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Santiago de Chile. Dom 28/11/2021

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El Mercurio - Campo

La uva de mesa tras la tormenta

Los agricultores preparan la nueva temporada tras recibir pésimas liquidaciones. Se perdió casi un tercio de la producción y los precios fueron bajos debido al daño de las lluvias de verano. Sin embargo, hay una mirada optimista en el largo plazo por la capacidad de producir buena calidad y el avance de nuevas variedades.

Miércoles, 29 de septiembre de 2021 a las 8:30
Crédito: El Mercurio
Sustentabilidad ambiental, la tarea que viene

Carolina Cruz, presidenta de Uva Nova, señala que para que el rubro sea exitoso, es necesario optimizar elementos técnicos como el riego, los sistemas de conducción, la protección con plásticos o mallas, manejo sustentable del suelo, así como el uso de big data para el control de las labores.

"La sustentabilidad y el compromiso con el medio ambiente son una prioridad, las exigencias de los consumidores han cambiado mucho, sobre todo en Europa. Hay que diseñar estrategias comerciales que aborden las ventas online, la utilización de materias primas reciclables y los procedimientos de poscosecha que sean ambientalmente sustentables".

Cruz agrega que "las crisis siempre generan crecimientos y estoy segura de que las uvas de mesa saldrán fortalecidas de este momento. Habremos aprendido a producir con un manejo óptimo del agua, mejorar la eficiencia de la mano de obra, manejar y administrar los recursos financieros, producir de manera más sustentable, incorporar con éxito nuevas variedades y enfrentar los desafíos que nos impone el cambio climático".

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Eduardo Moraga

La uva de mesa llevó a Juan Pablo Pinto a recorrer México, vivir en California y trabajar en Copiapó. Hace cinco años logró su sueño: tener su propio campo de esa fruta.

"De los valientes se cuenta la historia, del resto nada. Para ser un productor de uva de mesa hay que ser valiente, no cualquiera puede con la reina de las frutas. Es la más difícil de manejar en términos técnicos, es la que requiere más mano de obra", advierte.

En Rinconada de Los Andes, en el valle de Aconcagua, Pinto encontró un campo de 14 hectáreas. Influenciado por las críticas a la oferta chilena de uva de mesa que había escuchado en Estados Unidos y por las sugerencias de las exportadoras, plantó 10 hectáreas de nuevas variedades. Como en 2016 la demanda por ese tipo de parras era muy alta, tuvo que esperar hasta 2019 para terminar de plantar. De hecho, puso dos hectáreas de la antigua variedad red globe solo porque era lo que estaba disponible.

La partida lenta no fue lo más complicado. La sequía comenzó a sentirse cada vez más fuerte en Aconcagua. A eso se agregó que la mano de obra se hizo más cara y los precios internacionales permanecían estancados. Con el comienzo del pago del royalty asociado a la plantación de las nuevas variedades, Pinto vio que su margen se reducía.

Para la cosecha de 2021, tras un lustro de trabajo, por fin parecía que habría un momento de relajo: la combinación de mejores lluvias invernales y buen clima primaveral prometía una alta producción.

Sin embargo, llegó el diluvio de fines de enero. Buena parte de las uvas del valle del Aconcagua y el resto de la zona central estaban en su punto más alto de azúcar y a pocos días de ser cosechadas. Lo que siguió fue una de las mayores caídas en la producción que se registre en la historia de la uva de mesa en Chile.

De 85 millones de cajas proyectadas para cosecharse en la temporada 2020-2021, se perdieron 20 millones de cajas por efecto directo de las precipitaciones.

"Tuvimos una temporada muy dura. La mayoría de los productores de uva de mesa de Aconcagua son de pequeño o mediano tamaño", sostiene Juan Pablo Pinto.

Aunque el desastre climático ocurrió hace casi ocho meses, recién se está dimensionando el impacto en el bolsillo para los fruticultores chilenos. A partir de agosto, las exportadoras comenzaron a entregar las liquidaciones a sus clientes.

"Muchos productores de uva de mesa salieron con resultados negativos. Veníamos con una muy buena situación en términos productivos y la lluvia nos mató", reconoce Jorge Valenzuela, presidente de Fedefruta.

Tras años de complejos resultados y de costos crecientes, los productores de uva de mesa tienen que abocarse ahora a reunir fondos para sacar adelante la temporada 2021-2022. Mientras tanto, las dudas sobre el futuro de sector se acrecientan.

10 millones de cajas que no debieron exportarse

Gonzalo Salinas, analista sénior de Rabobank, explica que la uva de mesa tuvo un desempeño mixto, con una fuerte diferencia entre la parte temprana, que no fue afectada por las precipitaciones, y el resto de la temporada.

De hecho, había optimismo respecto de la demanda mundial, ya que mostraba signos de recuperación por las aperturas de los países, los que retomaban y aumentaban su consumo de fruta fresca.

"Estaba todo dado para una recuperación luego de una temporada con problemas. Sin embargo, tras la tormenta de lluvia y granizo de fines de enero, que disminuyó de forma importante la producción, vino la mala decisión de enviar fruta que no estaba en condiciones de soportar el trayecto a los mercados de destino. Con los resultados ya conocidos, principalmente en los mercados de Estados Unidos y China", sostiene el analista.

De hecho, fuentes de la industria explican que aunque se hizo un trabajo en los huertos y las centrales de embalaje para descartar fruta llovida, lo que explica la caída de 20 millones de cajas respecto de las proyecciones iniciales, igual se envió una cantidad importante de uva de mesa que mostró una mala vida de poscosecha.

La necesidad de los agricultores y exportadoras de generar ingresos tras años de resultados ajustados hizo que se apostara más allá de lo razonable, justo en momentos en que el mundo tiene una logística naviera golpeada por el coronavirus.

"Los mayores tiempos de tránsitos y demoras en la descarga en los puertos, producto de la pandemia también aportaron lo suyo", advierte Carolina Cruz, presidenta de Uva Nova.

Los retrasos en la llegada de los barcos y en los desembarques en los puertos de destino, especialmente en Estados Unidos, abonaron la aparición de pudriciones y otros problemas en las uvas de mesa.

Se estima que cerca de 5 millones de cajas tuvieron que ser botadas en los mercados de destino pues no calificaban para ser distribuidas. Otras 5 millones de cajas fueron vendidas a precios de descuento, bajo o cerca de los costos de producción.

En el fondo, fueron 10 millones de cajas de uva que no debieron salir de Chile.

La técnica de reembalar cajas de uva de mesa en los puertos de destino, seleccionando racimos que llegaron en una condición aceptable, agregó un costo de casi US$ 4 por caja.

De más está decir que la cuenta final la paga el agricultor y la combinación no pudo ser peor: poca producción y bajos precios.

Una vía para seguir funcionando y tomar capital fresco para la temporada 2021-2022 es aceptar adelantos de las exportadoras. Si bien es bienvenido cualquier apoyo, también es cierto que esa opción resta capacidad de negociación comercial a los agricultores, incluyendo hablar con otras comercializadoras.

En todos caso, la distribución de los resultados durante la pasada temporada no fue homogénea. A nivel regional, se observó una alta diferenciación entre la fruta que no fue afectada por la tormenta de enero, como Atacama y Coquimbo, y las que sí fueron dañadas, como las de Valparaíso, Metropolitana y O'Higgins.

Un caso interesante es la variedad red globe, en que el precio en los mercados mayoristas de China se mantuvo en niveles históricamente altos en las cinco primeras semanas de la temporada, para luego caer a niveles promedio y en el último tercio, a medida que aumentó el volumen arribado con un alto índice de fruta llovida, a niveles históricamente bajos.

"Las variedades tradicionales blancas fueron las más afectadas en cuanto a mermas en producción, sin embargo esto se contrasta con los buenos resultados en venta de algunas de las nuevas variedades blancas respecto de las rojas", agrega Carolina Cruz.

Dudas sobre el futuro

Con las finanzas de los agricultores al límite, surgen las dudas sobre el futuro de la uva de mesa en Chile.

"Todo se paga con la plata de la fruta, es la base del negocio exportador", sentencia Rodrigo Manasevich, director de Utilitas, que añade que los ánimos no son de los mejores entre los agricultores.

La trayectoria de los últimos años es clara: Chile está recortando su producción de uva de mesa. Mientras que en la temporada 2016-2017 se exportaron 732 mil toneladas, en la 2020-2021 se llegó solo a 536 mil toneladas.

En parte ha sido responsabilidad de la falta de agua que se arrastra por casi una década. Los productores de Elqui y Limarí giraron hacia los cítricos como una apuesta más segura para la poca agua que tenían.

En las regiones Metropolitana y de O'Higgins las uvas de mesa llevan años compitiendo con nueces y cerezos. Mientras el primer rubro es altamente mecanizable, el segundo ha tenido altos retornos.

El tema de mano de obra es fundamental en la uva de mesa, pues requiere una alta cantidad de labores manuales.

"Para ahorrar, los productores de uva de mesa nos hemos enfocado en las labores fundamentales, como la poda. Los amarres ya casi no se hacen entre los agricultores medianos o chicos. Hay que tener en cuenta que el costo de la mano de obra se disparó. Pasamos de pagar $30.000 por día hace unos pocos años a $50.000 al día en la actualidad", explica Juan Pablo Pinto.

El frente externo también ha jugado en contra de los resultados de los agricultores. Los productores de California han estirado el fin de su temporada para recibir parte del alza que tienen las uvas de mesa hacia fines de año.

Mientras tanto, Perú se ha convertido en un exportador importante, rivalizando con los volúmenes chilenos. De hecho, en la temporada 2020-2021 creció 17% en su volumen exportado, llegando a 57,2 millones de cajas. Para la nueva campaña, los vecinos del norte esperan crecer 9%, llegando a 62,3 millones de cajas.

Eso ha obligado a los agricultores de Copiapó, Huasco, Elqui y Limarí ha retrasar su cosecha casi un mes, para evitar la competencia peruana y californiana.

A eso hay que agregar el crecimiento de Jalisco, la parte más temprana de México, que puede colocar cerca un millón de cajas en Estados Unidos en abril, presionando el cierre de la temporada chilena.

Sin embargo, pese a los malos resultados de la última temporada y las amenazas locales y externas, hay razones para el optimismo.

"No es razonable sacar conclusiones de largo plazo a partir de un evento climático del que casi no hay registro. Chile tiene experiencia y clima para producir buena uva de mesa, hay gente muy capacitada y una logística experimentada. Los peruanos también están complicados, sus expectativas no se han cumplido y hay gente que se está saliendo del negocio. En Chile no ves gente que esté vendiendo sus plantaciones de uva de mesa. Vamos a llegar a un nuevo punto de equilibrio", afirma Manuel José Alcaíno, presidente de Decofrut.

En tanto Jorge Valenzuela sostiene que "la uva de mesa está en medio de un cambio estructural, profundo. Ya no es el buque insignia de la fruticultura, se ha achicado mientras que han crecido las cerezas. Si antes teníamos que caminar, ahora hay que correr. La renovación varietal es fundamental para tener mayores volúmenes y un producto apetecido por los consumidores".

Valenzuela cree que hay nichos que todavía queda por explorar. Destaca las condiciones óptimas para producir uvas blancas de alta calidad en Chile, algo que es muy difícil para los peruanos.

Gonzalo Salinas también cree que el rubro puede salir del difícil momento. Sin embargo, advierte que se necesita consistencia en la oferta.

"El consumidor repite la compra cuando tiene una buena experiencia. Por lo tanto, hay que verificar que la logística de empaque y distribución esté funcionando perfectamente a lo largo de la temporada. También hay que evaluar seriamente si corresponde o no exportar fruta que sufrió efectos adversos. Situaciones como la vivida en la temporada 2020/21 no se pueden volver a repetir", sentencia el banquero.


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Análisis
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“Realizar un adecuado manejo a nivel sanitario, de nutrición y de riego, entre otras cosas, resulta fundamental para avanzar hacia el objetivo principal de la temporada, que no es otro que obtener más y mejor fruta”.
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