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Santiago de Chile. Lun 21/06/2021

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Aspectos claves para mejorar la productividad y la calidad de los mandarinos

Es importante elegir la zona según el mercado al que se apuntará, y buscar las variedades óptimas para cada zona; además de conocer la disponibilidad real de agua a lo largo del año y contemplar la instalación de un sistema de riego idóneo de acuerdo al predio.

Jueves, 10 de junio de 2021 a las 8:30
- Un aspecto importante para asegurar una buena producción y calidad en los mandarinos es contar con un programa de fertilización que le entregue a la planta todos los nutrientes que requiere.
Crédito: El Mercurio
Luis Muñoz G.

El sostenido incremento de la demanda internacional y los buenos niveles de rentabilidad que muestran, en general, las mandarinas han aumentado el interés de los productores por plantar en diversas zonas del país.

Sin embargo, lograr buenas productividades y fruta de calidad adecuada no siempre es fácil, debido a los requerimientos climáticos y de agua de la especie a los que hay que adecuarse según la zona en que se instale el huerto.

Por lo mismo es importante hacer análisis profundo antes de tomar la decisión de plantar, en el que se consideren aspectos como las condiciones climáticas y la disponibilidad de agua de la zona, la variedad y el portainjerto que se usará y el sistema de riego que se implementará. Y, una vez establecido el huerto, llevar cabo las podas y la aplicación de productos como reguladores de crecimiento, entre otros manejos claves.

Buscando la zona

La elección de la zona de plantación debe ir de la mano con el mercado al que se pretende apuntar.

Así, si lo que se desea es apuntar al mercado temprano, lo mejor será mirar hacia lugares como la Región de Coquimbo, especialmente a los valles de Choapa, Limarí y Elqui, que destacan por tener condiciones de alta radiación y acumulación de calor compatibles con en el periodo de maduración del fruto que se da entre octubre y abril.

“Los mandarinos, a diferencia de especies como los paltos, reaccionan muy bien a las temperaturas altas. Así, cuando hay veranos cálidos con 32°C se ven favorecidos en su desarrollo”, afirma Francisco González, asesor experto en cítricos y paltos de BellotoAgro Ltda.

Al contrario, si lo que se busca es apuntar a mercados más tardíos se debe ir avanzando hacia el sur, considerando sectores entre las regiones de Valparaíso y O´Higgins que cuentan con climas compatibles con esta especie.

“Por lo mismo, es fundamental buscar lugares que a fines de verano muestren noches frescas y días cálidos”, agrega.

Sin embargo, Francisco González recomienda evitar establecer huertos en las zonas costeras, ya que en esos lugares los grados día son más bajos. Además, la moderación de temperatura producirá que el quiebre de color en la fruta sea débil.

Otro aspecto importante es saber si la zona cuenta con el agua necesaria.

“Si bien esto es difícil porque la disponibilidad de agua es variable de un año a otro, deberíamos considerar tener al menos un 85% de probabilidad de ocurrencia. De lo contrario, desarrollar el proyecto a través de los años de la forma en que se desea será bastante difícil”, asegura Raúl Ferreyra, asesor internacional experto en riego y drenaje y profesor universitario.

Conocer este mínimo permitirá, además, determinar de mejor manera la superficie de plantación.

“Si me falta agua, lo mejor será restringir la superficie de plantación que estar viviendo permanentemente en déficit. Hay que tener en cuenta que si bien hay estados fenológicos en los que la planta requerirá menos agua, siempre puede haber un daño”, explica.

La variedad y los portainjertos

Si bien en la actualidad existe un universo importante de variedades de mandarinas, los expertos coinciden en que la elección debe relacionarse directamente con la zona de plantación.

Así, por ejemplo, si se pretende plantar en una zona temprana como la Región de Coquimbo, debería tratar de establecer algunas de las mandarinas del grupo nules, como Oro Grande o Clemenules, que son de cosecha temprana, es decir, fines de marzo, abril y mayo.

“A pesar de que en esa zona hay plantaciones de W. Murcott, que es una variedad más tardía, su fuerte son las otras. Y creo que hay que aprovechar ese potencial”, afirma Francisco González.

Para el asesor, la W. Murcott puede alcanzar su mejor potencial en lugares como Panquehue y San Esteban, en la Región de Valparaíso, e incluso en localidades como Las Cabras o Peumo, en la Región de O´Higgins, que aparecen como el límite sur para esta variedad.

Los mandarinos, a diferencia de otras especies, pueden ser plantados en distintos tipos de suelos, ya que se cuentan con una amplia disponibilidad de portainjertos.

Entre lo más usados figuran Carrizo, C-35 y Citrumelo, los cuales tienen distintas características.

Carrizo, por ejemplo, es un portainjerto del grupo de los citrange, que desarrolla plantas fuertes, de buen tamaño de copa y buena calidad interna de la fruta.

Por su parte, C-35 es un patrón semienanizante que induce buen color de fruta, calibre y productividad, y presenta tolerancia a todos los problemas del suelo, incluyendo el nemátodo de los cítricos (Tylenchulussemipenetrans), una de las mayores amenazas que existe a nivel mundial para esta especie.

Entre las alternativas usadas también está Citrumelo, un portainjerto muy rústico, que soporta bien todo tipo de suelos, siendo una muy buena alternativa para el replante, ya que también es tolerante al nemátodo de los cítricos. Sin embargo, es susceptible a carbonatos. Además, tiene buena productividad, pero genera un calibre menor a C-35, por lo que demanda un mayor esfuerzo productivo en aspectos de manejos.

Otra de las opciones disponibles es Citrus Macrophylla, un patrón que a menudo muestra muy buena productividad y calibre en la fruta. Sin embargo, Francisco González comenta que en los últimos años muchos huertos de mandarinos plantados sobre este portainjerto, que se usa normalmente en limones, están teniendo problemas de calidad en la fruta.

“A pesar de que se puede lograr fruta de muy buen calibre, no permite subir tanto en grados brix. Además, es un patrón susceptible a nemátodos. Por lo mismo, hay que pensar bien antes de usarlo porque se podría transformar en un gran dolor de cabeza para el productor”, sostiene.

Instalar el riego adecuado

Otro aspecto fundamental a la hora de establecer el huerto es hacerlo con un sistema de riego idóneo para la zona y la variedad elegida.

Para ello lo primero es asegurarse de que el suelo tenga un buen acondicionamiento a la aplicación y salida de agua, ya sea de riego o de lluvia.

“Para ello es importante considerar aspectos como la orientación y dirección de plantación, el micro relieve del campo y contar con redes de drenaje, entre otras cosas”, dice Raúl Ferreyra.

La experiencia indica que el sistema de riego que mejor se adapta al mandarino es el por goteo con dos líneas de riego, dependiendo de la distancia de plantación que se utilice.

“Hay que tener en cuenta que lo que se busca con estos sistemas de riego es mojar solo una parte del terreno que se está cultivando, en este caso entre 50% y 55%, idealmente”, afirma Raúl Ferreyra.

El asesor sostiene que es importante que el sistema de riego que se diseñe tenga la capacidad de responder a fallas, contemplando la disponibilidad de un delta adicional de agua.

“A veces los equipos son demasiado ajustados en cuanto a la lámina que van a reponer. Por lo tanto, si existe un desperfecto, se genera un problema en la recuperación de humedad, que puede llevar a que la sequedad se prolongue por varios días”, explica.

Raúl Ferreyra destaca la importancia de hacer un buen manejo del riego, sobre todo en algunas épocas determinadas del año como a comienzos de temporada, cuando los equipos se están reparando y los suelos pueden secarse más de la cuenta.

En ese sentido, recomienda partir el manejo del riego con el suelo a capacidad de campo y disponer de un programa adecuado y especialmente con un sistema de control.

“Esto implica tener herramientas como sensores, que permitan ajustar de mejor forma las cantidades de agua a entregar”, complementa.

Francisco González comenta que al trabajar con sensores de humedad o FDR –estaciones que se ubican en el perfil del suelo y permiten establecer cómo se comporta el agua en tiempo real— en el campo se ha podido establecer que en el verano —en la primera o segunda quincena de enero, dependiendo de la ubicación del huerto—, cuando el fruto alcanza alrededor de 25 milímetros y comienza el llenado de fruto, la planta demanda hasta un 15% más de agua que se puede extender hasta mediados de marzo.

“El aporte de agua debe cubrir la demanda hídrica para mantener refrigerada la planta y la retención de la fruta, ya que se está produciendo el llenado”, asegura González.

Potenciar las cuajas

Los expertos explican que es fundamental que una vez que esté establecido el huerto, se preste atención en asegurar cuajas adecuadas.

“Hay que tener claro que los grupos nules suelen tener insuficientes cuajas, a diferencia de lo que ocurre con las W. Murcott que no suelen mostrar problemas”, indica Francisco González.

Una de las herramientas fundamentales para apoyar las cuajas es el ácido giberélico, un regulador de crecimiento que tiene la capacidad, entre otras tantas cosas, de aumentar la cuaja en nules y regular el tipo de brote de la planta.

“Cuando un huerto entra en situación de estrés se carga mucho a las floraciones sin hojas o los brotes generativos. Ese vicio o quiebre de exceso de floración, con muy malas cuajas, trae como resultado huertos de baja producción”, afirma Francisco González.

Según el asesor ese ciclo se puede revertir aplicando ácido giberélico en época de inducción floral, es decir, en la segunda quincena de mayo, en concentraciones de 20-25 ppm (partes por millón).

Si bien aún se está estudiando, la aplicación de otros bioestimulantes en primavera —noviembre y diciembre— también ayuda a mejorar las cuajas de los huertos de mandarinos y cítricos en general.

Otra labor que aporta a la obtención de mejores cuajas es la poda, la que debe ser realizada en poscosecha.

Francisco González señala que los productores deben tener consciencia de que la mejor calidad de fruta en cítricos se va a producir en los brotes mixtos, que corresponden a varias flores en una ramilla con hojas, o brotes campaneros, que son ramillas de primavera con hojas que solo tienen una flor en el extremo.

Por lo mismo, sugiere podar las ramas de tipo generativas que tengan exceso de floración, con el fin de evitar “grandes cuajazos” que derivarán en importantes caídas de fruta.

“Esta situación, además, nos puede llevar al añerismo de la planta”, complementa Francisco González.

Centrarse en la calidad

Entre los manejos para mejorar la calidad de las frutas figura la aplicación de varios productos, dependiendo de cuál sea el objetivo.

Así, si se lo que se busca es mejorar el calibre, la retención de fruta e incluso desórdenes fisiológicos como el Creasing o el envejecimiento de la fruta, una alternativa es usar auxinas de síntesis, especialmente los ingredientes activos 2,4-D, 2,4-DB y 3,5,6-TPA.

Sin embargo, en los últimos años, algunos mercados internacionales como Estados Unidos han levantado una alerta para evitar el uso de estos productos, ya que son considerados herbicidas.

“Por lo mismo, hay que tratar de no usarlas”, indica Francisco González.

Recomienda buscar los mismos efectos a través del uso de otras herramientas, como brasinoesteroides en la etapa justo antes del inicio de llenado de frutos.

“Nosotros aplicamos 22 mg por hectárea cada 7 días, en 3 a 4 aplicaciones durante enero, consiguiendo excelentes resultados, sobre todo en la mejora del calibre, que puede traducirse en 1-2 mm y mejor brotación de verano”, asegura Francisco González.

El asesor comenta que las pruebas que están realizando en la actualidad indican que la aplicación de citoquinina en el periodo de cuaja también ayuda a mejorar el calibre de la fruta en hasta 4 mm.

“En la actualidad también estamos probando esta fitohormona en aplicaciones de invierno para la mejora de inducción floral. Si bien hemos tenido resultados súper promisorios, aún seguimos experimentando”, dice González.

Si lo que se busca es mejorar la parte interna del fruto, como los grados brix, una buena opción es aplicar al inicio del llenado de fruto productos como extractos de algas o bioestimulantes.

Francisco González menciona que en la actualidad también se están estudiando los efectos de aplicaciones de molibdeno a partir de la primera quincena de enero, cada 30 días, y hasta marzo.

“SI bien en BellotoAgro estamos experimentando el mejor momento para la aplicación de molibdeno, a la fecha se ha visto que el programa de fertilización de verano, especialmente el nitrógeno, ha sido aprovechado mejor por la planta”, asegura.

Si bien no todos lo hacen, hay productores que suelen generar un estrés hídrico en las plantas, a través de la restricción de riego, en determinadas partes de la temporada, con el fin de mejorar o corregir los niveles de azúcares y acidez en la fruta.

“Es sumamente importante que los productores que lleven a cabo este tipo de manejos lo hagan bien, de lo contrario se podría comprometer además del calibre, las reservas nutricionales de la planta”, explica Raúl Ferreyra.

Una nutrición equilibrada

Un aspecto importante para asegurar una buena producción y calidad de fruta es contar con un programa de fertilización que le entregue al suelo y a la planta todos los nutrientes que requieren, diseñado considerando variables como que alrededor del 60% o 70% de la floración de los cítricos se produce en brotes de la primavera del año anterior (el resto ocurre en brotes de verano u otoño), por lo que es en esa época en que se deben evitar los problemas de deficiencia nutricional.

“De todas maneras, la de zinc y manganeso, que son las que se aprecian a simple vista, se pueden solucionar realizando dos aplicaciones foliares durante la primavera”, indica Francisco González.

Es importante que el potasio sea entregado entre enero y marzo y no coincida con el magnesio, ya que se puede dar una competencia entre ambos nutrientes.

En el caso del nitrógeno, Francisco González recomienda que los huertos se encuentren en rangos de niveles foliares no superiores a 2,4%.

“Si hay más de eso se pueden producir problemas de color en la fruta, retraso de la cosecha o exceso de vigor”, dice.

Por lo mismo, recomienda que en huertos de alta producción el nitrógeno sea distribuido proporcionalmente a tasas de 15% a 20% entre época de plena flor (octubre, noviembre, diciembre y enero) hasta marzo.

“Más importante que la fecha en que se aplica el nitrógeno son las concentraciones que se usen”, asegura.

En el caso de los huertos de alto rendimiento, también se recomienda realizar aplicaciones de fósforo entre enero y abril en porciones homogéneas de 15% a 20%.

“Esto es súper importante para el desarrollo de raíces”, señala Francisco González.


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Análisis
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Para lograr este objetivo es clave que se escoja el momento apropiado para realizar las aplicaciones y se utilicen la técnica y tecnología adecuadas.
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Este fenómeno, que puede llevar al productor a perder hasta la mitad de la cuaja, se puede combatir realizando algunas labores como la poda, la nutrición, la aplicación de reguladores de crecimiento y el riego, entre otras.
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Buscar una zona con buen clima y suelo, usar plantas de excelente calidad y contemplar la utilización de riego tecnificado, entre otras cosas, es fundamental para lograr buenos resultados productivos en un proyecto de este tipo.

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