Santiago de Chile.   Sáb 22-01-2022
9:20

Quintanilla remata segundo y vuelve a coquetear con su sueño de celebrar en el Dakar: “Tendré más opciones de ganarlo”

El piloto chileno se subió por tercera vez en su carrera al podio del rally, que terminó este viernes en Arabia Saudita. Estuvo cerca de festejar de forma inédita, pero no le alcanzó para arrebatarle la gloria al inglés Sam Sunderland. El representate de GasGas levantó el trofeo en Jeddah. “Estoy satisfecho con el resultado. Lo di todo”, comentó el sanantonino, quien no se desespera con el esquivo título: “No será la última vez que me vean peleando por la victoria”, advierte.
Foto: France Presse
Diego Aguirre Diez14 de enero, 2022
La emoción que se vive a la llegada de la última especial del Dakar es conmovedora. Los pilotos celebran, se abrazan, lloran. Dan gracias por haber terminado un calvario espantoso. No todos quienes empezaron la travesía en Jeddah, hace dos semanas, están presentes en la línea de meta. Solo algunos sortearon sanos y salvos el rally off road más difícil del mundo.

Ahí está Pablo Quintanilla, con una sonrisa de satisfacción que enseña algo mucho más grande que el hecho de concluir la prueba. El chileno obtuvo el segundo puesto en las motos. Otra vez, al igual que hace dos años. Un podio fantástico que llega por primera vez bajo la sombra de Honda, después de varias ediciones defendiendo a Husqvarna.

El sanantonino festeja el logro. Un podio en el Dakar es una hazaña para cualquier motociclista, incluso para quien ostenta dos campeonatos mundiales. Pero quien conoce su historia sabe que hay algo de lamento dentro de su genuina felicidad. Porque ganar el Dakar es su sueño máximo. Y este año en Arabia Saudita nuevamente estuvo a un paso de conseguirlo.

En la previa a la etapa decisiva, la diferencia con el líder Sam Sunderland –quien finalmente fue el campeón– era de 6:54 minutos. Mucho más que los 1:02 que intentó remontar en 2019, cuando se cayó de forma dramática en los últimos kilómetros dejando escapar el título ante el australiano Toby Price. Y menos que en 2020: esa vez fue imposible borrar los 13:56 de ventaja que tenía el estadounidense Ricky Brabec.

Quintanilla saluda cordialmente a Sunderland, felicitándolo por su triunfo. El chileno aceleró para alcanzar al británico, pero no pudo lograrlo. Foto: France Presse


Pero Quintanilla, como de costumbre, se encomendó a un milagro y este viernes salió a luchar por un premio que a estas alturas tiene más que merecido, pero que tampoco llegó esta vez. Con míseros 164 kilómetros de especial para definir la carrera, “Quintafondo” apostó a hacer un recorrido perfecto de navegación y acelerar más fuerte que nunca. También a esperar un grosero error de Sunderland que jamás llegó. La ilusión se encendió cuando el chileno recortó 1:20 en el primer waypoint del tramo cronometrado. Y en el segundo punto la desventaja se redujo en 2:16. El británico sufrió por unos momentos en el desierto, porque su GPS no funcionó a ratos y eso provocó que su posición en el mapa se desvirtuara con los demás. “No sabía si había marcado el waypoint. Le pregunté a la organización cómo iba y ahí me dijeron que había perdido dos minutos con Pablo (Quintanilla). Estaba desesperado”, recordó el piloto de GasGas cuando ya tenía asegurada la gloria.

Quintanilla siguió con un ritmo bestial y continuó descontando segundos en la general, pero Sunderland no dejó espacio para sorpresas. No hubo gesta en el desierto árabe, pese a que el chileno ganó la etapa: finalmente restó 3:25 a su rival. No fue suficiente. Faltaron kilómetros, y poco más de tres minutos para alcanzarlo.

“Estoy contento, satisfecho, tranquilo. Salí a darlo todo. Empuje hasta el final. Estaba pensando en el primer lugar pero también en el segundo, porque con Matthias (Walkner, quien salió tercero) estuvo muy peleada esa posición”, dijo Quintanilla.

“Son muchos factores los que influyen para que no haya podido ganar este Dakar. Se suspendieron etapas, alguna que otra estrategia no funcionó tan bien, hubo días que no largué donde quería, y así. Al final todos los pilotos cometieron errores. El Dakar es así, duro. Di todo lo que tenía y con eso me quedo”, siguió el piloto nacional.

La alegría de un rincón en el podio y la amargura de tener tan cerca la victoria. Un cóctel de emociones que Quintanilla –de 35 años y que tiene un año más de contrato con Honda– amansa mirando al futuro.

“Hay que seguir trabajando para conseguir el título. Tendré más opciones de ganar el Dakar, seguro. No será la última vez que me vean peleando por la victoria”, repitió el piloto antes de subirse a su moto para tomar rumbo a Yeda, donde se montó el podio.

Allí, frente al Mar Rojo y en la hermosa costanera de Corniche, Quintanilla recibió los aplausos por estar nuevamente entre los mejores. El Touareg tendrá que esperar.

Diego Aguirre Diez

es periodista de Deportes El Mercurio desde 2016, especialista en el área polideportiva, cubriendo tenis, golf, rugby, atletismo, básquetbol, entre otras disciplinas.

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