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Santiago de Chile. Sáb 31/10/2020

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Los planes de la primera granja vertical en América Latina

Hace poco más de un año, los chilenos Pablo Bunster y Cristián Sjörgen instalaron una planta piloto de 300 metros para producir hortalizas de hoja verde en Quilicura, equivalente a tres hectáreas convencionales, sin usar pesticidas y que consume un 95% menos de agua.

Martes, 07 de julio de 2020 a las 8:30
- 1% del espacio que requiere una lechuga común es lo que se utiliza en la agricultura vertical.
Crédito: Gentileza AgroUrbana
El despegue de la agricultura vertical en el mundo

El concepto de agricultura vertical comenzó a desarrollarlo hace poco más de diez años el profesor de la Universidad de Columbia Dickson Despommier, quien lo planteó como una manera de combatir el cambio climático y como una respuesta para atender la creciente demanda de alimentos que se proyecta para el año 2050.

Los socios de AgroUrbana actualmente son socios de la red internacional Association for Vertical Farming -donde son los únicos latinoamericanos y participan otras empresas, investigadores y universidades- y explican que a nivel global todavía es una industria incipiente, con relativamente pocos actores, donde se están trabajando distintos modelos de producción y comercialización, ya que no solo se orienta a las hortalizas, sino que también a hongos, insectos, peces y algunas frutas, como los berries.

Algunas compañías de agricultura vertical en países como Estados Unidos ya han logrado obtener financiamiento por más de US$ 100 millones.

Paloma Díaz Abásolo

Al interior de un galpón de unos 300 metros cuadrados, que forma parte de un grupo de bodegas en Quilicura, opera desde hace poco más de un año la planta piloto de AgroUrbana, la primera granja vertical de Chile y Latinoamérica. Ahí producen hortalizas de hojas verdes en condiciones reguladas de luz, agua, temperatura y humedad y cumplen así su premisa de producir más alimentos con menos recursos.

Si bien en los últimos meses el acceso está más restringido que lo habitual, debido a las medidas para evitar contagios por coronavirus, la planta ha podido seguir funcionando y vendiendo su producción. Y, aunque en las imágenes de sus instalaciones se ven varios estantes con filas de bandejas apiladas, cargadas de lechugas y hojas de distintos colores y formas, el lugar es más parecido a un laboratorio que a un campo, ya que todas las variables se miden y controlan con precisión.

La iniciativa nació cuando sus socios fundadores, Pablo Bunster (44) y Cristián Sjörgen (42), ingenieros que llevaban casi diez años dedicados a las energías renovables, comenzaron a estudiar en qué sectores había oportunidades de generar un desarrollo parecido al que tuvo esa área durante la última década en Chile, para lo cual se fueron durante tres meses a Estados Unidos a evaluar alternativas.

"De hecho, esto de la agricultura vertical era nuestro plan B. Estábamos en San Francisco con la idea de hacer algo relacionado con la generación distribuida, siempre ligados a las energías renovables, y Cristián me dijo que había revisado que este tipo de agricultura usaba un montón de energía... No sabíamos nada de agricultura y eso fue parte del atractivo que tuvo para nosotros. Vimos que podíamos ser competitivos y traer una categoría nueva al país", afirma Pablo Bunster.

Los primeros tres meses, los socios de AgroUrbana se dedicaron a producir sus primeras plantas con luz artificial y comprobar que el sistema podía funcionar. Como aun no eran los tiempos del coronavirus, viajaron a conocer proyectos de agricultura vertical en otros países (ver recuadro) y levantaron unos US$ 500 mil de capital para instalar la actual planta piloto, que ya tiene un año de funcionamiento y produce el equivalente a 20 mil porciones de mix de hojas verdes al mes, las que se comercializan en restaurantes y canales de venta online, y que próximamente estarán en una cadena de supermercados.

"Los números nos hicieron sentido. Vimos que los desafíos que enfrenta la agricultura chilena existen, que el mercado está y que la tecnología nos juega a favor, porque muestra tendencias de bajas de precios muy parecidas a las que en su momento vimos con las energías renovables, lo que nos da la oportunidad de traer la agricultura a la ciudad", asegura Cristián Sjörgen.

Producir más con menos

El sistema de producción de AgroUrbana es la hidroponía que, sumada a la disposición vertical de los cultivos, permite ahorrar agua y tierra. De esa forma, lo que obtienen en la planta de 300 metros cuadrados equivale a lo que producirían tres hectáreas con manejo convencional, utilizando un 95% menos de agua, y con expectativas de ser aún más eficientes en ese aspecto.

"Estamos viendo la posibilidad de llegar a un nivel menor del 5%, condensando el agua que eliminan las plantas, para ser todavía más eficientes", explica Cristián Sjörgen y detalla que sus lechugas requieren entre uno y dos litros de agua, frente a los cuatro a ocho litros que se usan en los invernaderos y los cuarenta a sesenta litros al aire libre.

Además, aseguran que las hortalizas que producen tienen una duración mayor a las convencionales, no se les aplican pesticidas y permanecen todo el tiempo en un ambiente inocuo, por lo que el consumidor no necesita lavarlas.

"Nuestro producto es saludable, trazable y sustentable. Tenemos todo un proceso que lo avala y además utilizamos un envase reciclable, de cartón y un porcentaje mínimo de plástico", comenta Pablo Bunster.

En cuanto a la demanda de energía que tiene la agricultura vertical, que hoy representa su mayor costo, señalan que debido al tamaño de la planta no es posible elegir la fuente de abastecimiento, pero que a futuro el proyecto contempla abastecerse solo de energías renovables para funcionar.

"Siempre nos imaginamos a AgroUrbana de esa manera y el uso de energías renovables es una parte importante del por qué estamos en esto", añade Cristián Sjörgen, y adelanta que pronto comenzarán a probar con la producción de berries y flores comestibles.

Aprender para crecer

Al cumplir un año de funcionamiento como planta piloto, los planes de AgroUrbana se enfocan en consolidar el modelo de negocios desde la producción de las hojas verdes hasta su comercialización, para poder avanzar hacia la construcción de una planta a escala comercial, diez veces más grande que la actual y que les permitirá aumentar la producción en veinte veces.

Recientemente realizaron una segunda ronda de financiamiento en la que captaron cerca de US$ 1 millón, que contó con la participación del fondo de inversiones CLIN, de Chile Global Ventures, perteneciente a la Fundación Chile. Con esos recursos avanzarán en el desarrollo de nuevas tecnologías -principalmente centradas en el procesamiento de datos, módulos de cultivo y uso de sensores-, continuar con el plan de ingreso al mercado y prepararse para la fase de escalamiento industrial, que pretenden concretar en el segundo semestre del próximo año.

"En los próximos meses iniciaremos una nueva ronda de financiamiento que nos permitirá obtener los recursos necesarios para construir la granja vertical de fase comercial", aseguran los socios de AgroUrbana.

Si bien hoy producen alrededor de diez mil cabezas de lechugas al mes y durante los próximos meses incorporarán dentro de su oferta otras hojas verdes, como kale, albahaca, rúcula y mostazas, entre otras, explican que la planta actual tiene una escala de piloto para los tamaños y volúmenes que se requieren en esta industria.

"Necesitábamos construir una planta piloto que fuera un reflejo de la comercial, sino todo el aprendizaje iba a tener muy poco valor. Podríamos haber levantado menos capital y haber hecho una planta chica, pero no habríamos aprendido lo que necesitamos saber para ser realmente competitivos en el tiempo... Nosotros pensamos en la receta de AgroUrbana, que vaya desde la genética hasta el mercado al cual va cada producto, y eso toma tiempo", resalta Pablo Bunster.

Como parte de esa receta, en una etapa futura apuntan a replicar la fórmula de producción que logren desarrollar en otras ciudades de Latinoamérica.

Menor huella de carbono

Uno de los aspectos que diferencia a la agricultura vertical de la convencional es la cercanía que existe entre el lugar de producción y el consumidor final. De hecho, algunas compañías internacionales, como la estadounidense Square Roots, promocionan las hierbas que producen como "híper locales", ya que cada vez son más los consumidores preocupados por la distancia que existe entre el punto de producción y de venta de los alimentos, por la huella de carbono que generan.

Esa menor distancia es una de las ventajas que permite equilibrar la diferencia de costos que hasta ahora tiene producir una hortaliza de hoja verde en una granja vertical, donde el costo del suelo es más alto, debido a que está en la ciudad, y el de la energía y mano de obra también, porque la utiliza todo el tiempo en el primer caso, y en el segundo porque se requiere personal más calificado.

"En la estructura de costos de un producto convencional, solo entre el 10% y 20% del precio que pagas va al productor y el resto corresponde a la cadena de distribución. En ese sentido somos mucho más eficientes en logística, distribución y cadena de frío, porque el tiempo que hay entre la cosecha y el restaurante es de 20 minutos, algo que reduce las mermas y la huella de carbono", dice Pablo Bunster.

Si bien las restricciones generadas por el coronavirus les obligaron a buscar nuevos canales de comercialización -estaban en dos restaurantes de Santiago-, principalmente online , creen que la pandemia es una buena oportunidad para demostrar que en una situación compleja pueden asegurar la producción uniforme de hortalizas durante los 365 días del año.

"Con este sistema podemos asegurar la uniformidad del producto durante todo el año. La persona que elige un paquete o mix de verduras siempre va a recibir la misma calidad", aseguran.

También explican que en los supermercados, donde ingresarán el próximo mes, no competirán directamente con las lechugas hidropónicas, sino que con la categoría de productos de cuarta gama, que son frescos, tienen un grado de proceso y valor agregado, como estar listas para comer sin tener que lavarlas.

"Por un mix de hojas verdes de 150 gramos, en ese segmento de cuarta gama, somos competitivos y tenemos una diferencia de precios de entre 10% a 15% por sobre el sustituto más cercano. Eso es algo que estamos buscando", dice Pablo Bunster.


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