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Santiago de Chile. Vie 02/12/2022

14:30
El Mercurio - Campo

Líderes en mecanización revelan sus estrategias

Diseñar los huertos en función de la maquinaria que se quiere usar, capacitar a los trabajadores y partir con ensayos a baja escala son parte de las recetas de los agricultores.

Miércoles, 14 de septiembre de 2022 a las 8:30
- Los huertos frutales con diseños que imitan las espalderas de los viñedos permiten una alta mecanización de la poda y la cosecha.
Crédito: Agromillora
Revista del Campo

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Eduardo Moraga

“No puedes pensar en iniciar un proyecto frutícola sin que esté mecanizado. Una inversión como esa hay que pensarla a 20 años por lo menos. La mano de obra ya es escasa y en el futuro lo va a ser aún más. Es un tema de sustentabilidad”, sostiene Andrés Schurte, productor de ciruelas D’Agen de Calleuque, en la Región de O’Higgins.

La preocupación del agricultor se repite entre productores de todo Chile. Labores que antes eran totalmente hechas por seres humanos, como la poda de frutales o la ordeña de vacas hoy está pasando a ser hecha por máquinas.

En todo caso, el proceso no ha sido simple. Las inversiones son importantes, no solo en la adquisición de tecnología, sino que también para el rediseño que se requiere de los huertos y campos.

Como si eso no fuera suficiente freno, hay pocas posibilidades de encontrar trabajadores capacitados para manejar maquinarias complejas y que tienen computadores sofisticados. A ello hay que agregar un mercado todavía incipiente de arriendos.

Sin embargo, los pioneros en la mecanización ya están viendo los frutos. A continuación cuatro productores cuentan sus experiencias y los aprendizajes que han tenido en el camino.

Foco en reducir jornadas

“No podemos pagar lo mismo que los productores de cerezas. Cuando esa fruta está en plena producción, hay muchas labores que tenemos que hacer en los viñedos”, cuenta Eugenio Cox, viticultor de la Viña Luis Felipe Edwards.

El profesional explica que en las últimas dos décadas el costo de mano de obra en el campo ha tomado una curva ascendente. De hecho, en los últimos cinco años se ha acelerado, con un incremento promedio anual de 10%.

“Como empresa decidimos bajar el número de horas hombre de labores. En cinco años pudimos reducir entre el 30% y 40% las jornadas dependiendo de las características del viñedo. Lo hemos logrado por la vía de la introducción de maquinaria y ser más eficientes en nuestros procesos”, sostiene Cox. Hoy la viña es reconocida por su liderazgo en mecanización.

El viticultor tiene a cargo 1.800 hectáreas de viñedos en ocho campos esparcidos entre las regiones de Valparaíso y del Maule.

Cox explica que se han beneficiado de la creciente sofisticación de la tecnología. “Las cosechadoras han mejorado mucho su calidad. Ahora la diferencia entre hacerlo a mano o a máquina es marginal. Hay pulverizadoras para varias hileras, podadoras que dejan lista una hilera de una vez, además de amarradoras eléctricas. También ayuda que los tractores tengan GPS”.

Eso sí, reconoce que las inversiones iniciales son mayores, pues las máquinas son menos delicadas que una persona a la hora de hacer las mismas labores. Por eso se requieren estructuras más robustas, lo que implica reemplazar los postes de madera por material metálico, así como sistemas de anclaje más resistentes. También hay que reducir el espacio entre centrales y hacer que las hileras sean más largas.

Cox explica que han optado por invertir en una importante cantidad de cosechadoras propias, pues el costo de oportunidad es muy alto en el vino. Unos días de espera pueden producir cambios importantes en la uva. Eso sí, en el uso de tractores están más abiertos a realizar arriendos.

“Todos los desarrollos que hemos hecho en mecanización parten de ensayos en que también participa el área de enología. El efecto en la calidad es clave en nuestras decisiones, no hay que olvidar que nosotros no estamos enfocados en la producción de uva, sino que de vino”, sentencia Eugenio Cox.

Faltan técnicos

Con 2.100 hectáreas de frutales en plena producción, Fernando del Valle es un empresario frutícola grande. Sus problemas también: tiene que encontrar gente para cosechar 50 mil toneladas de manzanas y cuatro mil toneladas de cerezas, solo por nombrar parte de su producción. Son huertos que también necesitan fertilización y podas.

Además, Del Valle tiene una política de replantar el 9% de sus frutales cada año para tener la mejor genética posible en sus plantaciones ubicadas entre Villa Alemana, en la Región de Valparaíso, y Linares, en la Región del Maule.

La cantidad de labores es gigantesca, por eso el agricultor optó por mecanizar todo lo posible.

En la plantación de huertos trabaja con tractores con GPS, con lo que evita tener operarios que usan estacas y cuerdas para guiar el proceso. Según las cuentas de Del Valle, gracias a esa modernización ahorró 85% de las horas hombre respecto al sistema tradicional.

Las podas se realizan con podadoras mecánicas, tijeras neumáticas y eléctricas.

“El 75% de los costos en la fruticultura se producen en la plantación, podas y cosecha. Lo que busco son huertos más bajos y densos, que producen antes y son más fáciles de cosechar. La mecanización ayuda a reducir costos, pero para ello necesitas tener huertos que lo hagan posible”, afirma Del Valle.

El agricultor explica que al tener plantaciones adaptadas al uso intensivo de maquinaria, ha logrado en la cosecha llegar a niveles de 2 mil kilos de fruta por trabajador, un 60% más que hace una década.

Lograr ese salto requiere de un gran nivel de detalles en la planificación de la producción. Un primer punto es tener un terreno que facilite el paso eficiente de las máquinas a través de caminos sin baches ni piedras.

Adicionalmente, Del Valle le dedica especial preocupación al material genético. El objetivo es lograr plantas uniformes, que requieran de una sola pasada en la cosecha. Por eso el agricultor creó su propio vivero y renueva sus plantaciones constantemente.

El camino de la mecanización no ha estado exento de problemas. El principal ha sido el de la capacitación.

“Cuando llegaron los primeros tractores con computadores, se echaban a perder porque eran más complejos y los trabajadores no sabían cómo usarlos. Alguna vez nos pasó que lavaron la maquinaria y el computador se mojó y echó a perder. Nuestro principal error fue introducir tecnología sin capacitar a la gente”, sostiene Del Valle.

El agricultor cree que hay una gran dificultad para conseguir técnicos calificados, a pesar de tener profesionales de primer nivel, lo que frena el avance de la mecanización en los campos.

Innovación mundial

“Cuando partimos en 2014, éramos un fenómeno curioso. Venían a ver cómo fallábamos con nuestro huerto de ciruelas D’Agen”, recuerda Andrés Schurter, agricultor de Calleuque, en la Región de O’Higgins.

Schurter, ingeniero civil electrónico de profesión, decidió experimentar con una nueva forma de producir ciruelas para secado. En vez de tener árboles con una buena separación entre ellos, los juntó y puso en hileras, imitando el sistema de conducción en espaldera de las viñas.

En vez de tener 500 ciruelos por hectárea, plantó un poco más de 1.900. Todo para facilitar las labores de cosecha y poda con maquinarias.

“Usualmente se tiene el huerto y después se busca la tecnología que se adapte a él. Nosotros partimos al revés, sabíamos qué máquinas queríamos usar y diseñamos el huerto de ciruelas D’Agen de acuerdo a ellas. Fuimos los primeros en el mundo en hacer este tipo de plantación en esa especie. Queríamos usar las cosechadoras que ocupan las viñas, pues veíamos que cada vez era más difícil encontrar cosechadores, todavía la mano de obra no era tan cara, pero sí escasa. Para hacer esa innovación me sirvió que no era agricultor de toda la vida, no tenía sesgo. El rubro de las D’Agen es muy tradicionalista”, sostiene Schurter.

Para la disruptiva plantación, el agricultor tuvo el apoyo del vivero Agromillora. La empresa de origen español estaba trabajando con almendros en sistema de setos para hacerlos más mecanizables. Un punto clave fue usar portainjertos enanizantes para limitar el crecimiento de los ciruelos. Schurter quería usar las mismas máquinas cosechadoras de las viñas, que permiten trabajar con plantas de hasta 2,5 metros de alto por 85 centímetros de ancho.

El espacio para probar el concepto fueron tres hectáreas.

“Al principio, pensamos en llenar lo más rápido el muro, que el ciruelo llegara a los 2,5 metros y podamos poco. Después nos dimos cuenta que había que podar más para generar ramas e ir llenando de frutas desde abajo hacia arriba”, sostiene Schurter.

Todas las podas y la cosecha pasaron a ser mecánicas. Tras ocho años, el huerto piloto sigue sin envejecer prematuramente, algo que se temía inicialmente, pues las máquinas son más bruscas con las plantas que un trabajo manual, a pesar de que trabajan a 20% de su potencia total. Además, se facilita el trabajo de día y de noche.

Schurter explica que produce el mismo volumen que en un huerto tradicional, pero con menores costos. Hoy ya tiene 63 hectáreas D’Agen en alta densidad, a la que sumó 73 hectáreas de almendros en el mismo sistema mecanizado.

Las inversiones en maquinarias no han sido tan altas.

“Arriendo la cosechadora. Están paradas esperando la vendimia, que parte en marzo. Si es bueno para mí, es aún mejor para los prestadores pues amortizan la inversión arrendándolas para ciruelos, almendros, viñas y olivos. La podadora, eso sí, es propia y fue hecha a pedido, necesitamos que la primera poda fuera con cuchillos, pues la madera es blanda, mientras que la de poscosecha se hace con disco debido a que la madera es dura.

Leche con robots

José Luis Vallarino tenía un puesto importante en una transnacional en Santiago. Sin embargo, quería emprender, partir con su propia empresa. Aunque nació y se crió en la capital, renunció a su trabajo en abril de 2019 y partió a Puerto Octay, Región de Los Lagos.

A través de la familia de su esposa, Marilen Springer, conoció el mundo lechero y decidió meterse. Eso sí, con su propio toque. A Vallarino, ingeniero mecánico, le gustan los números y generar y analizar la información disponible.

En marzo de 2020, junto a su esposa, que está a cargo de la gestión y finanzas, montó un predio lechero de 310 hectáreas en la comuna sureña. De ellas, 150 restantes están dedicadas a la lechería, mientras que el resto a la recría y la producción de forraje. En total tienen 240 vacas masa. Vallarino está al frente del área productiva.

Lo particular de la experiencia de los Vallarino Springer es la decisión que tomaron al partir el proyecto: que la ordeña fuera con robots.

Antes de diseñar su plan lechero, Vallarino se había dedicado a investigar el rubro. Una de las principales quejas que escuchaba de los productores era la dificultad para encontrar personal calificado y que fuera consistente a través del tiempo. A diferencia de otros rubros agrícolas, la lechería nunca para y hay que ordeñar los 365 días del año. Por eso la ausencia de un trabajador o que este llegue pero no tenga un buen desempeño es muy delicado.

Los nuevos lecheros decidieron instalar tres sistemas robotizados de ordeña. Las vacas caminan solas hacia la sala, donde maquinarias manejadas por sistemas computacionales succionan la leche y la acopian. Cada aporte es analizado, lo que permite llevar un registro individual de litros por vaca, así como la calidad de su leche, la sanidad y fertilidad del animal.

El matrimonio partió con una producción de menos de un millón de litros en 2020, el año pasado subió a 1,3 millones de litros y apuntan a llegar a los 2,4 millones de litros.

Gracias al sistema automatizado en el campo solo hay tres trabajadores. Vallarino explica que cada litro de leche producida requiere de 16 pesos en sueldos. Lo usual en una lechería es que ese ítem representa 30 pesos.

“Es relevante el ahorro, pero no es el efecto más importante de una sala de ordeña robotizada. Lo central es que dejas de depender de la mano de obra. Muchos de los problemas de sanidad de los animales se generan en la sala de ordeñas, pues no se hacen todos los procedimientos de manera correcta todo el tiempo cuando hay humanos a cargo. El robot siempre lava y seca, lo que evita enfermedades como la mastitis. Una vaca enferma produce menos”, explica Vallarino.

El productor lechero señala que uno de sus mayores esfuerzos ha estado en diseñar el campo para que las vacas se muevan solas hacia la sala de ordeña. Por ejemplo, aprendió que los bebederos deben estar ubicados a medio camino entre los potreros y el punto de extracción de la leche, lo que las obliga a salir del lugar de pastoreo.

“Al principio otros productores miraban con desconfianza el proyecto, pero ahora hay interés. El plan que diseñé es a ocho años para pagar la inversión y vamos bien”, sostiene Vallarino.


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