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Santiago de Chile. Lun 06/12/2021

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El Mercurio - Campo

Paola Diez, directora nacional del Prodemu: “La mujer rural es clave para la subsistencia y sostenibilidad del mundo”

A pesar de ese rol clave, a nivel productivo y social, la brecha de género en el campo es mucho mayor que la que existe a nivel urbano. Según las cifras del Centro de Estudios Rurales del Prodemu, el 11% de ellas está bajo la línea de la pobreza versus el 8% de las de ciudad.

Miércoles, 30 de septiembre de 2020 a las 8:30
- El 37% de las mujeres rurales está en lo que se denomina pobreza multidimensional, que es la dificultad que tienen en el acceso a la educación, a la salud, a las redes, a la vivienda, asegura Diez.
Crédito: El Mercurio
La identidad de la mujer rural

“Tienen una identidad única que hace que su mirada sea pacífica, calmada, sus sueños sean esperanzadores. Siempre tienen una sonrisa, son optimistas, esforzadas, con una profunda conexión con la naturaleza. Eso cuando uno trabaja en políticas públicas, hay que relevarlo y contarlo. Es que la esperanza del mundo está ahí”.

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Patricia Vildósola Errázuriz

El empoderamiento y el desarrollo de las mujeres rurales implica visibilizar y poner en valor una identidad y aporte patrimonial que no está reconocido, enfatiza Paola Diez, directora ejecutiva del Prodemu, refiriéndose a que la mujer del agro es la protectora de tradiciones, cultura y forma de vida central en la identidad de Chile.

“La mujer rural es clave para la subsistencia y sostenibilidad del mundo. Es así de determinante. Ellas son las que preservan las tradiciones, la cultura misma del campo, de lo que es Chile en sus orígenes, y lo transmiten de generación en generación”, dice.

En el caso de las mujeres indígenas —el 24% de las mujeres rurales de nuestro programa son de pueblos originarios— esto se extiende incluso al intercambio, conservación y cuidado de semillas ancestrales”, enfatiza.

La abogada y magíster en recursos humanos explica que todos los números muestran la brecha que existe entre la vida urbana y la rural en todos los ámbitos.

“El 37% de las mujeres rurales está en lo que se denomina pobreza multidimensional, que es la dificultad que tienen en el acceso a la educación, a la salud, a las redes, a la vivienda. En el país esa cifra es del 20% de las mujeres del país. Y mientras en el Chile prepandemia el 8% de las mujeres estaba bajo la línea de la pobreza, en el agro ellas llegan al 11%. Es decir, la mujer rural es más pobre, tiene menos acceso y más dificultades para desarrollarse que la mujer urbana”, comenta la especialista, quien hará un taller sobre la mujer rural en la Expo ChileAgrícola que comienza mañana.

Los datos, explica, son de 2019, pues a pesar de que el último censo agrícola data de 2007 —correspondía realizarlo en 2017, pero ha debido ser postergado en diversas oportunidades—, el Centro de Estudios Rurales del Prodemu realiza mediciones anuales.

En estos, por ejemplo, se ve que a nivel educacional, en el campo, el 46% de las mujeres no ha terminado la educación escolar, de acuerdo a 2019. Y el 37% de ellas no tiene ningún estudio de educación media.

Otra brecha importante es el acceso a la tecnología, a las redes y en el manejo del computador. “El 20% de las mujeres en Chile no tiene acceso a internet porque es muy caro. En el campo pueden tener teléfono, pero no wifi”. Por ello, la especialista cuenta que, en pandemia, donde la conectividad se volvió clave, trabajaron en empoderamiento digital con las mujeres rurales, capacitándolas en herramientas digitales para uso social, productivo, familiar, a través de un celular y con conectividad gratis por 18 meses, lo que se asoció a un programa de nivelación de estudios para que saquen cuarto medio.

En el mundo de hoy “necesitan estar conectadas, si no, es no existir”, recalca la especialista.

-¿Cuál es la causa de fondo de la brecha de género, incluso con el sector urbano?

El campo se ha feminizado. Ahí, especialmente en la pequeña agricultura, son las mujeres las que están, mayoritariamente, a cargo de las familias, de los hijos, de atender el campo o la huerta que les genera buena parte de los alimentos para esa familia. Además, están en el mundo laboral a través de trabajos de temporeras, otras labores asalariadas, y con emprendimientos. Los hombres, que tienen un mejor nivel educacional, han emigrado, trabajan fuera, siguen en el rol del proveedor que aporta desde lo económico, pero no comparte las otras labores con su pareja.

Un estudio de la UC mostró que durante la pandemia, el 57% de los hombres dedicó cero horas a labores domésticas y el 38%, cero horas a las de cuidado. Incluso estando en pandemia se les recargaron estas labores estando el hombre en la casa. Eso profundiza las desigualdades y las injusticias respecto de las mujeres rurales.

-Mencionaba que la mujer rural se ha incorporado al mundo laboral con emprendimientos propios…

Tenemos que cerca del 27% son productoras agrícolas. Tienen su emprendimiento, muchas de hortalizas, como lechugas. Sin embargo, esas mujeres tienen también una situación de vulnerabilidad. Estas mujeres están expuestas a problemas de salud, por estar mucho de pie, a la intemperie, sufren de cistitis, várices, enfermedades en las manos... Tienen jornadas de trabajo muy largas y contratos no de calidad, temporales, o a trato. Esa es la situación de vulnerabilidad.

Además, cuando trabajan su propio emprendimiento, no acceden a créditos.

Esto es porque la mayor parte prefiere la informalidad, porque así tienen más puntos en el Registro Social de Hogares. Sienten que si se formalizan, pierden beneficios del Estado. Por ello es clave abrirles la idea de que la formalidad les abre puertas, con eso puede, por ejemplo, acceder al crédito.

El tema es muy profundo. Un estudio del 2019 concluyó que el 57,7% de las mujeres rurales reconoce que el jefe de hogar es su esposo o un hijo. En el 36% el esposo y el 21,7%, un hijo. Ella no reconoce que contribuye económicamente.

-¿Cómo se enfrenta una situación que es de fuerte raigambre cultural?

Con empoderamiento de género. A eso se enfoca el programa de mujeres rurales del Prodemu. Y eso es un programa de tres años que se trabaja desde cuatro pilares. Está la capacitación en su empoderamiento. Que aprendan a reconocer lo que valen, a reconocer su potencialidades, habilidades y para qué son buenas. Que tomen conciencia de que ellas quedan fuera del espacio público, donde sí aparece el hombre. Ellas incluso cambian su postura física, dicen, “hoy puedo hablar en mi familia, puedo imponer mis puntos de vista”. Esto, además, está acompañado de capacitación para asociarse y emprender por ellas mismas. Luego está la capacitación productiva, donde Indap las capacita en el tema técnico y que las acompaña en producir lo que ellas eligieron producir; finalmente, la gestión de su emprendimiento y sus productos.


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