Santiago de Chile.   Sáb 18-09-2021
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Naomi Osaka, la estrella japonesa que vuelve para ser feliz en su tierra natal

La nipona de 23 años se convirtió en la primera tenista en encender el pebetero en la inauguración de los Juegos Olímpicos. La exnúmero uno del mundo se bajó de Roland Garros tras negarse a comparecer en las ruedas de prensa, pues reconoció sentirse agobiada mentalmente. “Siento una inmensa ansiedad”, declaró. Y luego de casi dos meses lejos de las canchas, reapareció para brillar en el país que la vio nacer.
Foto: Reuters
Felipe Lemunguir Sepúlveda25 de julio, 2021
Naomi Osaka es un ícono. Cuatro títulos en Grand Slam dos en Australia y dos en Estados Unidos y otros tres títulos WTA, además de convertirse en 2018 en 1ª del ranking WTA, han elevado a la tenista a la cumbre de la disciplina y del deporte japonés: es la primera en la historia nipona en conseguir dichas glorias. Por ello, no fue baladí su elección como la encargada de encender el pebetero olímpico de Tokio 2020.

Fue la primera tenista en participar del rito final de la llama olímpica. “Este es el mayor logro deportivo y el máximo honor que tendré en toda mi vida. No tengo palabras para describir lo que siento ahora, pero estoy llena de agradecimiento y gratitud”, comentó tras la inauguración de los Juegos Olímpicos.

Pero la figura de Osaka traspasa con largueza los límites de la cancha.

Un resumen de su vida diría lo siguiente: que nació en Osaka, Japón, el 16 de octubre de 1997, que es hija del haitiano Leonard Francois y de la japonesa Tamaki Osaka, que vive en Estados Unidos desde que tiene 3 años y que renunció a la ciudadanía estadounidense en 2019 en favor de su herencia nipona. También diría que en su debut profesional derrotó a la excampeona del US Open Samantha Stosur con 16 años, que en 2018 se impuso a la legendaria Serena Williams en la final del Abierto de Estados Unidos y ese mismo año alcanzó la cima del ranking del tenis femenino. Y como si fuera poco, que en 2020 ganó US$37,4 millones entre premios y auspicios, lo que la convirtió en la atleta mejor pagada de la historia en un solo año, según la prestigiosa revista Forbes.

Naomi Osaka se transformó en la primera tenista de la historia en encender el pebetero olímpico. Foto: EFE

Naomi Osaka es eso y mucho más. Su camino también ha estado marcado por la discriminación, el racismo, el activismo y la depresión.

Por su perfil mestizo, o “hafu” como son etiquetados en la “Tierra del Sol Naciente” quienes son mitad japoneses, y su residencia en el extranjero la rodearon de cuestionamientos en el inicio de su carrera. “Nos sentimos un poco alejados de ella porque es muy diferente físicamente. No es como Kei Nishikori, que es un jugador japonés puro”, decía en 2018 la tenista Nao Hibino (72ª del ranking WTA). Incluso, una marca de comida publicó un anuncio con una ilustración de Osaka con tez blanca. “Se han disculpado. Para mí es obvio, soy morena. No creo que lo hayan hecho a propósito para blanquearme o algo así, pero definitivamente creo que la próxima vez que intenten retratarme o algo así, siento que deberían hablar conmigo al respecto”, reaccionó esa vez la tenista.

Y por lo mismo, ha tomado una postura pública en la lucha contra la discriminación racial. Tras la muerte de George Floyd a manos de un policía, la tenista fue una de las deportistas que tomó el “Black Lives Matters” como una de sus consignas. En agosto de 2020 amenazó con no disputar la semifinal del Masters de Cincinnati, tras el tiroteo a Jacob Blake por parte de la policía de Kenosha en Wisconsin. “Antes que una atleta soy una mujer negra. Y, como mujer negra, siento que hay asuntos mucho más importantes que necesitan atención inmediata, en lugar de verme jugar al tenis”, escribió.


“No espero que ocurra nada drástico por no jugar, pero si puedo hacer que se inicie una conversación en un deporte mayoritariamente blanco, creo que sería un paso en la dirección correcta”, completó Osaka, quien consiguió que el torneo pospusiera una jornada a modo de solidaridad.

Posteriormente, en el US Open, protestó de otra manera. Llevó siete mascarillas distintas, cada una con el nombre de un estadounidense negro muerto por violencia policial o racista, y las portó en cada una de las rondas.

Y como si fuera poco, este último año la tenista ha hecho público los problemas de salud mental que ha tenido que acarrear. En Roland Garros, en mayo, dijo que no hablaría con los medios durante la competencia lo cual es una obligación reglamentaria y fue multada con US$15 mil y amenazada con ser descalificada de la competencia. Finalmente, Osaka decidió retirarse del torneo y explicó la razón: ansiedad y largos episodios de depresión desde 2018.


“Estar en las conferencias de prensa siempre ha sido un tema para mí. Naturalmente no soy una persona pública y sufro de mucha ansiedad antes que tener que hablar con los medios. Es muy estresante siempre tratar de involucrarme y dar las mejores respuestas que puedo. Cualquiera que me conozca sabe que soy introvertida y cualquiera que me haya visto en los torneos se dará cuenta de que a menudo uso auriculares, ya que eso me ayuda a calmar mi ansiedad social”, reveló en su Twitter.

“Voy a tomarme un tiempo fuera de la cancha ahora”, anunció.

Pero entre ese último partido en Francia y su reaparición en Japón, hizo gala de su influencia. En la revista Time escribió sobre la salud mental, la relación con los medios y cómo debería reformularse la relación con la prensa. También fue a recibir el premio ESPY a la mejor atleta del año, lanzó una muñeca con su imagen y estrenó un documental en Netflix sobre su vida.

Tras 56 días lejos de las canchas, volvió en su tierra natal, derrotó por 6-1, 6-4 a la china Zheng Saisai y la sonrisa regresó a su cara.

“Más que nada estoy centrada en el tenis. Soy feliz de nuevo”.

Así lo vive Osaka, la principal candidata a colgarse el oro olímpico en el tenis.

Felipe Lemunguir Sepúlveda

es colaborador de Deportes El Mercurio. Ha cubierto la Copa América Femenina 2018 y el Ironman de Pucón, entre otros eventos.

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