferas de protección de cada uno y también relacionarnos como ciudadanos responsables de la supervivencia y progreso de nuestra comunidad. Cualquier regla deviene ineficaz si no es acatada al menos por la mayoría. La Convención Americana de Derechos Humanos es muy clara cuando en su artículo 32 dispone que “1. Toda persona tiene deberes para con la familia, la comunidad y la humanidad.2. Los derechos de cada persona están limitados por los derechos de los demás, por la seguridad de todos y por las justas exigencias del bien común, en una sociedad democrática”.

De esta forma, la entrevista al director del INDH pone de relieve dos cuestiones que suelen preterirse, cuál es el deber o los deberes que se generan a partir de los derechos, lo cual se extiende a quienes trabajan en el Estado y, asimismo, a los particulares. Prueba clara de esto último son las obligaciones de cuidado de los padres respecto de los derechos de niñas y niñas, la protección universal del medio ambiente, la diligencia debida en materia de derechos humanos por parte de las empresas, el respeto a los derechos de las mujeres en el seno de sus relaciones laborales y familiares y, en general, las obligaciones mutuas que nos debemos como seres humanos sociales dotados de dignidad.

La otra cuestión que está implícita en la entrevista que estamos analizando es el principio de la solidaridad, algo olvidado en nuestros debates. Este principio implica, al menos, el deber de actuar considerando los derechos de las otras personas y no solo los míos. Los derechos humanos no pueden ser la consagración del egoísmo humano, como denunciaba Marx en relación a una concepción individualista de los mismos. También implica, como los ejemplos de los profesionales de la salud y del INDH ponen de manifiesto, una actitud supererogatoria, es decir, incluso un compromiso humano que va más allá del deber legal.

Por último, el director Micco señala que las organizaciones de derechos humanos no han exacerbado una “concepción individualista de los derechos humanos”, pero creo que muchas veces eso es exactamente lo que ha pasado. Se reclaman con fervor los derechos que dicen relación con mis intereses o los de mi grupo, sin ningún esfuerzo de articularlos con los de los demás. Se olvida que los derechos humanos constituyen un conjunto ordenado a crear y promover un sistema de libertad (material y jurídica) que favorezca la autonomía personal y colectiva.

No olvido una ocasión en que a una prominente defensora de los derechos humanos le recordé el contenido del artículo 32 de la Convención Americana (citado atrás). Me dijo, con una seguridad digna de mejor causa, que ese artículo no estaba incluido en el tratado. Su error claramente es sintomático de una concepción muy extendida de unos derechos humanos sin deberes.

* Sergio Fuenzalida Bascuñán es ex consejero del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) y profesor de la Universidad Central de Chile.
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