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Pautas para comprar plantas frutales de buena calidad

Acudir a un vivero inscrito en el SAG y estar presente durante el proceso de formación de las plantas es fundamental para contar con material capaz de conseguir más y mejor fruta.

Martes, 14 de septiembre de 2021 a las 8:30
- Según la AGV, cada año se comercializan alrededor de 30 millones de plantas frutales en Chile.
Crédito: El Mercurio
En busca de un sello
Conscientes de la necesidad de contar con una certificación efectiva, la Asociación de Viveros de Chile y sus asociados, además del Servicio Agrícola y Ganadero y Fedefruta, están desarrollando un proyecto FIA que busca dar con un sello de calidad y sustentabilidad para diferenciar y reconocer a los viveros que trabajan con altos estándares productivos y de calidad, además de impulsar la mejora continua de la actividad.

"Este sello se enfoca en el desarrollo de protocolos para estandarización de procesos y productos, mediante el establecimiento de criterios de clasificación de calidades de plantas a través de aspectos fitosanitarios, morfológicos y de genuinidad varietal, considerando, además, el fomento de prácticas que crearán valor ambiental y social", explica Cristian Pichuante.

El proyecto, que permitirá dar mayores garantías a los fruticultores, accediendo a productos diferenciados, de calidad homogénea y controlada, ya cuenta con el consenso de protocolos para 7 especies frutales (arándano, avellano europeo, cerezos, cítricos, nectarines, nogales y vides de mesa), que serán implementados por los viveros socios AGV, contando con las primeras certificaciones a principios de 2023.

“Se espera además en el mediano plazo incorporar 11 nuevas especies a esta iniciativa”, agrega Pichuante.

Ampliar la acción del estado
Para Gamalier Lemus uno de los mayores inconvenientes para conseguir plantas de calidad es la precaria y escasa acción fiscalizadora del Estado -a través del SAG- a nivel sanitario.

“En la actualidad, por ley, el Estado supervigila algunas enfermedades cuarentenarias y otras más tradicionales como la agalla del cuello y los nemátodos. Sin embargo, hay otras patologías muy importantes que quedan fuera de ese control, lo que eventualmente es un problema para una actividad que crece día a día”, afirma el investigador.

Por lo mismo, asegura, sería bueno que al SAG se le dieran mayores atribuciones, de modo que tenga control sobre todas las enfermedades de importancia.

Luis Muñoz G.

Iniciar un proyecto con plantas de buena calidad, es decir sanas y equilibradas, con un sistema radical frondoso y con alta presencia de pelos radiculares es clave para obtener buenos resultados, independiente de si se trata de una plantación nueva o si se está apostando por el recambio.

“Puedes tener todo lo demás, pero si no tienes plantas buenas difícilmente se lograrán los objetivos productivos propuestos, los que apuntan a producir más y mejor fruta”, asegura Jean Paul Joublan, asesor frutícola.

Lograr este objetivo dependerá de que las plantas se adquieran en un vivero que pueda demostrar la calidad y sanidad de sus productos y que los productores participen activamente desde que se inicia el proceso de formación del material hasta su establecimiento en el huerto.

La elección del vivero

Si bien los expertos concuerdan en que en Chile existen muy buenos viveros, que trabajan con material de buena calidad y responden bien a sus clientes, advierten que en los últimos años, producto del aumento explosivo de la demanda por plantas —sobre todo de ciertas especies, como el cerezo—, han surgido empresas informales que no garantizan los estándares mínimos de calidad del producto ni de compromiso para realizar un trato comercial.

Por lo mismo, sugieren comenzar de manera temprana el proceso de elegir el vivero con el que se busca trabajar.

“Un productor que quiere plantar a fines de agosto no puede pretender ir a comprar las plantas el 15 de ese mes. Debe partir con el proceso al menos seis meses antes para ir a ver el vivero, ver cómo trabajan, entre otras cosas”, afirma Gamalier Lemus, investigador del INIA Rayentué y especialista en fruticultura.

Los expertos dicen que la decisión de trabajar con un determinado vivero no debe tomarse solo a partir del precio de las plantas.

“No todo es el precio, sino que también hay que tomar en cuenta la calidad del producto, pues muchas veces lo barato termina saliendo más caro. Y lo que es peor, se ve perjudicado el proyecto”, afirma Daniela Saavedra, encarga de proyectos y desarrollo de la Asociación de Viveros de Chile, AGV.

En ese sentido, Cristián Pichuante, presidente de la AGV, recomienda buscar viveros que, al menos, estén inscritos en el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y que cumplan con las disposiciones de la resolución 981 que norma a los viveros y depósitos de plantas.

“Todos los viveros deben comercializar sus plantas con etiqueta por planta o por grupo de plantas, ello le permitirá al productor conocer el lugar de procedencia de las plantas, así como identificar especie, variedad, portainjerto y registro SAG del vivero”, indica.

Una opción distinta a la anterior es adquirir plantas que cuenten con una certificación del SAG, ya que ello da seguridad de que ese material se encuentra libre de plagas de importancia económica y estratégicas para el país, y mantiene la genuinidad varietal, identidad y trazabilidad de los materiales usados en el proceso productivo. Si bien los expertos destacan el buen espíritu que persigue esta medida, advierten que en general implica altos costos y es engorrosa.

“En la actualidad solo algunas especies cuentan con plantas certificadas", indica Daniela Saavedra.

Cabe destacar que en la actualidad la AGV está desarrollando un proyecto que busca dar con un sello de calidad y sustentabilidad para diferenciar y reconocer a los viveros que trabajan con altos estándares productivos y de calidad (Vea el recuadro "En busca de un sello").

Otro aspecto que debería ser considerado por los productores a la hora de elegir el vivero es verificar que este cuente con profesionales y equipos capacitados y disponga de un programa fitosanitario y nutricional apropiado para la especie.

“La idea es que se garantice el desarrollo del mayor potencial de cada tipo de planta”, señala Cristián Pichuante.

El acompañamiento

Una vez elegido el vivero y firmado el contrato de compra-venta de las plantas es fundamental que el productor no se desentienda de la operación.

“Lo ideal es que el vivero tenga una política de puertas abiertas y el productor esté presente y encima del desarrollo de las plantas. De esta forma tendrá una certeza de lo que está comprando”, afirma Jean Paul Joublan.

Desafortunadamente, dicen los expertos, no todos los productores tienen consciencia de esto y se dejan estar.

“Es urgente que los productores tomen en cuenta esto, sobre todo cuando estamos hablando de algunos miles de plantas, que no significan una inversión menor. Además ahora muchos viveros, especialmente los más grandes y los medianos, permiten que sus clientes realicen visitas durante el proceso de crecimiento de las plantas. Hay que aprovechar esas opciones”, dice Gamalier Lemus.

En ese sentido, el experto recomienda establecer un calendario con el vivero, marcando como potenciales fechas de visitas algunas importantes para el desarrollo de las plantas.

“Si de mí dependiera, quisiera estar en octubre para ver el crecimiento de las plantas; en el momento en que se injertan, con el fin de ver la planta madre y de dónde se saca el material; y por supuesto en junio o julio, cuando se seleccionan y arrancan las plantas que llegarán a mi campo”, sostiene Lemus.

Los expertos sugieren también que en algunas de estas visitas el productor tome algunas muestras vegetales del material y las analice en laboratorio.

“De esta forma, se cerciorará de que las plantas tendrán un estado sanitario óptimo, pero sobre todo sabrá de forma certera si lo que está creciendo es la variedad que le dijeron que era, es decir, podrá asegurar la genuinidad varietal,”, indica Gamalier Lemus.

Según el investigador del INIA, el gran problema de tener una planta cuya variedad no se ajusta a lo requerido es que las consecuencias no serán inmediatas sino que se verán en el largo plazo.

“Un productor plantará el árbol ahora en invierno, pero la fruta recién saldrá en algunos años más, cuando ya no habrá mucho que hacer”, asegura.

Jean Paul Joublan, por ejemplo, comenta que tiene clientes a los que les han entregado variedades polinizantes erróneas que han generado cuantiosos problemas en los proyectos.

“Hay que tener en cuenta que en este caso se verá perjudicado un proceso vital como la polinización, que a la vez afectará la productividad del huerto. Es decir, hay un daño al bolsillo del productor”, comenta.

Entrega guiada

Una vez que las plantas se encuentran listas es importante que el productor y el vivero se pongan de acuerdo en la fecha de entrega, la que debe estar relacionada directamente con la fecha estimativa de plantación. Lo ideal es restringir al máximo el tiempo que pasa entre el arranque desde el vivero a la plantación en el campo y así de evitar el estrés de deshidratación.

“Así, por ejemplo, si el productor desea plantar entre el 15 de julio y el 15 de agosto se debería programar la entrega entre una semana y 10 días antes. Esto es especialmente importante para las plantas de raíz desnuda”, dice Gamalier Lemus.

También es importante que al momento de la entrega de las plantas el productor se haga presente en el vivero para hacer un último control. La idea, dicen los expertos, es que se cerciore de que el número de plantas y su condición concuerden con lo acordado con el vivero.

De igual forma, se recomienda que el productor aproveche el momento para aclarar todas sus dudas.

“La mayoría de nuestros socios cuentan con servicio de pre y post venta, entregando además manuales para asegurar el correcto traslado de las plantas, junto con recomendaciones de plantación según especie y tipo de planta. Sin embargo, esto no es una práctica que realice el 100% de la industria, menos aún el comercio informal de plantas”, asegura Cristián Pichuante.


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