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Santiago de Chile. Mar 28/06/2022

11:45
El Mercurio - Campo

Técnicas para acumular carbono en el suelo y avanzar en ganadería regenerativa

Si se realiza correctamente, las pasturas podrían cubrir más superficie, factor fundamental en tiempos de sequía ya que en los terrenos más protegidos la velocidad de infiltración del agua disminuye, permitiendo que esta percole mejor, beneficiando a las raíces y los microorganismos adyacentes.

Lunes, 09 de mayo de 2022 a las 12:20
- Los especialistas recomiendan dejar de utilizar los modelos de pastoreo continuo y extensivo, o de rotaciones rápidas con poca cantidad de días entre pastoreo debido a que estos impiden que la vegetación alcance todo su potencial.
Crédito: Paulina Etcheverría - INIA
Crecimiento a la baja en secano

No es un secreto que en los últimos años el desarrollo de las praderas en secano ha sido más lento y engorroso de lo habitual debido a la disminución de las precipitaciones junto a la ocurrencia de heladas.

“Las bajas precipitaciones se han mantenido por un largo tiempo, lo que provocó una marcada disminución en la producción de forraje en las zonas de secano. Se vio que productores que sacaban dos cortes de sus praderas, solo pudieron sacar un corte, porque no hubo crecimiento para un segundo corte producto de la sequía”, detalla Paulina Etcheverría.

Estos factores deben ser considerados a la hora de hacer una planificación del pastoreo. Ya que probablemente, la cantidad de alimento que recibirán los animales no será tan alta como en años anteriores.

Esto también queda reflejado en las tasas de crecimiento de praderas que han ido a la baja en los últimos años.

“Según Bestfeed, en noviembre de 2020 las praderas tuvieron mayor crecimiento llegando a tasas de 60 hasta 80 kg/ms por día. De octubre-noviembre del 2021 la tasas solo llegaron a 55-60 kg/ms día, lo que perjudicó a los meses de verano en donde se secaron más rápido de lo normal”, explica Sebastián Conejeros.

Eso sí, la lluvia en febrero de 2022 ayudó a paliar en cierta medida esta situación, dice Conejeros, llegando a otoño con un buen colchón de ballicas a pesar de que algunos productores no realizaron labores de fertilización debido al alto costo de los insumos.

Sin embargo, dicen los especialistas, aún no es momento de cantar victoria debido a las posibles heladas que puedan venir.

“El año pasado hubo pasto en abril-mayo y algo de junio. Después llegaron las heladas. Este año las heladas fueron en marzo-abril. Después de las heladas de la semana pasada (25 al 30 de abril) la pradera dejó de crecer considerablemente”, dice Conejeros.

Especies forrajeras adecuadas

Conocer las especies que componen la pastura, así como sus períodos de descansos óptimos para no comprometer su persistencia en la pradera es clave para un manejo estratégico.

En esta misma línea, la plasticidad o capacidad de las especies para adaptarse a su entorno suele afectar marcadamente la respuesta al método de pastoreo, por lo que el productor debe elegir cuidadosamente la especie a sembrar, dependiendo de si el pastoreo será intenso o no.

“Por ejemplo, el raigrás o ballica (Lolium perenne L.) y el trébol blanco (Trifolium repens L.) tienen una gran plasticidad morfogenética que les permite soportar un amplio rango de frecuencias e intensidades de defoliación. Por el contrario, las leguminosas erectas tipo alfalfa (Medicago sativa L.) no toleran defoliaciones frecuentes, aunque éstas sean relativamente laxas”, detalla Cecilia Sardiña.

Dado lo anterior, la especialista del INTA asegura que el pastoreo rotativo debe ir de la mano con las necesidades de la pastura. Esto permitirá compatibilizar la producción y saber qué remanentes se deben dejar para no perjudicar el próximo rebrote, dependiendo de la especie con la que se trabaje.

“Es ideal conocer los kilos de pasto que estamos ofreciendo para establecer una carga acorde a la misma. Esto nos permite diagramar tamaño de franjas, necesidades de suplementación, etc”, detalla Sardiña.

Rolando Araos Millar

El constante pastoreo de las vacas de carne o leche en la pradera es un factor que, poco a poco, va debilitando y deteriorando el suelo, provocando que a la larga la pastura sea de menor calidad nutricional, impactando en los resultados productivos y el medioambiente. Para disminuir este efecto, los especialistas recomiendan planificar el pastoreo para que haya una buena acumulación de carbono en el suelo y para que la ganadería sea regenerativa, ayudando a enfrentar de mejor forma la escasez hídrica.

“La acumulación de carbono se produce a partir de las especies que componen la pradera, las que comienzan a liberar compuestos a la rizosfera —suelo donde se desarrollan las raíces— que activan y/o atraen a microorganismos del suelo a través de compuestos carbonados”, explica Paulina Etcheverría, investigadora del INIA Carillanca.

Para que esta liberación de compuestos carbonados desde la pradera hacia el suelo ocurra adecuadamente, las plantas que componen la pastura requieren energía, la que consiguen a través de la fotosíntesis. Pero si este proceso es deficiente o no ocurre, el cultivo no tendrá los recursos como para crear, desplazar ni fijar los compuestos carbonados.

En este escenario se recomienda dejar de utilizar los modelos de pastoreo continuo y extensivo, o de rotaciones rápidas con poca cantidad de días entre pastoreo debido a que estos impiden que la vegetación alcance todo su potencial.

“Si se sobrepastorea empieza a haber pérdida de plantas con el consecuente suelo descubierto, este emite CO2 porque la materia orgánica se oxida y vuelve a la atmósfera. En contraparte, un suelo cubierto de vegetación va a estar secuestrando CO2 porque está haciendo fotosíntesis”, advierte Isidora Molina, fundadora de la consultora Efecto Manada.

Por ello, la planificación del pastoreo es tan importante. Esta busca mantener una cobertura vegetal abundante para alcanzar una mayor área foliar capaz de hacer fotosíntesis de forma continua. Por el contrario, un pastoreo constante y no planificado mantendrá el área foliar corta y con menos capacidad fotosintética.

Además, esto aporta a los períodos de sequía ya que en los suelos cubiertos aumenta la capacidad de infiltración del agua, la cubierta vegetal evita que se evapore el agua y las raíces bien desarrolladas tienen mayor capacidad de exploración, llegando a profundidades donde todavía hay humedad.

Para alcanzar estos beneficios, el pastoreo que se realice debe ser lo más estratégico posible.

Buscando el manejo estratégico

Mientras más carbono se acumule en el suelo, más sano, activo o en vías de recuperación estará dicho suelo, afirman los expertos. Por esto es que el pastoreo eficiente será clave, ya que, a mayor eficiencia, mayor será la acumulación de compuestos carbonados.

“Lo estratégico va en que podamos usar los recursos eficientemente para aumentar la producción y al mismo tiempo cuidar el ecosistema para seguir produciendo y no caer en la necesidad de tantos insumos que aumentan los costos”, dice Molina.

Para construir la estrategia, el pastoreo rotativo puede ser un gran aliado. Este consiste en dividir en potreros una pradera o pastura, donde se va alternando el ganado, a través de cercos de corriente de buena calidad, capaces de evitar que las vacas circulen por cualquier parte del campo.

“El campo debe estar bien apotrerado, cercos en buenas condiciones y buena calidad de corriente, con entradas apropiadas y una red de agua en donde se pueda acomodar a los sub potreros que estén pastoreando”, dice Sebastián Conejeros, especialista en manejo animal de Gallagher.

De esta manera, mientras un potrero es pastoreado, los otros están en rezago o descanso, con el fin de que la pradera pastoreada pueda volver a crecer y recuperar sus reservas.

Para ejecutarlo adecuadamente es necesario que la pradera cuente con tiempos de descanso adecuados tras el pastoreo, lo que le permitirá recuperarse, comenzar a rebrotar y acumular reservas.

“Buenos tiempos de recuperación es un concepto amplio, va a depender de la zona en que estemos y según esté creciendo rápido o lento en la misma temporada. Estos tiempos pueden variar muchísimo, hemos trabajado con 30 días hasta 100 días”, dice Molina.

A ello se suma que el residuo o alimento que quede en la pradera es un insumo para esta ya que estos restos de material orgánico nutrirán a todos los organismos y potencialmente aumentará la materia orgánica en el suelo que es una de las bases para alcanzar una buena producción y para mantener el agua disponible para las plantas.

Evitar la fertilización sintética

En caso de que la pradera deje de crecer o se regenere a una tasa excesivamente lenta, los especialistas creen que no es necesario aplicar ningún tipo de fertilizante sintético por el costo que esto puede implicar en términos económicos y de mano de obra.

“Los fertilizantes sintéticos (además de los altísimos costos y labores que traen) interrumpen la red de microorganismos que es la que está naturalmente encargada de que los minerales del suelo estén disponibles para las plantas. Esta red funciona perfectamente bien de forma natural, cuando los animales, plantas y suelos trabajan en conjunto”, complementa Molina.

De todas formas, un beneficio natural del pastoreo es que los animales van a aportar fertilización y microorganismos a través del guano y la orina. Tales elementos ayudan a multiplicar el desarrollo de microorganismos benéficos en el suelo, así como a las distintas bacterias que se asocian a las raíces para promover el ingreso a la planta de nutrientes.

“La fertilización proveniente del animal a través de su bosteo y la orina es una fertilización 100 % orgánica y como tal contribuye a la estabilidad del suelo. Todos estos procesos contribuyen a la recuperación y retención del carbono en el sistema”, dice Cecilia Sardiña, investigadora del INTA de Argentina, especializada en el manejo de praderas.

Un beneficio natural del pastoreo es que los animales van a aportar fertilización y microorganismos a través del guano y la orina.
Crédito: Javiera Pérez Ribalta - Efecto Manada

Permanencia en la pradera

Otro factor a considerar es el tiempo de permanencia en la pradera, es decir, las horas o días en que los animales están en el potrero.

Este tiempo debería ser lo suficientemente corto para que el rebrote de la pradera no se encuentre disponible, evitando así que la vaca consuma de una misma planta dos veces.

“Se recomienda que el tiempo en cada potrero no supere los siete días y el ideal es de 12 horas a un día. Cuando la exigencia nutricional es alta por parte de los animales, por ejemplo, vacas de lechería en lactancia, los tiempos de permanencia deberían ser más cortos”, dice Etcheverría.

Lo anterior se debe a que el animal requiere de materia seca para alimentarse y nutrirse. Por tanto, si se alimenta muchas veces desde una misma planta en un corto lapso, se podría producir un desbalance nutricional en el ganado, ya que estos no tendrán acceso a un forraje de calidad.

Para un correcto pastoreo, es fundamental que el tiempo de permanencia del animal en la pradera sea controlado. Lo ideal es no superar los siete días de permanencia en cada potrero.
Crédito: Paulina Etcheverría - INIA

Evitar el sobrepastoreo

Para que el pastoreo rotativo sea lo más eficiente posible, es fundamental evitar el sobre consumo de la pradera o sobrepastoreo.

Esto se puede lograr a través de diversos métodos. Uno de los recomendados es la de calcular las raciones en días por animal, es decir, cuántas raciones diarias tiene el campo, cuántas tiene cada potrero, cuántas raciones diarias se necesitan para toda la temporada y cuántas raciones diarias se necesitan sacar por potrero.

Con esta información será posible planificar el movimiento de los animales dentro del pastoreo rotativo, ayudando a que las plantas cuenten con la energía necesaria para continuar con su desarrollo.

Otra alternativa es mantener siempre un residuo post pastoreo que permita un rebrote rápido de la pradera, el que variará de acuerdo a la época del año.

“Para primavera se recomienda una altura de residuo post pastoreo de 5 a 6 cm, mientras que en verano se debe dejar una altura entre 7 y 10 cm y en un verano normal, 3 a 4 cm”, ejemplifica Paulina Etcheverría.

Para medir el residuo de la pradera se puede utilizar, entre otras cosas, una varilla graduada o un plato forrajero.

El primero consiste en una varilla o regla con una parte móvil que se desliza hasta tocar la pastura, entregando su altura, mientras que el segundo es una placa que se desliza sobre un fuste hasta llegar a la pradera, determinando así su altura.

Para evitar el sobrepastoreo, los especialistas recomiendan que en primavera el residuo post pastoreo sea de 5 a 6 cm, mientras que en verano se debe dejar una altura entre 7 y 10 cm y en un verano normal, 3 a 4 cm.
Crédito: Paulina Etcheverría - INIA

Sea cual sea la alternativa escogida, lo importante es evitar que la pradera dañe sus raíces por el sobre consumo.

“Cada vez que una planta perenne es consumida/pastoreada/cortada, la planta se desprende de una parte de sus raíces, por no contar con la suficiente energía para mantenerlas. Una vez que ya es capaz de obtener energía de la fotosíntesis, esta planta vuelve a desarrollar sus raíces”, dice Molina.

La especialista añade que cada evento de sobre pastoreo hace que las raíces sean cada vez más pequeñas. En contraparte, cada evento de completo desarrollo de la planta hace que las raíces sean cada vez más vigorosas, profundas y abundantes.

“Algunos signos de que la planta está completamente recuperada son: floración, aparición de espigas y semillas, abundantes hojas senescentes. Puede ser controversial, aunque desde el punto de vista nutricional y ecosistémico ha demostrado ser eficiente”, complementa la especialista de Efecto Manada.


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