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Artúrico, la materia del Rey Arturo

Arturo Vidal, en algún momento, por carácter y formación o porque se lo prometió a alguien, decidió vivir peligrosamente, pisando el borde y pegado al acantilado. Durante un año, varios años o quizás la vida entera. Seguramente recibe y escucha consejos, pero es como es, y ya dirá que soy el que soy.
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Antonio Martínez23 de mayo, 2026

Lo artúrico es la materia del Rey Arturo, es la leyenda popular y son los cantares de gesta que forjaron al líder formidable, guerrero campeador, señor de los caballeros de la Mesa Redonda y el soberano que unió al reino. Una materia que incluye el castillo de Camelot, el mago Merlín y la espada excálibur.

Lo del Rey Arturo chileno, por supuesto, es otra cosa y su dimensión es el mundo del nada que ver, que igual existe.

Parte por el nombre propio de Arturo y a lo largo del tiempo caben triunfos y desastres, certezas y dudas, porque es una leyenda local que aún se está escribiendo, con una mezla de letra clara y legible con renglones torcidos, textos indescifrables, tinta invisible y puntos suspensivos.

Es un texto con verdades e invenciones que provocan indignación y admiración, que es la materia de la que están hechos los héroes del fútbol. Un ejemplo mayor es Diego Armando Maradona.

Arturo Vidal, en algún momento, por carácter y formación o porque se lo prometió a alguien, decidió vivir peligrosamente, pisando el borde y pegado al acantilado. Durante un año, varios años o quizás la vida entera. Seguramente recibe y escucha consejos, pero es como es, y ya dirá que soy el que soy.

Sobre un auto rápido, rojo y de lujo, madrugando por las noches estrelladas de Turín y nunca lejos de esas viejas amistades, las antiguas y genuinas que le pidieron, le piden y le pedirán tantas veces. Euros, dólares, pesos.

Los tatuajes, la capa y el pelo punzante. El caballar, limusinas, marcas de ropa, el club Rodelindo Román, propiedades, barberías, centro deportivo en Chicureo, rostro de casas de apuestas, canal de Youtube.

En esa vida que eligió, la que va y viene, da y quita, pega y consuela, el Rey Arturo sigue escalando con39 años a cuestas desde el viernes pasado. Sigue como capitán y emblema de Colo Colo, que es lo que siempre quería, porque acá lo siguen, escuchan y jamás será un don nadie. Acá están los lectores de su leyenda y para eso son dos los requisitos ineludibles: chilenos y colocolinos. Son hartos y abundan, pero no hay más.

Hoy, si no hay tropiezos ni cambio de planes, Arturo Vidal pisará el Claro Arena a partir de las seis de la tarde, cuando Colo Colo visite a Universidad Católica en un clásico sin hinchas visitantes, solo locales y cruzados todos.

Los 20 mil presentes le gritarán en voz alta y a coro, lo que no es difícil de imaginar, y de eso lo acusarán.

Los 20 mil presentes, salvo raras excepciones, descreen la leyenda de Arturo Vidal, se diría que la mayoría no la aprecia, y algunos, quizás, incluso la desprecian.

Hoy, si de verdad existe la leyenda y continúa, debería ser un día como tantos, desde luego peligroso, un día cualquiera para el Rey Arturo.
Antonio Martínez

es periodista y crítico de cine; fue editor de Cultura de “La Época”, jefe de redacción de “Hoy” y director editorial de Alfaguara. Fue corresponsal, desde España, de “Estadio”, y columnista de “Don Balón”. Autor de “Soy de Everton, y de Viña del Mar” (2016), y junto a Ascanio Cavallo, de “Cien años claves del Cine” (1995) y “Chile en el cine” (2012).

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