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Santiago de Chile. Dom 26/06/2022

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Estrategias para disminuir la huella de carbono de los productos agrícolas

Reducirla es clave, no solo porque se genera un menor impacto en el planeta, sino porque los consumidores tenderán a escoger los productos con menores huellas. Para hacerlo es fundamental ser más eficientes en materia energética, hacer un uso racional del agua y apostar por el hidrógeno verde.

Miércoles, 30 de marzo de 2022 a las 8:30
Erwin Plett
Erwin Plett

Considerando que el sector agrícola es responsable del 11% de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en Chile, es necesario hacer una transición hacia la carbono-neutralidad en sus operaciones para obtener productos de baja huella de carbono.

Esto ya es fundamental tanto por la protección del medioambiente, como porque los consumidores buscan cada vez más aquellos productos que tienen un menor impacto sobre el planeta.

Para lograrlo, lo recomendable es ir desde los puntos más importantes a los menos importantes, es decir, comenzar primero por ser más eficientes en materia energética, luego utilizar energías renovables térmicas y eléctricas directamente, junto a un uso racional del agua, y finalmente apostar por los insumos verdes, ya que las medidas de eficiencia energética tienen una mejor rentabilidad económica que la inversión en energías renovables.

1. Buscando la eficiencia energética

Para alcanzar una alta eficiencia energética, lo primero es realizar una contabilidad energética, es decir medir, evaluar y cuantificar lo que se gasta en los distintos ámbitos de la operación o sistema productivo. Esto es un asunto técnico-económico para que las medidas a tomar sean racionales y no emocionales.

Por ejemplo, la Agencia de Sostenibilidad Energética pide siempre una evaluación a 10 años en que se confrontan la inversión inicial con los costos de operación que llevados a valor presente neto pueden dar la respuesta correcta de qué solución es más económica.

Entre los ejemplos de medidas técnicas rápidas de mejora de eficiencia energética está la iluminación, la que se mide en lúmenes [lm] (iluminancia); y los kilowatt hora [kWh] que definen el monto de la luz que se paga a fin de mes.

Estos factores se pueden minimizar con menos potencia [W] o con menos horas [h] de encendido.

Entonces, una buena decisión es optar por la mejor tecnología LED, con lámparas más caras que generan 200 [lm/W] y duran 50.000 horas que seguir con baratas ampolletas incandescentes que entregan 15 [lm/W] que duran 700 horas, o luminarias fluorescentes con 60 [lm/W] que duran 2.000 horas y más encima contienen mercurio.

Como la iluminación es exclusivamente para las personas (no para los animales, ni los recintos, o las calles), simplemente hay que apagar la luz cuando no hay personas presentes, y esto se puede automatizar con un simple detector de presencia.

En otro ejemplo de eficiencia energética podemos citar los motores eléctricos, los que tienen distintas eficiencias eléctricas: desde motores baratos sin certificación hasta motores caros pero económicos normados de clase IE4.

Pero cualquier motor que se instale durará entre 10 y 20 años funcionando, con lo que el precio del motor con respecto al gasto eléctrico en ese largo período puede llegar a ser tan solo el 0,9% en motores normados de 110 kW, o hasta el 2,3% en motores chicos de 1,5 kW. Esto muestra que decidirse por el motor eléctrico “barato” puede salir muy caro si se hace un correcto análisis del ciclo de vida.

Para profundizar y capacitarse en este punto, le recomiendo a los lectores un curso online de “Eficiencia Energética en el sector Agropecuario” que se realizó en forma colaborativa en la AHK Chile, la Cámara Chileno-Alemana de Comercio e Industria.

Otro aspecto que se relaciona con la eficiencia energética tiene que ver con el disminuir el frío y mantener el calor, por ejemplo, a nivel doméstico.

Para disminuir el frío, por ejemplo al interior de un invernadero o del hogar del productor, lo correcto es apostar por la buena aislación térmica, e intentar dejar de lado el uso de leña la que usualmente está húmeda y que, según cálculos de la Red de Pobreza Energética, provocan unas 5.000 muertes prematuras anuales por la generación de material particulado PM2,5 debido al mal combustible en los calefactores a leña en Chile. Pero esto rara vez salta a la opinión pública.

En este caso, la biomasa (leña, residuos forestales y agrícolas) es un recurso ampliamente disponible en el agro, pero para tener un buen poder calorífico debe estar seca.

Si lo que se requiere es calor, por ejemplo, para un invernadero, no se requiere quemar gas, sino que es posible utilizar la geotermia, la inagotable energía térmica que hay en el subsuelo.

Para adecuar la temperatura de operación se pueden utilizar “bombas de calor geotérmicas” que permiten, con poca energía eléctrica, mover mucha energía térmica como lo realizamos en cualquier refrigerador o aire acondicionado que normalmente usan bombas de calor aerotérmicas, aparatos que hoy están al alcance de todos los productores en el agro.

2. Apostar por energías renovables y la responsabilidad hídrica

El riego es una de las actividades del agro que más se puede beneficiar con un mayor uso de energías renovables, como la fotovoltaica o eólica, ya que esta puede ser una buena solución para reemplazar las motobombas a diésel. También se pueden implementar las microcentrales hidroeléctricas que se pueden instalar en canales de regadío con ayuda de la Comisión Nacional de Riego.

El uso de este tipo de energías permitiría avanzar en tecnificación de riego, incluso a nivel de pequeños productores, lo que permitiría mejorar el riego agrícola, actividad que según la Dirección General de Aguas (DGA) es el mayor consumidor de agua en el país con unos 250 m3/s, lo que significa el 72% de la extracción consuntiva de agua en Chile (aquella que tras ser extraída no se devuelve al medio donde se ha captado).

¿Cuál es el sistema tecnificado óptimo en términos de eficiencia del uso de agua?

Sabemos que el riego superficial como inundación, tendido o surcos tiene baja eficiencia (40% - 50%), en cambio un riego por aspersión es mejor (70% - 75%%), mientras que el riego por goteo tiene una alta eficiencia (90% - 95%).

Sin embargo, en esta materia no se deben esperar recetas de cocina, ya que esto requiere ingeniería con análisis de los cultivos, las fuentes de agua, la permeabilidad de los suelos, su capacidad de retención de agua, y la evaporación por el viento.

Cabe recordar que Chile, con sus 4.200 km de extensión, es como pensar en la extensión desde el desierto del Sahara hasta el Nordcap en el extremo norte de Noruega, y en todos esos múltiples países las situaciones de riego son obviamente distintas. Por tanto, no son las mismas medidas a tomar en el valle de Azapa en Arica que en praderas de los Lagos.

3. Hidrógeno verde, el combustible del futuro

El hidrógeno verde es una forma técnica de acumular energías renovables, similar a lo que hacen las plantas con la radiación solar mediante la fotosíntesis. A partir del hidrógeno se pueden sintetizar todos los combustibles líquidos o gaseosos.

Estos e-fuels o combustibles sintéticos verdes carbono-neutrales permitirían descarbonizar en el agro todo los proceso y trabajos que hoy día se hace con combustibles fósiles, como diésel y gasolina, sin cambiar los actuales motores de combustión interna. Esto porque los combustibles sintéticos verdes permiten seguir utilizando todos los motores de combustión interna actuales (existen unos 1.300 millones a nivel mundial) y toda la infraestructura de distribución de combustibles líquidos actuales.De la misma forma hoy se utiliza el Bio-Diesel o el Bioetanol en vehículos sin tener que cambiarlos, por ejemplo, por vehículos eléctricos.

Experiencias y avances en la generación de estos nuevos tipos de combustibles ya existen.

Por ejemplo, Sudáfrica sintetizó todos sus combustibles líquidos para el país completo cuando fueron boicoteados por la OPEP y no podían importar petróleo crudo por su política del Apartheit. La empresa SASOL utilizó el proceso Fisher-Tropsch para sintetizar sus combustibles sintéticos a partir del “hidrógeno negro”, producido del carbón que tenían en abundancia.

En Magallanes se está desarrollando ahora el proyecto HIF (Highly Innovative Fuels) donde el viento patagónico generará hidrógeno verde, y captando el CO2 directamente del aire, sintetizará metanol verde y gasolinas sintéticas verdes que serán carbono-neutrales.

Esta es la primera planta piloto comercial a nivel mundial de combustibles sintéticos verdes, y este proyecto se está realizando gracias a que el desarrollador, la empresa nacional Andes Mining & Energy Corporate S.A. (AME), encontró un “generoso comprador temprano” en Alemania, la empresa de automóviles Porsche, que está dispuesta a invertir en este desarrollo.

Aquí hay mucho que aprender, y, sobre todo, bajar los costos de los combustibles verdes con un incremento de las capacidades de generación de Hidrógeno Verde de actualmente algunos megawatts (MW) a gigawatt (GW), es decir, mil veces mayores a las actuales. En este sentido, esperamos un decrecimiento de costos similar a lo que hemos visto en la generación fotovoltaica en la última década.

Obviamente, el uso de vehículos eléctricos, ya sea a baterías o con celdas de combustible a hidrógeno, son también parte de la estrategia de descarbonización aplicable al agro para disminuir ese 11% de las emisiones de GEI de la que el agro es responsable en beneficio de las siguientes generaciones.


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