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Santiago de Chile. Mar 28/06/2022

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El Mercurio - Campo

Biofertilizantes en praderas: un salto hacia la sustentabilidad ganadera

Este tipo de nutrientes permite reemplaza parcialmente la fertilización nitrogenada por soluciones orgánicas, las que son más amigables con el medioambiente y que actúan directamente en las raíces de las plantas.

Lunes, 16 de mayo de 2022 a las 8:30
- Los biofertilizantes trabajan con bacterias que captan el aire, aprovechan el nitrógeno presente en este y posteriormente lo fijan en la planta y en el suelo.
Crédito: Gentileza Agropasto
La urea y su impacto ambiental

Una de las principales razones para disminuir el uso de los fertilizantes nitrogenados (conocidos como urea) se debe a que su eficiencia es muy baja, es decir, se requieren grandes concentraciones para lograr efectos en la pradera.

“Su eficiencia puede llegar hasta un 50% del nitrógeno incorporado. Cuando la urea es utilizada de manera inadecuada y aplicada en grandes cantidades, se puede transformar en un importante contaminante del suelo y de acuíferos entre otros”, advierten Jorge Medina y Marcela Calabi.

A ello se suma que el nitrógeno que no es utilizado por las plantas se pierde en forma de nitrato pudiendo contaminar cuerpos de agua, por volatilización como amoniaco e incluso puede viajar como óxido nitroso (N2O) que actúa como un gas de efecto invernadero con 300 veces más poder destructivo de la capa de ozono que el CO2.

Además, dicen los especialistas, el uso de urea en algunos suelos tiende a producir la acidificación de este con consecuencias importantes sobre la disponibilidad de otros nutrientes como el fósforo, sobre todo en suelos donde están establecidas las praderas, lo que se traduce finalmente en más costos para tener sistemas productivos.

“El uso de biofertilizantes busca disminuir estos impactos negativos y asegurar una adecuada nutrición de las plantas, además de favorecer la condición biológica del suelo”, cierran Medina y Calabi.

Rolando Araos Millar

En la búsqueda de volverse más sustentables, generando menos impacto en el medioambiente y optimizando la productividad y calidad de las praderas, los ganaderos incorporan de manera creciente el uso de biofertilizantes, en reemplazo de fertilizantes sintéticos.

“La biofertilización es un procedimiento por el que un microorganismo toma el nitrógeno del aire y lo aporta al cultivo de forma biológica, haciendo que esté disponible durante todo el ciclo del cultivo de manera efectiva y controlada”, explica Gala García, General Manager de Symborg LATAM.

Esto porque, en general, los biofertilizantes se basan en la mezcla de diversas rizobacterias fijadoras de nitrógeno atmosférico y promotoras del crecimiento vegetal, donde las más comunes son aquellas del género Rhizobium.

Este procedimiento, que hoy día puede implementarse en todos los cultivos, destaca García, no reemplaza en su totalidad a la fertilización química, sino que permite optimizarla y complementarla ya que el nitrógeno aportado vía fijación es más eficiente que los aportes al suelo, y no se pierde por lixiviación en caso de lluvias.

Esto repercute en una fertilización más eficiente y en un ahorro en los costes de producción.

Por ejemplo, estudios de campo con productores de Chile, indican que el uso de biofertilizantes ha aportado más de 45 Unidades Fertilizantes de Nitrógeno (UFN) al cultivo de forma consistente y continuada durante todo el ciclo del cultivo al trabajar con BlueN (una bacteria foliar que fija nitrógeno del aire y que se aplica a una dosis de 333 gramos por hectárea), lo que equivale a 100 Kg de urea, según trabajos realizados en trigo en la zona de Temuco.

“Los biofertilizantes, hoy en día, con los incrementos de precios de la urea, pueden llegar a suponer hasta un 30% menos en costos que las alternativas químicas, además de una mayor seguridad en su eficiencia y abastecimiento. Por ejemplo, el nitrogenado sintético (urea) esta temporada ha aumentado su precio más de un 60%: Si antes costaba 300 mil pesos la tonelada, ahora esta se ubica cerca de los 550 mil pesos por tonelada”, dice García.

A ello se suma que estos elementos mejoran la disponibilidad de fósforo en el suelo, aumentan la resistencia de la pradera al estrés e incluso al ataque de plagas.

Al utilizar biofertilizantes y optimizar la cantidad de urea se beneficia al medioambiente y a los animales, sostienen los especialistas. En Europa, esto ya está comenzando a ser un estándar.
Crédito: Gentileza Agropasto

También actúan a nivel de raíces fomentando el desarrollo de micorrizas (hongos ubicados en las raíces que mejoran la absorción de nutrientes), factor de gran relevancia porque le entrega una mayor tolerancia y resistencia a la pastura en épocas prolongadas de sequía.

“Las funciones anteriores permiten disminuir y optimizar el uso de fertilizantes nitrogenados y fosfatados de síntesis. Adicionalmente, le permite a la planta resistir periodos de sequía más extensos”, explica Germán Estrada, investigador en el área de microbiología de suelos en la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Agrosavia).

Cómo aplicar los biofertilizantes

Los especialistas recalcan que el biofertilizante está compuesto por diversos microorganismos, es decir, seres vivos que son capaces de penetrar el suelo, actuar en las raíces y nutrir a la planta.

“Los microorganismos que componen a los biofertilizantes se encuentran en un estado de latencia dentro de las formulaciones que se van a aplicar. Tras su aplicación, estos se activan”, explican Jorge Medina, académico del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3) de la Universidad de O’Higgins y Marcela Calabi, miembro del Núcleo Científico Tecnológico en Biorecursos (BIOREN) de la Universidad de La Frontera.

El uso de biofertilizante aumenta la palatabilidad de la pradera, según los trabajos realizados por Agropasto en la región de Los Lagos.
Video: Gentileza Agropasto

Por lo mismo, es necesario que su aplicación se realice con una serie de cuidados y requisitos para no alterar a tales microorganismos, ni tampoco provocar su desactivación.

“La recomendación es aplicarlo al establecer la pradera y después de cada pastoreo de los animales, para garantizar una recolonización adecuada de la rizosfera o tejidos del forraje por los microrganismos”, detalla Germán Estrada.

De todas formas, lo recomendable es realizar este proceso en primavera, cuando existen condiciones climáticas adecuadas para permitir la activación de estos microorganismos. Además, cada vez que se realice una aplicación será necesario entregar abundante agua, lo que ayudará a que este nutriente llegue a la raíz y no quede expuesto a la desecación.

Y, si bien no existe una dosis específica, lo que se suele recomendar es realizar aplicaciones de 1 litro de producto por hectárea, donde la concentración mínima recomendada sea de 180 unidades formadoras de colonias (CFU/mL).

“De todas formas, es necesario determinar la dosis óptima que debe utilizarse según el registro de cada biofertilizante”, añade Estrada.

En relación con la forma de aplicación, esto dependerá exclusivamente de la presentación del biofertilizante, la que se puede identificar en la etiqueta del producto.

Por ejemplo, si dicha etiqueta indica que el elemento ha sido liofilizado, este deberá ser aplicado a través de fumigación o fertirriego.

Para aquellas formulaciones sólidas — como en el caso de algunas que contienen micorrizas o bien sustancias húmicas—, lo que se suele recomendar es aplicarlas directamente en el suelo.

Por su parte, aquellas que tienen presentación líquida, pueden ser incorporadas directamente a la semilla antes de que esta sea sembrada en el suelo.

Eso sí, tanto Medina como Calabi advierten que antes de recomendar el uso de biofertilizantes, es necesario evaluar cada predio en particular, tomando en consideración diversos aspectos como el cultivo a fertilizar y el tipo de suelo donde se trabajará.

Esto se debe a que la aplicación y utilización del biofertilizante dependerá fuertemente del cultivo que se está estableciendo y sus requerimientos nutricionales. Así, si la pradera es muy demandante, va a requerir una mayor concentración de fertilizantes convencionales junto a los biofertilizantes.

“Lo importante es comprender el modo de acción de los biofertilizantes que se incorporan, debido a que, por ejemplo, si se aplican fertilizantes nitrogenados en conjunto con biofertilizantes en base a bacterias fijadoras de nitrógeno de vida libre, estas últimas se inhibirán debido al costo energético que tiene para los microorganismos el proceso de fijar nitrógeno atmosférico”, dicen Medina y Calabi.

Por tanto, en estos casos, lo que se recomienda es realizar aplicaciones espaciadas en el tiempo.

El futuro de las praderas

Uno de los principales manejos para que la ganadería sea más sustentable es optimizar la cantidad de nitrógeno utilizada en las praderas, puesto que cuando es excesiva, se lixivia e infiltra en el suelo, contaminando las napas subterráneas, además de disminuir la palatabilidad de la pastura, es decir, la vaca rechaza alimentarse de esta.

“El nitrógeno en exceso que es absorbido por la planta se transforma en nitratos y amonio, los que al ser consumidos requieren que la vaca sufra un costo energético para poder eliminar tales elementos”, explica Néstor Acuña, asesor y fundador de la consultora ganadera Agropasto.

Por lo mismo, dice Acuña, en sus programas de manejo de praderas que aplica a los ganaderos que asesora, ha ido reduciendo sus aplicaciones de nitrógeno desde los 250 kg/año/ha, hasta los 100 kg/año/ha. Su meta es llegar a 50 kg/año/ha.

“Con esto hemos copiado lo que ha hecho Nueva Zelanda, pero se aplica sentido común, es decir, se va preparando el escenario y se consideran todos los factores dentro del predio”, dice Acuña.

Los biofertilizantes actúan a nivel de las raíces de la pradera. Esto, entre otros beneficios, aporta al desarrollo de más organismos en el suelo como las lombrices.
Crédito: Gentileza Agropasto

De hecho, mencionan los especialistas, reemplazar los fertilizantes químicos con biofertilizantes es una práctica utilizada con éxito en Europa, particularmente en Holanda, donde los estudios apuntan a que las praderas fertilizadas de forma orgánica son más apetecibles y palatables para el animal.

“En Europa han dado un paso más. Los productores tienen la obligación de reducir las aplicaciones con nitrógeno químico. En Latam esto aún no sucede”, dice Gala García.

La iniciativa de Nestlé

Entendiendo los beneficios de la biofertilización, Nestlé anunció que bonificará a todos sus productores lecheros que opten por biofertilizantes en vez de la urea, con el objetivo de ser cero emisiones netas de carbono a 2050.

“Para acceder a esta bonificación —de $10.000 por hectárea—, cada lechería deberá reemplazar como mínimo 100 Kg del fertilizante sintético nitrogenado por hectárea, sin tope de hectáreas por lechería, para cultivos suplementarios y praderas”, explica Enrique Vega, gerente de Estrategia y Política Lechera de Nestlé Chile.

Además, el productor que asuma un compromiso de transición hacia un sistema alimentario regenerativo podrá acceder a otras bonificaciones como rejuvenecimiento de praderas, cultivos de cobertura, entre otros.

La iniciativa, que arrancó en julio de este año y que abarca a las regiones de Biobío, La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos, espera mantener el rendimiento de materia seca por hectárea, reducir el costo de fertilización y reducir significativamente la huella de carbono, sin comprometer la alimentación de las vacas.

“Esto protege la salud del suelo y las napas subterráneas. Los estudios realizados muestran que no existe preferencia de consumo por parte de las vacas al comparar praderas tratadas con fertilizante sintético versus biofertilizante”, puntualiza Vega.

Desde Nestlé indican que aquellos productores lecheros que no estén en Nestlé y deseen unirse y optar por este beneficio, pueden acudir a cualquier de las 3 fábricas lácteas ubicadas en Los Ángeles, Cancura y Llanquihue.

“En Nestlé mantenemos una política de puertas abiertas. En cada fábrica contamos con equipos y profesionales agropecuarios que están disponibles para atender a los productores lecheros”, dice Enrique Vega.


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