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Santiago de Chile. Dom 28/11/2021

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Cerezos: cómo asegurar una buena cuaja y retención de fruta

La baja disponibilidad de abejas, las amenazas de los virus PNRSV y PPV, junto con la posibilidad que se produzcan heladas son parte de los desafíos que enfrentarán los productores en busca de conseguir la mejor fruta pensando en China.

Lunes, 04 de octubre de 2021 a las 8:30
- Diferentes estados de los frutos en un árbol de cerezo: Los más grandes están cuajados y llegarán a cosecha, los medianos dan un resultado incierto y los muy pequeños con restos florales han sufrido una falla en la cuaja.
Crédito: Gamalier Lemus - INIA
Muy tarde para enmendar el camino

Los especialistas advierten que los potenciales de cuaja, calidad de flores y frutos que se formarán en esta temporada dependen, principalmente, de los manejos en poscosecha realizados la temporada anterior, ya que desde ahí provienen las reservas de energía que ayudarán en estos procesos.

Si no existió esta preocupación en ese entonces, ya es muy tarde para intentar enmendar el rumbo.

“La calidad y cantidad de flores de esta temporada se define tras la cosecha de la temporada anterior. Por ello es fundamental respetar y mantener los programas de riego, manejo de plagas y fertilización”, dice Jean Paul Joublan.

Rolando Araos Millar

Con la llegada de octubre se inicia la cuaja en cerezos, proceso clave, ya que de no darse de manera adecuada aumenta el riesgo de aborto floral, lo que significará menor carga frutal, o fruta que podría no tener la calidad adecuada. En este proceso, que puede durar entre 15 a 20 días, son varios los elementos sobre los que estar atentos, tales como la disponibilidad de polinizadores y las condiciones ambientales, como temperatura y humedad.

Con la variabilidad climática existente dos elementos sobre los que hay que prestar especial atención: temperatura y humedad en el huerto.

Lo óptimo es que la temperatura esté entre 15°C y 25°C y que la humedad relativa no sea muy baja (ideal sobre 60%), dice Walter Masman, asesor especialista en cerezos.

Rangos mayores pueden llevar a que la polinización falle debido a la deshidratación de los órganos productivos de la flor como el estigma —donde se adhiere el polen— así como a la formación inadecuada del tubo polínico que es el transporte que utilizan los núcleos degenerativos o gametos para llegar al óvulo de la flor.

En caso de que la temperatura y humedad sean mayores o menores a los valores óptimos lo recomendable es aplicar productos, como Aminoetoxivinilglicina (AVG), que retarden la senescencia o muerte de la flor a causa de la síntesis de etileno. Esto aumentará su vida entre 4 a 5 días, dándole un tiempo extra al árbol para que ocurra la cuaja.

“El uso de estos compuestos mantiene por más tiempo la posibilidad de cuaja, pero, no corrigen problemas de calidad de flores, falta de coincidencia con el polinizante o falta de las condiciones para el vuelo de abejas”, alerta Gamalier Lemus, líder del Grupo de Especialidad Manejo Agronómico de Frutales y Vides del INIA.

Baja disponibilidad de abejas

Otro de los desafíos para una buena cuaja es contar con suficientes abejas para polinizar.

“Es frecuente tener bajas de 30% a 50% del potencial de producción, por problemas de cuaja, si no se cuenta con abejas y condiciones ambientales adecuadas”, dice Gamalier Lemus. Por ello es importante asegurar la presencia de los insectos, para lo que, de no tener colmenas propias, una opción es el arriendo, para lo cual hay que contratarlas con tiempo.

Como generalidad, para variedades de cerezos autofértiles se colocan entre 2 a 4 colmenas de abejas por hectárea y para no autofértiles entre 10 a 15 por hectárea.

“El productor deberá verificar constantemente la calidad y la población de insectos activos, en cada colmena, vigilar su sanidad y evitar la acción de pesticidas dañinos para las abejas, en el período de polinización”, señala Gamalier Lemus.

El especialista también advierte que los productores que tengan sus cultivos en invernaderos o protegidos por techos o coberturas no podrán utilizar abejas debido a que la menor radiación solar dentro del huerto provocan su desorientación y posterior muerte.

En este caso, lo recomendable es optar por colmenas de abejorros en una distribución ideal de entre 10 a 20 por hectárea, tanto para variedades autofértiles como no autofértiles.

El abejorro (Bombus terrestris) puede ser útil para polinizar cerezos bajo invernadero, techos o coberturas.
Crédito: Pablo Mardones - El Mercurio

Cuidado con las heladas

Otro elemento a tener en cuenta son las heladas, debido a que las bajas temperaturas pueden entorpecer el proceso de cuaja o dañar las flores cuajadas provocando abortos florales.

Este año existe inquietud debido a que la baja cantidad de precipitaciones ocurridas hasta ahora favorece que la atmósfera se mantenga “limpia” lo que facilita la entrada de masas de aire polar.

“Por ejemplo, 2019, al igual que este año, fue muy seco y hubo una parte importante de huertos que se helaron fuertemente. Las temperaturas llegaron a -6°C durante la brotación, las yemas se dañaron antes de abrir y en algunos lugares, sobre todo desde Curicó a la Cordillera, se alcanzaron temperaturas muy bajas”, advierte Jean Paul Joublan, asesor especialista en frutales.

Para estar preparados ante estos eventos, dice el especialista, lo mejor es que los productores cuenten con un sistema de control de heladas, donde uno de los más efectivos es el de aspersión.

“Este sistema lo utilizan en Chile, normalmente en arándanos; en Argentina, en la zona de Río Negro, en frutales de carozo, nogales, manzanos y otros. Ellos tienen controles de heladas por riego por aspersión para cerezos. En 2019 tuvieron -10°C grados de temperatura y aún así pudieron disminuir los daños en forma importante gracias a este sistema”, dice Joublan.

Ante el anuncio de helada, el sistema se deberá activar, lo que mojará los tallos, el follaje, las yemas, las flores y/o los frutos de la planta. Además, el agua asperjada se congelará formando pequeños hielos y entregando energía al cambiar de estado líquido a sólido actuando como un aislante térmico —similar a un iglú— protegiendo los diversos tejidos de la planta.

Por ello, es fundamental que dicho sistema se mantenga activo a lo largo de toda la helada y solo se detenga cuando esta haya terminado, es decir, cuando la escarcha o hielo formado se comience a derretir.

El agua, con las temperaturas del día, pasará del estado sólido a líquido, inhibiendo la potencial deshidratación que pueda sufrir el árbol.

Virus y hongos, amenazas latentes

En relación con posibles plagas o enfermedades que puedan afectar a los cerezos y su proceso de cuaja y retención de frutos, los especialistas alertan que los hongos Monilia sp., Botrytis sp. y Alternaria spp. podrían transformarse en un dolor de cabeza para los productores ubicados en zonas donde la humedad sea muy alta.

“Esto puede impactar la sanidad de las flores producto del ataque de hongos que se ven favorecidos por lluvias de primavera”, dice Gamalier Lemus.

Si bien no se proyecta una primavera especialmente lluviosa, los especialistas aseguran que los productores ubicados desde la VII Región hacia el sur deberían realizar aplicaciones preventivas de funguicidas en todo el estado fenológico de la flor, desde botón blanco hasta caída de chaqueta, lo que ayudará a combatir a los hongos mencionados anteriormente en caso de que ataquen.

Otra amenaza fitosanitaria que no solo puede poner en riesgo a la fruta sino que también a la exportación (ver recuadro) son los virus vegetales Prunus necrotic ringspot virus (PNRSV) y Plum pox virus (PPV) los que se manifiestan, en el caso del PNRSV, a través de hojas de color moteado o mosaico, con manchas, anillos y líneas irregulares cloróticas, mientras que PPV provoca protuberancias o depresiones circulares en la fruta.

A esto se suma que su presencia afecta las defensas de las plantas, impactando la cuaja y favoreciendo la ocurrencia de abortos florales, disminuyendo el potencial productivo de los cerezos.

“Ambos virus, además, disminuyen los calibres, provocan enanismo en el árbol y pueden disminuir el potencial productivo del cerezo en hasta 40%”, alerta Joublan.

Manifestación del virus PNRSV en cerezas.
Crédito: Gentileza Jean Paul Joublan

Evitar que las plantas sean infectadas por este virus es muy complejo, considerando que el virus se propaga por polen con material viral que se disemina en el huerto, por semillas infectadas e incluso a través de insectos que se posan sobre un cultivo infectado y que viajan a otro libre del patógeno.

La única manera de evitar su aparición es que, al injertar material, este no esté infectado lo que solo se puede determinar con un análisis de laboratorio.

Huerto de cerezos con Agalla del Cuello (Agrobacterium tumefaciens), otro factor que estresa y provoca mayor sensibilidad a la infestación del virus PNRSV en cerezas.
Crédito: Gentileza Jean Paul Joublan

Poda y raleo para controlar la carga frutal

Una cuaja muy abundante no necesariamente es positiva debido a que puede impactar el tamaño de la fruta, reduciendo notoriamente sus calibres. Para controlarla, se debe realizar un análisis de sus árboles para proyectar cuántos primordios y potenciales flores por yema alcanzará cada cerezo.

“Tras eso se puede tomar la decisión de ajustar la carga por un lado podando los centros frutales de cada árbol, y por otro lado, realizando un raleo de yemas por árboles para reducir el número de flores, lo que regulará el potencial inicial de cuajas”, explica Walter Masman.

Además, es fundamental renovar la madera en aquellos huertos viejos que tienen sobre 4 a 6 años a través de la poda de dardos añosos, lo que si bien disminuirá la disponibilidad de flores, ayudará a mejorar la calidad de la fruta que se desarrollará.

“Huertos más viejos tienen más dificultad para generar fruta de calidad y buen calibre. La idea es podar los dardos dejando aquellos que podrían generar calibres buenos, aceptables o muy buenos”, dice Joublan.

Por ejemplo, explica el especialista, dependiendo de la variedad lo ideal es que cada dardo entregue 1, 1,5 o incluso dos frutos por lo que a partir de esa cifra se puede proyectar una cantidad de frutas por árbol.

Eso sí, se deben considerar factores agroclimáticos, debido a que si la poda o raleo es excesiva y ocurren heladas o precipitaciones, tales eventos podrían dañar a las flores o la fruta en formación, disminuyendo aún más el potencial productivo de la planta.

Amenaza a la exportación

Los virus PNRSV y PPV no solo son un dolor de cabeza para los productores por afectar la cuaja y retención de fruta, ya que han sido listados por China como cuarentenarios, por lo que si la cereza chilena llega con trazas de dicho patógeno a ese destino se retendrá y desechará a las partidas infectadas y la exportadora será suspendida por el resto de la temporada, debiendo buscar nuevos mercados para su producto.

“Si detectan estos virus no solo rechazarán las partidas, sino que la exportadora tendrá que pagar para el desecho o quema de la fruta infectada. Por lo mismo, el SAG elaboró un protocolo para identificar la fruta contaminada antes de que se embarque a China”, explica Jean Paul Joublan.

En este escenario, dicen los especialistas, la única forma de lidiar con esta situación será contar con buenos sistemas de análisis por PCR y por serología de la presencia o ausencia del virus en la fruta, ambos se ejecutan en laboratorio.

Si se detecta la presencia del patógeno, se deberán buscar nuevos mercados para dicha fruta.

“A largo plazo Chile deberá tener un programa de certificación de plantas libres de virus y tener mucho cuidado con los huertos más antiguos. Mientras más antiguo el huerto, más probabilidades de tener el virus”, enfatiza Joublan.

Pinche aquí para acceder al protocolo


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