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Santiago de Chile. Vie 02/12/2022

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El Mercurio - Campo

Cooperativas: Las apuestas para impulsar la asociatividad

- Con objetivos como aumentar la producción, exportar e integrarse en las cadenas de comercialización, cooperativas del rubro ganadero, apícola, pisquero y de alimentos buscan potenciar el trabajo de los pequeños productores en diferentes regiones del país.
- A través del programa AgroCoopInnova, 20 de ellas esperan avanzar en capacitaciones e infraestructura, y superar la falta de financiamiento, que hasta ahora ha sido uno de los mayores obstáculos para crecer.

Miércoles, 28 de septiembre de 2022 a las 8:30
- La cooperatia envasa y exporta la miel de acuerdo a su origen floral.
Crédito: Mieles del Sur
Revista del Campo

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Paloma Díaz A.

De las 1.608 cooperativas que están formalizadas actualmente en Chile, el 20% corresponde al sector agropecuario y agrícola, con 310 organizaciones, que llegaría a casi un tercio del total si se consideran las organizaciones campesinas, según los datos del Ministerio de Economía.

Los datos involucran a más de 15 mil socios o “cooperados” y están presentes en todas las regiones del país, con un fuerte componente de pequeños agricultores, por lo que desde hace ya al menos dos gobiernos, el tema se viene trabajando fuerte en el Minagri, buscando contribuir a su desarrollo como alternativa de mejora productiva y comercial. Ese objetivo también ha sido definido como un foco clave del actual gobierno, que hace algunos meses lanzó el programa AgroCoopInnova, a cargo de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), del Ministerio de Agricultura.

“Identificamos que existe la necesidad de generar una estrategia integral de apoyo a la gestión de las cooperativas. Para ello, el programa considera el desarrollo de capacidades, la agregación de valor y la articulación con otros programas del Estado para visibilizar y fortalecer su aporte a la producción sostenible de alimentos”, explica la directora de FIA, Francine Brossard.

Para iniciar el programa se eligieron 20 cooperativas del sector agroalimentario, de distintos rubros y regiones del país, que ya estaban vigentes, en una etapa activa de comercialización y con un patrimonio de hasta $500 millones, buscando también potenciar la agricultura familiar campesina y con la idea de sumar más organizaciones a futuro.

Durante octubre realizarán tres cursos de capacitación para fortalecer la gestión empresarial en las regiones Metropolitana, de O’Higgins y Los Lagos, a cargo de una consultora española especializada en promover el cooperativismo, a lo que sumarán la entrega de un sello para las cooperativas que ya han utilizado las diferentes líneas de apoyo y programas de formación, ya que uno de los principales obstáculos que estas organizaciones dicen enfrentar es la falta de financiamiento para crecer.

“Queremos contribuir al desarrollo y consolidación de las cooperativas, de modo que les permitan acceder de forma expedita a otros programas o fondos públicos y privados”, explica la directora de FIA.

Cuatro cooperativas de diferentes rubros y regiones del país, que participan de este programa, explican sus experiencias, sus planes y sus desafíos.

Mieles del Sur: exportar las mieles chilenas

Luego de conocer las mieles monoflorales que se hacían en Nueva Zelandia, como parte de una gira técnica en 2007, 15 apicultores de las regiones de Los Ríos y Los Lagos decidieron agruparse en la cooperativa Mieles del Sur y estudiar la composición de la miel que producían para aprovechar su potencial.

Con la ayuda de la Universidad Católica y la investigadora Gloria Montenegro, ya formalizados, comenzaron a analizar las mieles y a envasarlas de acuerdo a su origen floral, para venderla en envases de 80 gramos directo al consumidor final, por esos años a través de ferias en distintas zonas del país.

Como no contaban con una sala de procesos para envasar, partieron en la de una socia de la cooperativa y luego firmaron un comodato con la alcaldía de Frutillar para instalarse en una escuela que no se estaba usando, donde construyeron la única planta de procesos de miel de esa zona que está habilitada para exportar.

“Nos tomó cinco años construir nuestra planta y hemos ido agrandándola a medida que vamos creciendo”, explica Orlando Alvarado, presidente de la cooperativa Mieles del Sur.

Desde hace cinco años exportan miel fraccionada a Estados Unidos, en envases de vidrio de hasta medio kilo, y antes de la pandemia realizaron envíos a Hong Kong, los que esperan retomar y sumar a mercados como China, Japón y los Emiratos Árabes, donde ya tienen compradores interesados.

“Nos costó mucho, porque había vacíos normativos para exportar miel en formatos pequeños, ya que Chile exporta prácticamente todo a granel, por lo que todo nos ha tomado tiempo… Y hoy tenemos los mercados, podríamos exportar mucha más miel, pero nos faltan recursos para comprar miel, porque ya tenemos que comprar más de lo que producimos los socios y como cooperativa nos cuesta mucho acceder a financiamiento”, explica.

Además, para aprovechar esas oportunidades internacionales, están ampliando la planta de procesos para llegar a procesar 120 toneladas, con la idea de incorporar la miel crema a sus productos, un tipo de miel que no se cristaliza porque pasa por un proceso de centrifugado, por lo que es untable.

“Estamos con planes de instalarnos con una planta de recuperación de cera e incorporación de paneles solares para disminuir nuestro consumo de electricidad, además de agrandarnos, porque cada vez que abres un mercado necesitas más espacios, no hemos parado nunca”, asegura con orgullo Orlando Alvarado.

A nivel nacional están presentes en más de 60 tiendas, desde la II a la IX Región, lo que se vio impulsado por la pandemia, y también pretenden seguir impulsando las ventas online.

Agrícola Canela: Fortalecer la carne de cabrito

A nivel productivo, las cabras se conocen por la leche y los quesos, pero es casi imposible encontrar carne de cabra o cabritos fuera del norte chico, algo que los pequeños ganaderos de esa zona quieren que cambie y para así buscar nuevas oportunidades de negocio.

Con esa mirada, un grupo de 40 productores crearon en 2015 la cooperativa Agrícola Canela, en la localidad del mismo nombre, desde donde hoy abastecen a restaurantes, hoteles y banqueteros de Los Vilos, Ovalle y La Serena con unos mil kilos de carne de cabrito al año, procesada y envasada con cortes listos para el consumidor final.

“La cooperativa se enfoca en la comercialización. Cada socio tiene su unidad productiva y vende los cabritos a la cooperativa, donde se les paga por kilo de carne y tienen la ventaja de que ya saben dónde los van a vender y que compramos varios a la vez”, explica Víctor Gutiérrez, gerente de la cooperativa.

Si bien reconoce que por ahora las ventas solo alcanzan para mantener a la cooperativa en un punto de equilibrio, cubriendo sus costos, los planes para los próximos dos años se enfocan en llegar a cuadruplicar la producción y procesar cinco mil kilos anuales, para lo cual necesitan concretar la infraestructura adecuada.

“Podemos comprar cabritos no solo a los socios, sino que a otros crianceros de la zona, porque hay mucha oferta en la región, pero para eso necesitamos construir un corral de acopio y otro de engorda, además de aumentar nuestra capacidad de frío y almacenaje”, detalla Víctor Gutiérrez y dice que ya están trabajando en esas obras.

Para alcanzar esos objetivos, dice que es muy importante contar con apoyo para la compra de los activos y recibir asesorías para mejorar la gestión y abrir nuevos mercados, como lo que pretende hacer AgroCoopInnova, ya que para vender la mayor producción apuestan por dar a conocer la carne en la zona central.

“Ni siquiera la hemos ofrecido todavía, pero el potencial de esta carne es muy grande, ya que es un producto premium y que casi no se conoce fuera de la región. Por eso estamos pensando en productos de alto valor agregado en base a la carne de cabritos”, proyecta.

Punta Chilén: Potenciar los ajos chilotes

Ubicados en el sector rural Punta Chilén de la comuna de Ancud, en Chiloé, hace 25 años un grupo de 16 pequeños productores decidió asociarse y formar una cooperativa con ese mismo nombre para procesar y vender los ajos chilotes que cada uno cosechaba.

Partieron de a poco, vendiendo los ajos enteros en mallas de 250 gramos, con una etiqueta que decía “producto de Chiloé”, pero se dieron cuenta de que necesitaban añadirle valor y comenzaron a elaborar pastas de ajo chilote, que solo llevan añadido aceite y sal.

“Actualmente, la oferta es de seis tipos de pastas de ajo chilote con diferentes sabores y también elaboramos snacks de papas fritas nativas de la isla… El crecimiento ha sido lento debido a diferentes factores, como que estamos en un lugar muy alejado de los principales centros de consumo. Sin embargo, hemos logrado posicionarnos en mercados de nicho, como los de productos gourmet y de productos naturales”, explica Andrea Curumilla, gerenta de la cooperativa, que vende sus productos con la marca Chiloé Gourmet. La mayor parte de la producción se realiza en base a las cosechas de ajo y papas nativas de los socios, que actualmente son 18 personas —de las cuales 11 son mujeres campesinas, con una edad promedio de 60 años— de Punta Chilén.

Si bien durante unos años estuvieron exportando a Bélgica, los envíos se detuvieron con la pandemia, aunque aseguran que se mantienen los planes de explorar mercados internacionales, para lo cual dicen que les falta apoyo.

“En el mercado nacional, por el contrario, la pandemia no nos afectó, sino que vendimos mucho más a través de los canales digitales de ventas, que nos permitieron darnos a conocer más por las redes sociales”, afirma Andrea Curumilla.

Entre sus planes está ingresar al retail en Chile y seguir posicionando la marca Chiloé Gourmet, para lo cual ya cuentan con una planta de procesos de 160 metros cuadrados, que les permite elaborar 1.500 unidades de pastas de ajo al día.

Entre los desafíos, la gerenta asegura que está adquirir un terreno que les permita desarrollar cultivos en forma más extensiva para aumentar la producción.

Viñita de Marquesa: Integrarse y buscar nuevos rubros

Con más de 50 años, la cooperativa La Viñita de Marquesa pasó de la producción de papas en sus inicios, a la venta de uva pisquera a la cooperativa Capel, con planes que apuntan hacia la integración vertical dentro de la industria del pisco y también a sumar nuevos rubros, como la minería, la energía solar y el turismo.

Sus 67 socios —de los cuales quedan cinco de los originales y el resto son sus descendientes y herederos— son propietarios de una estancia de 60 mil hectáreas, que adquirieron como parte del proceso de la reforma agraria, donde hoy mantienen 25 hectáreas de viñas de uva pisquera y una pequeña parte para uva de mesa, además de alfalfa forrajera, limitados por la escasez de agua, ya que solo cuentan con pozos profundos.

“Queremos potenciar la producción de uva pisquera y producir nuestros propios mostos, para vender no solo la uva, y a futuro tal vez generar un vino con denominación de origen o incluso maquilar o comprar la producción de terceros para hacer crecer nuestro volumen”, explica Félix Meriño, presidente de la cooperativa.

Los planes también apuntan a otros rubros. Actualmente están investigando cómo activar un grupo de minas de oro que existe dentro de la estancia y avanzan en la creación de un parque fotovoltaico de 179 hectáreas asociados con una empresa externa, para vender energía solar al Sistema Interconectado Central (SIC). “ Aunque por ahora solo es una idea, nos interesa desarrollar una actividad turística dentro de esta estancia, como la observación astronómica y recorridos por sectores mineros abandonados y antiguos petroglifos”, proyecta Félix Meriño.

Uno de sus desafíos es traer de vuelta a los jóvenes. “Están buscando otras alternativas, pero en la medida en que podamos mostrarles resultados, esperamos que se entusiasmen y vuelvan a la zona”, dice.


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