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Santiago de Chile. Dom 28/11/2021

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El Mercurio - Campo

Falta de recursos:

La encrucijada para avanzar en el mejoramiento genético

De los 12 programas de frutales que existen en el país con financiamiento público, a tres se les terminará este año ese aporte, que en algunos casos representa hasta el 70% del presupuesto, por lo que hay dudas sobre su continuidad. En el sector analizan cómo apoyar estas iniciativas a mediano plazo.

Viernes, 03 de septiembre de 2021 a las 8:30
- El aporte de Corfo para el programa cerezos del Consorcio Biofrutales terminó en julio de este año.
Crédito: Asoex
El impacto productivo de los programas

El documento elaborado por Odepa resalta los resultados concretos que han obtenido los programas, donde la mayor parte corresponde a los que tienen más años de actividad. Hasta ahora, cinco de ellos han generado 12 variedades protegidas en Chile, que han sido adoptadas por al menos 780 fruticultores, de las cuales diez también se han protegido fuera del país.

Con ello, existen alrededor de 1.100 hectáreas plantadas con variedades chilenas dentro del país, de las cuales la primera se comenzó a comercializar en 2011, y se han producido unas 12 mil toneladas de frutas.

"Los impactos de los programas no se reducen a lo que se señala en esta parte, por cuanto la encuesta no aborda aspectos como formación de capital humano avanzado, infraestructura crítica, publicaciones, patentes, detalles de otros proyectos de investigación y desarrollo asociados, entre otros", indica la propuesta de Odepa.

"Estos programas también han significado tener 26 proyectos de biotecnología, cinco solicitudes de patentes, una marca registrada y más de 300 personas participantes, entre los cuales han colaborado 96 doctores, por lo que hacer mejoramiento en Chile no solo genera variedades, sino que un ecosistema que hay que sostener y alimentar", añade Rodrigo Cruzat.

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Paloma Díaz

En septiembre, con el florecimiento de los frutales, comienzan los meses de mayor trabajo para los programas de mejoramiento genético en Chile, donde se deben evaluar los cruzamientos de variedades, su adaptación a diferentes condiciones climáticas y luego la calidad y condición de sus frutos, algo que esta temporada está en ascuas para algunas de esas iniciativas, a las que se les termina el aporte de fondos por parte de Corfo.

Se trata de los programas de cerezos, uva de mesa y carozos que lleva adelante el Consorcio Biofrutales -donde participan el Inia, la Universidad de Chile y Fedefruta, entre otros actores-, donde el aporte de la entidad estatal llega a representar hasta el 70% del presupuesto y que tienen fecha de término para julio, noviembre y diciembre de este año, respectivamente.

"Hasta ahora, hemos definido que esos programas van a continuar con el financiamiento privado que tienen, pero reducidos a lo que significa ese aporte. Si es el 30%, vamos a seguir a ese ritmo hasta que podamos incorporar más apoyo para seguir adelante, algo que para este año ya no va a estar y es posible que para el próximo tampoco esté", asegura el gerente del Consorcio Biofrutales, Rodrigo Cruzat.

En el caso de los otros programas de mejoramiento vigentes, la fecha de término del financiamiento estatal es a más tardar en 2023, por lo que todos enfrentan una situación parecida, donde es clave proyectar cómo seguirán avanzando a mediano plazo, ya que la mayoría no ha alcanzado una etapa de desarrollo donde cuenten con resultados comerciales, como haber generado nuevas variedades.

"La mayoría de los programas lleva entre diez y 15 años y, por su naturaleza, no están maduros como para no depender de un financiamiento del Estado, que han tenido todos estos programas en el mundo. Es decir, les falta una última etapa de impulso público", dice Sergio Maureira, gerente del Consorcio Tecnológico de la Fruta de Asoex.

Frente a la encrucijada de cómo avanzar y contar con financiamiento para no perder el camino recorrido durante la última década, el área de Investigación y Desarrollo de la Comisión de la Fruta de Odepa elaboró recientemente una propuesta para crear un plan de fortalecimiento de los programas de mejoramiento genético de frutales, que fue entregado a Corfo hace algunos días, buscando fórmulas que permitan la continuidad de los proyectos.

"A través de un trabajo coordinado con el Ministerio de Agricultura, Odepa y el propio sector, se está en constante búsqueda de las líneas de trabajo que puedan dar pie a nuevas convocatorias, siempre con el foco en el desarrollo tecnológico productivo, escalamiento y comercialización, que son los principales objetivos en el impulso de estas iniciativas", señalan desde Corfo, donde la última convocatoria relacionada con el mejoramiento genético de frutales se hizo en 2016.

Resultados exitosos

La Corfo ha sido el principal organismo público a la hora de financiar estos programas en Chile, con un aporte que suma alrededor de $19 mil millones en subsidios, y hacen una evaluación positiva de los resultados obtenidos hasta ahora.

"Solo con las variedades registradas a la fecha, se han obtenido ingresos por más de US$ 40 millones referentes a exportaciones. Son variedades que ya se encuentran plantadas en cerca de mil hectáreas y han generado 1.300 empleos", destacan desde Corfo.

Entre esos resultados resaltan las variedades de uva de mesa del Consorcio Biofrutales, parte del programa que termina este año, y las obtenidas en carozos y nectarines.

A ellos se suman las nuevas variedades de frambuesas del programa encabezado por el Consorcio Tecnológico de la Fruta, liderado por Asoex, que ha permitido mejorar la competitividad para cientos de pequeños productores del berry , y a las que próximamente se sumarán resultados en uva de mesa y manzanas, según detallan en la Corfo.

Sin embargo, dejar de contar con buena parte del presupuesto que necesitan para funcionar tal como lo han hecho hasta ahora también implicaría un freno en esos resultados, y en los dos consorcios no han visto hasta ahora una señal clara de que habrá financiamiento a futuro.

"Independiente de si el Estado decide hacer algo para seguir invirtiendo, tenemos 27 empresas socias exportadoras que están dispuestas a continuar, porque estamos viendo los resultados... Pero esa inversión no va a ser de la magnitud con la que nos ha apoyado el Estado hasta ahora, por lo que probablemente habrá que volver a dimensionar los programas y ajustarlos", explica Sergio Maureira.

Desarmar equipos

Uno de los efectos inmediatos de la menor disponibilidad de presupuesto es tener que reducir los equipos de trabajo al mínimo, ya que en el sector estiman que en torno al 70% del presupuesto anual de los programas actuales corresponde a los recursos humanos.

En estos casos, además, se trata de profesionales especializados, que han dedicado al menos una década al mejoramiento genético, y que no son fáciles de reemplazar si se le vuelve a dar fuerza a los programas.

"Eso es lo más preocupante de no contar con el financiamiento suficiente, porque tienes que empezar a desarmar equipos que llevan mucho tiempo. En algunos casos hay profesionales que son profesores de universidades y de alguna manera pueden seguir trabajando en esta área, pero hay un grupo importante que tendría que buscar otras líneas de trabajo, después de haber estado durante 15 años en algo súper específico y que no es fácil de reemplazar a futuro", comenta Sergio Maureira.

En el caso de los programas que se les acaba el aporte de Corfo este año, desde el Consorcio Biofrutales aseguran que ya han tenido que comenzar a desvincular profesionales.

"Estamos haciendo un tremendo esfuerzo junto al Inia y la Universidad de Chile para sostener a los profesionales y mantener los programas, pero ya hemos tenido que bajar el ritmo y eso tiene costos importantes, como perder a gente que ha costado mucho formar y, desafortunadamente, ya hemos tenido que comenzar a desvincular a algunas personas y con ellos estamos perdiendo un capital científico de altísimo valor", afirma Rodrigo Cruzat, y resalta que es el mayor costo que implicaría el eventual cierre de programas.

Mirar a largo plazo

Si bien en el sector reconocen que los efectos del covid-19 han significado un indudable cambio de prioridades para los recursos fiscales, al que atribuyen en parte la falta de una continuidad en el apoyo económico a estos programas, consideran que ha faltado una mirada con los plazos que implica hacer mejoramiento genético, aun cuando Corfo hizo aportes por diez años.

"Como país necesitamos hacer una reflexión profunda sobre las oportunidades que tenemos con el mejoramiento genético y el aprendizaje que nos dejan estos años de trabajo... Debemos preguntarnos si vale la pena seguir, si los tamaños de los programas son adecuados, si vale la pena tener dos iniciativas por especie y si se debe invitar a más actores a participar", plantea Rodrigo Cruzat.

También cree necesario revisar cuáles son los plazos hasta donde el Estado debería participar con aportes de financiamiento, aunque hace una autocrítica sobre cómo se llegó a la situación actual, de arriesgar la continuidad.

"Nos confiamos en que todo iba a seguir como estábamos hace cinco años y que eventualmente la Corfo y el país iban a poder hacerse esas preguntas y responderlas oportunamente, pero se nos sumaron crisis que nos cambiaron la hoja de ruta como país", asegura.

Aunque comparte parte de esa mirada, Sergio Maureira advierte que desde el Consorcio Tecnológico de la Fruta de Asoex no habían percibido que el financiamiento hubiese estado asegurado antes de la pandemia.

"Estoy de acuerdo en que empezaron a aparecer prioridades que fueron dejando de lado estos programas, pero no es que hubiésemos tenido listo un instrumento de financiamiento para darles continuidad y que se haya caído. Lo que sí ocurre es que cuando se plantean estos temas en plena pandemia no son prioritarios en ningún lado", asegura.


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