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Santiago de Chile. Mar 27/10/2020

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El Mercurio - Campo

Alternativa a los fertilizantes químicos: Compostar las ramillas de sarmientos de vides

Al mezclar los restos de madera obtenidos de la poda con sustrato se obtendrá un producto con propiedades bioestimulantes, que permite un ahorro efectivo de entre 30% y 50% en el uso de fertilizantes químicos.

Miércoles, 29 de julio de 2020 a las 8:30
- Una herramienta fundamental para compostar las ramillas de sarmiento es el tractor con pala.
Crédito: Proyecto Life Sarmiento
Cinco requisitos
Los investigadores recalcan que hay cinco requisitos que los productores deben cumplir antes para apostar por producir este compost:

1-Superficie mínima: Para que este sistema sea rentable un productor debe contar con, al menos, 80 hectáreas de viñedos.

“Hay que tener en consideración que para crear un metro cúbico de compost se necesitan cerca de 2 metros cúbicos de sarmiento. Y como mínimo hay que contar con entre 100 y 120 metros cúbicos de sarmiento para que el proceso se inicie con garantías y arranque de buena forma la fermentación”, sostiene Cristóbal Sánchez.

2-El tractor: Se requiere contar con un tractor pala para levantar y transportar los restos de sarmientos y las enmiendas orgánicas ya terminadas.

“Esto es algo con lo que la mayoría de los viticultores cuentan, por lo que eventualmente no debería implicar un gasto demasiado importante (entre €10 mil y €80 mil, dependiendo de las especificaciones y caballos de fuerza de la máquina)”, asegura Cristóbal Sánchez.

3-Solera de hormigón: Contar con ellas permitirá impermeabilizar la zona de mezcla e impedir que se filtre material orgánico al suelo o a alguna napa subterránea.

Los expertos comentan que por cada 100 hectáreas de viñedos se deberían tener 500 metros cuadrados de solera, lo que en España tiene un costo estimado de entre €3 mil y €4 mil.

4-Sistema de riego por micro aspersión: Para obtener los resultados esperados un productor debería contar con un sistema de riego de micro aspersión, que permita mantener húmeda la mezcla, sobre todo cuando se vea expuesta a temperaturas de entre 30°C-35°C.

“Basta con tener una manguera de 30 a 40 centímetros de diámetro, dependiendo de la longitud del montículo, e instalar cada dos o tres metros una goma con un micro aspersor”, explica Cristóbal Sánchez.

5-Molino picador de martillo: Es la herramienta que permite picar los sarmientos obtenidos de la poda, sin embargo no siempre se recomienda comprarlo.

“En este caso, lo mejor es arrendarlo, puesto que su uso es muy limitado y, aun cuando se cuenten con un nivel de hectáreas alto, el trabajo no durará más de una o dos semanas. E incluso podría tardar días”, sostiene Cristóbal Sánchez.

¿Por qué no aplicar sarmientos directamente?
Sánchez advierte que, en el pasado, algunos agricultores intentaron moler los sarmientos y aplicarlos al suelo sin pasar por un proceso de compostaje. Sin embargo, esto generó que el suelo obtuviese más carbono del que le es posible degradar, lo que a su vez llevó a que la vid no pudiera disponer del nitrógeno necesario en primavera, que es cuando más lo necesitaba.

“Además, si el sarmiento no está bien picado, actuará como reservorio de insectos que luego harán agujeros en la vid y se transformarán en patógenos para la planta”, advierte Cristóbal Sánchez.

Rolando Araos Millar

La poda de ramillas de sarmientos —nuevos vástagos o ramas que se producen cada año— es fundamental para el buen desarrollo productivo de los viñedos. Sin embargo, esos desechos usualmente se eliminan a través de la quema, práctica que además de ser peligrosa, por el riesgo de incendios si no se toman los resguardos adecuados, contribuye al calentamiento global al liberar importantes cantidades de gases de efecto invernadero, especialmente dióxido de carbono.

Conscientes de este problema, desde 2016 un grupo de investigadores españoles busca alternativas que permitan hacer un manejo más sustentable y ecológico de estos desechos, para lo cual están probándolos en el suelo como enmiendas orgánicas, y de paso revalorizándolos.

“Lo que se pretende demostrar es que estos sarmientos, cuando son gestionados y revalorizados de manera adecuada, se pueden transformar en subproductos mediante técnicas de compostaje”, asegura Cristóbal Sánchez, CEO de Microgaia Biotech, una de las tres compañías —junto a Eurovértice y Bodegas del Rosario— que participan en el proyecto Life Sarmiento

La iniciativa, que se extenderá hasta diciembre de 2022, está siendo desarrollada en varios viñedos de Bullas, una localidad ubicada en la región de Murcia y que cuenta con un clima parecido al que existe en la zona centro sur de Chile.

Creando el compostaje

Con dos temporadas de pruebas, los investigadores han determinado que lo más importante para obtener los resultados adecuados es generar las condiciones para que se produzca el compostaje, proceso de oxidación realizado por una serie de hongos y bacterias que, en este caso, se alimentan de lignina y hemicelulosa, principales compuestos de los sarmientos en sustrato.

Para crear el ambiente ideal para que los microorganismos realicen su trabajo, la primera tarea es picar las ramillas para desfibrar la madera y dejar expuestas las partes internas, ya que ahí se retiene más humedad. Esta etapa la realizan a fines del invierno europeo —entre fines de enero y febrero— utilizando molinos de martillo que han demostrado ser los más eficientes.

Una vez picada, la madera se mezcla con un sustrato rico en vermiculita, fibra de coco de grado 3 y humus de lombriz, en pilas o montículos de 2-3 metros de ancho, durante marzo y abril, cuando las temperaturas europeas lleguen a los 12°C-15°C. Estos montículos van apoyados sobre soleras de hormigón de entre 15 y 20 centímetros de espesor que aislarán el producto del suelo, impedirán que percolen a las napas subterráneas y ayudarán a equilibrar la humedad y la aireación de la mezcla, permitiendo que ingrese oxígeno suficiente para que los microorganismos trabajen.

Esta etapa es esencial para el resultado final, insisten los expertos.

“Si hay demasiada humedad, se producirán encharcamientos y zonas con ausencia de oxígeno, creando podredumbres en vez de compost”, comenta Cristóbal Sánchez.

Si las condiciones son las adecuadas comenzará el proceso del compostaje, en el que la descomposición de la materia orgánica generará una alta liberación energética llevando a que al interior del montículo se alcancen temperaturas de entre 70°C y 75°C, lo que incluso resulta clave para la sanidad del proceso y la calidad del producto final.

“Este proceso es fundamental porque ayudará no solo a degradar la materia orgánica sino también a higienizar y erradicar a cualquier bacteria u hongo patógeno, debido a la temperatura de trabajo. Además, cualquier semilla que pueda estar dentro, quedará inactiva o será destruida”, explica Cristóbal Sánchez.

Para que ello se cumpla, el encargado debe, además, preocuparse de mantener los niveles adecuados de humedad, especialmente en momentos en que la temperatura ambiente sea excesiva y pueda impedir que los microorganismos realicen adecuadamente su labor.

El resultado final será una materia orgánica de gran calidad, que puede ser aplicada cada dos o tres años, debido a que cuenta con ácidos húmicos y fúlvicos y tiene una baja tasa de descomposición en los suelos.

“El material resultante se puede empezar a utilizar a partir de diciembre”, asegura Meissa García, asistente de proyectos de Eurovértice.

Buenos resultados

Pese a que aún falta para que termine la investigación, los especialistas señalan que, además de contribuir al cuidado del medio ambiente —al reducir las emisiones de gases de efecto invernadero—, con el uso del compost que se produce se puede lograr —dependiendo de la cantidad de sarmiento que se haya procesado— un ahorro efectivo de entre 30% y 50% en el uso de fertilizantes químicos.

Según los investigadores, la opción de expandir los beneficios de esta experiencia a otros sitios de España y el mundo, recién se evaluará en 2022, cuando finalice el proyecto.


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