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Santiago de Chile. Lun 06/02/2023

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La lombricultura intensiva como un aliado en la producción de biofertilizante

Además de humus, este sistema puede entregar agua o té de lombrices, elemento que puede ser utilizado como fertilizante de frutales e incluso praderas. Mantener ciertas condiciones ambientales y de pH será fundamental para el éxito de un proyecto de estas características.

Lunes, 23 de enero de 2023 a las 12:20
- El humus de lombriz es uno de los elementos más conocidos a la hora de hablar de lombricultura.
Crédito: Gentileza Roberto Verdejo
¿Qué lombriz utilizar?

Para sistemas de lombricultura artificial, los especialistas recomiendan utilizar la lombriz roja californiana (Eisenia foetida) ya que esta tiene una alta tasa de reproducción y es muy eficiente en el proceso de descomposición de la materia orgánica.

“Hay sistemas que no ocupan este tipo de lombriz y que permiten que las mismas lombrices que existen en un lugar sean capaces de colonizar estas pilas de desechos, que están muy asociadas a los procesos de la producción de compost, que no es lo mismo que la lombricultura per se”, complementa González Chang.

Rolando Araos Millar

Elena Yáñez, productora y exportadora de cerezas de Ñuble, ha reducido en hasta 70% el uso de fertilizantes tradicionales, sin afectar la productividad ni calidad de su fruta. Lo reemplazó por té o agua de lombrices, que genera en un criadero de 16 metros de largo y uno de ancho que le provee de 5 mil litros de agua de lombriz por semana.

“Hoy en día, prácticamente el 70% de nuestro programa nutricional para fertilizar las 7 hectáreas de cerezos es a base de estos derivados líquidos de las lombrices. De hecho, se diseñó un sistema donde este líquido es incorporado al huerto vía sistema de fertirriego”, dice Yáñez.

Si bien el humus de lombriz es uno de los elementos más conocidos a la hora de hablar de lombricultura, en los últimos años otros subproductos de esta técnica se han transformado en una opción atractiva para reemplazar, al menos parcialmente, el uso de fertilizantes tradicionales, disminuyendo el impacto ambiental y económico.

Se trata del agua o té de lombrices, como se denomina al agua que queda del proceso, entonces se podría apuntar a reemplazar, al menos parcialmente el uso de fertilizantes tradicionales.

Este elemento rico en materia orgánica posee una alta concentración de aminoácidos, microorganismos como bacterias fijadoras de nitrógeno, actinobacterias que funcionna como antibióticos, ayudando a que las plantas sean capaces de defenderse ante el ataque de patógenos.

Para generar esta agua o té en cantidades útiles para un productor mediano, lo recomendable es implementar un sistema de riego por aspersión automatizado que se vaya activando, dependiendo de la estación del año. Mientras en otoño-invierno bastan entre 4 a 6 minutos al día, en primavera-verano deberían realizarse dos a tres riegos diarios de 10 a 15 minutos de duración.

De esta forma, si se trabaja en una estructura cerrada de entre 18 a 20 metros de largo, un metro de ancho y un metro de alto, se podrían generar entre 5 mil a 6 mil litros de agua de lombriz semanalmente.

“Lo importante es no exceder la cantidad de humedad porque se pueden generar condiciones anaeróbicas (ausencia de oxígeno) que finalmente pueden afectar el desarrollo de estas mismas”, advierte Mauricio González Chang.

Elena Yáñez montó un sistema de lombricultura extensiva con riego automático en Ñuble.
Crédito: Gentileza Elena Yáñez

No solo frutales

Elena Yáñez también utiliza el agua de lombrices para fertilizar sus cerca de 50 praderas destinadas a la producción de carne Angus. Para ello, en los primeros tres años, aplicó un 50% de fertilizante y 50% de agua de lombrices. Pero en los últimos dos años, debido al alza de precios de los fertilizantes a raíz de la pandemia, solo fertiliza con agua de lombrices.

“El agua de lombrices ha ayudado a generar importantes ahorros. Antes de la pandemia los gastos por fertilizantes llegaban a los 700 mil pesos por hectárea y tras la pandemia llegaron hasta 1 millón 400 mil por hectárea. A eso se suma la crisis de los malos precios de la cereza en China, por lo que los recursos no alcanzaban para cubrir estos costos. Pero gracias al ahorro generado por el té de lombriz se pudo seguir operando”, dice Yáñez.

Añade que esta instalación, realizada hace 5 años, requirió de una inversión de 3 millones y medio de pesos. Hoy en día, asegura que un productor mediano que quiera hacer algo así, podría necesitar invertir mucho más —algunas visiones hablan entre 5 a 6 millones— los que se podrían recuperar en un lapso de una a dos temporadas.

El sistema de lombricultura intensiva podría requerir una inversión cercana a los 5 o 6 millones de pesos.
Crédito: Roberto Verdejo

Mejorando el suelo

La lombricultura, donde las lombrices procesan y descomponen la materia orgánica para generar humus, genera biofertilizante que mejora de forma integral la salud del suelo, disminuyendo el impacto del exceso de fertilizantes químico e incluso permitiendo hacer un uso de desechos del mismo campo.

“Aporta nutrientes en bajas dosis, que no provocan contaminación ni cambio de pH o conductividad eléctrica como lo hacen los fertilizantes químicos, que tienen como objetivo proveer nutrientes solamente”, dice María Cecilia Céspedes, investigadora del INIA Quilamapu.

De hecho, el humus funciona como una enmienda, es decir ayuda a mejorar las condiciones físicas, químicas y biológicas del suelo, aunque no reemplaza el uso de fertilizantes químicos, debido a que sus aportes nutricionales son muy bajos.

“Es posible decir que el humus de lombriz posee desde 1%, 3% o hasta 5% de N, P y/o K. Por tanto, desde el punto de vista de fertilización no es adecuado hablar de que es un fertilizante sino más bien una enmienda. En este sentido, lo que se agrega es materia orgánica que tiene un efecto importante sobre aspectos físicos de suelo y también una carga importante de bacterias y hongos en el suelo lo que puede tener eventualmente un impacto desde el punto de vista de la biología del suelo”, dice Mauricio González Chang, académico del Instituto de Producción y Sanidad Vegetal de la Universidad Austral de Chile y experto en agroecología.

Para que el humus tenga las características que se requieren la lombricultura debe cumplir una serie de parámetros (ver recuadro) que darán a las lombrices las condiciones adecuadas para obtener el producto.

El sistema de lombricultura intensiva debería incorporar un sistema de riego automático para aprovechar al máximo sus ventajas.
Crédito: Roberto Verdejo

Chanchitos de tierra y ácaros, los aliados de la lombricultura

El beneficio de la lombricultura no es solo el humus, sino que ella atrae a una serie de organismos benéficos que apoyan durante el proceso de degradación de la materia orgánica, enriqueciendo a los compuestos que posteriormente se aplicarán, ya sea como enmienda o fertilizante.

Entre estos destacan chanchitos de tierra, colémbolos, ácaros, larvas de mosca.

“Estos también construyen al proceso de degradación de la materia orgánica. Es este proceso de degradación va generando que los elementos nutritivos que tengan estos compuestos de origen vegetal o animal vayan quedando liberados, se vayan mineralizando y al mismo tiempo se vayan adsorbiendo a la superficie de la materia orgánica”, explica González Chang.

El académico además explica que la lombriz posee mucílagos alrededor de sus cuerpos —una sustancia viscosa que los rodea—, la que al ir desplazándose a través de los residuos, va dejando trazas de dicho mucilago, lo que sirve de sustrato para que otras bacterias y hongos colonicen dicho elemento, acelerando el proceso de descomposición.

Creando el hábitat

Lo primero es darle a la lombriz el ambiente adecuado para vivir y multiplicarse, construyendo un espacio que se asimile a sus condiciones naturales donde lo esencial son: obscuridad, agua y alimento.

Para ello, lo recomendable es colocar a las lombrices dentro de una estructura cerrada, de entre 18 a 20 metros de largo, un metro de ancho y un metro de alto, sin tapa, donde el suelo esté compuesto por paja y/o avena de trigo mezclado, además de agua que se debe entregar diariamente. Junto con esto, es necesario añadir alimento que puede ser estiércol de vacuno, cuya altura debe alcanzar los 40 centímetros.

Según Roberto Verdejo, asesor especializado en lombricultura, si la altura es de entre 20 a 30 cm, se podrían producir cerca de 2 toneladas de humus, mientras que, si es de 40 cm, se pueden llegar a las 4 toneladas de humus por cada ciclo productivo, es decir, cada 2 a 4 meses, dependiendo de las condiciones en las que estén las lombrices.

“La altura del guano debe ser escogida con cuidado. Si se trabaja con 50 centímetros, es excesivo ya que la lombriz suele trabajar a una profundidad de entre 20 a 25 centímetros. Por eso los 40 cm son lo ideal”, dice Verdejo.

Lo recomendable es que el guano llegue a los 40 cm de altura.
Crédito: Roberto Verdejo

En el momento de instalar la lombricultura hay que considerar que las lombrices tienen el crecimiento óptimo entre los 20 y los 45 °C.

“Por lo tanto, viven mejor con temperaturas inferiores a los 40° C y tienen su máxima capacidad reproductiva entre los 15°C y 25 °C. Además, el pH del alimento debiera fluctuar entre 6 y 8,5”, dice Céspedes.


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