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Las claves para realizar una buena poda en uva de mesa

Retrasar las labores, ajustar la densidad del huerto, definir las expectativas productivas y evitar errores comunes, son esenciales para obtener resultados positivos durante la temporada. Conozca más detalles técnicos sobre la poda, a continuación.

Miércoles, 11 de mayo de 2016 a las 8:30
Poda tradicional, también llamada Guyot o de elemento largo.
Crédito: El Mercurio
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Daniela San Martín N.

La poda de producción es una de las tareas más importante dentro del manejo de la uva de mesa, debido a que incide de forma directa en el rendimiento de la planta y en la calidad final de los frutos.

Es por esto que como primer alcance, es necesario aclarar la definición de poda como tal, ya que de acuerdo a Iván Muñoz, ingeniero agrónomo, asesor experto en manejo de uva de mesa, éste es el primer concepto que muchos malentienden. “La poda es la eliminación de partes vivas de la planta para que haya una influencia sobre fenómenos fisiológicos. Si elimino una parte seca, no es poda, porque no influye en nada, ni en crecimiento ni en la producción”, explica.

Diferentes tipos de poda

Existen dos tipos de poda diferentes para la vid: la corta y la larga, y su elección dependerá únicamente del hábito de fructificación, al igual como ocurre con todos los frutales. En este caso, es en los sarmientos y es de tipo basal, es decir, desde que la fructificación comienza, cuando aparece la primera yema en adelante.

La poda larga también conocida como “guyot” es la poda tradicionalmente utilizada para uva de mesa y está orienta a variedades como Thompson Seedless, Superior y Crimson Seedless, las cuales tienen algunos problemas de fertilidad y normalmente requieren un número mayor de yemas para alcanzar el nivel productivo deseado.

Iván Muñoz: “No hay que olvidar que mientras más yemas dejo, más dispareja será la brotación de las yemas”

De acuerdo a Iván Muñoz, la problemática sobre este tipo de poda comienza con la decisión de cuántas yemas dejar sobre los cargadores. “No hay que olvidar que mientras más yemas dejo, más dispareja será la brotación de las yemas. En estas variedades se dejan, por lo general, entre 7 y 10 yemas por cargador. Sin embargo, creo que 8 yemas por cargador es lo máximo. Por ejemplo, dependiendo del vigor, si dejamos 20 cargadores por planta con 7 yemas cada uno, más algunos pitones, se llega a alrededor de las 150-160 yemas por planta. Cada yema producirá un racimo, es decir, estamos hablando de 160 racimos, lo que es demasiado. En un sistema de parrón tradicional, de 3 x 3 metros, se debe buscar los 40 a 45 racimos por planta. No tranzo el número de racimos porque apuesto a una mayor calidad de la fruta, lo que a su vez significa un mayor número de cajas embaladas”, afirma.

La poda corta, en tanto, se dirige a variedades como Red Globe o Flame Seedless, las cuales presentan una alta fertilidad de la yema, por lo que se deben dejar 3 o 4 yemas por cargador.

Según el especialista, la principal ventaja de este sistema es que distribuye de mejor manera la producción con los pitones. De hecho, en este sistema, el pitón es productivo a diferencia de lo que ocurre con la poda larga.

De igual forma, este sistema se acomoda muy bien a todas las variedades, con la excepción de aquellas que no tienen una marcada fructificación basal como Sultanina o Superior. “En lo personal, siempre recomiendo este tipo de poda corta, ya que es mucho más fácil de realizar y, además, consigue penetración de luz. Se debe saber que una Sultanina o Superior no debe podarse así, ya que perderá producción. Sin embargo, una Flame Seedless, por ejemplo, que fructifica en yemas basales, sí puede ser podada de esa forma”, indica Iván Muñoz.

Antes de comenzar

Las labores de poda de invierno pueden variar de año a año. Esto dependerá del volumen de producción requerida. Para establecer el número de cargadores y yemas que se deben dejar, lo primero es conocer la fertilidad de estos elementos. Esta información se puede recopilar a través de un análisis de yemas, con el que se realiza una estimación del porcentaje de fructificación que tendrá el parronal durante la temporada. El estudio se debe hacer en base a muestras de cargadores de distintos sectores del huerto, las que son enviadas a un laboratorio agrícola.

Carolina Cruz: “La tendencia es que exista una mayor densidad de plantación, por lo que el número de cargadores y yemas por parra será menor”

Otro aspecto importante para definir la intensidad de la poda, es el marco de plantación en el que se encuentra establecido el parrón. “Ahora, la tendencia es que exista una mayor densidad de plantación, por lo que el número de cargadores y yemas por parra será menor”, asegura Carolina Cruz, ingeniero agrónomo y asesora privada especializada en uva de mesa.

De acuerdo a la experta, antes la densidad promedio era de 816 plantas/ha. Sin embargo, hoy ésta llega a las 2.000 plantas/ha. La experta explica que con este nuevo sistema se obtiene un número de racimos similar por superficie. No obstante, al exigirle menos a cada parra, la condición y calidad de la fruta será mejor, aumentando la precocidad y, por ende, la cantidad de cajas con potencial exportable. “Una mayor densidad te permite tener un sistema de distribución distinto, que facilita otros manejos como los desbrotes y la regulación posterior de carga. Así, también mejora la ventilación al interior de los parrones, factor importante para evitar ataques fungosos”, añade Carolina Cruz.

Cuándo podar

Los trabajos de poda deben realizarse cuando la planta de la vid se encuentra en receso, es decir, cuando la madera se encuentra completamente lignificada y sin hojas. De hecho, se puede notar en el color de la madera. “Un brote tierno en crecimiento, por ejemplo, es verde. Cuando eso madura, a medida que disminuye la temperatura, se va lignificando desde la base hacia el ápice, por lo que se pone de color café”, explica Iván Muñoz.

Cabe destacar que la lignificación demora más en plantas muy vigorosas, especialmente en aquellas que han sido fertilizadas fuertemente con nitrógeno. Esto se debe principalmente a que la planta requerirá más tiempo para detener su crecimiento, por lo que disminuirá su capacidad de acumulación de reservas. “El vigor está muy relacionado con los nutrientes. Se debe recordar que la vid es el frutal que menos nitrógeno necesita. De hecho, con sólo 40-60 unidades cubre sus requerimientos y alcanza este equilibrio, por lo que la planta comienza a lignificar adecuadamente. No obstante, por lo general, se ven fertilizaciones nitrogenadas de 90 unidades, lo que rompe el equilibrio y no permite que la planta entre en su receso a tiempo”, agrega Iván Muñoz.

El periodo de receso suele iniciarse entre el mes de mayo y julio, dependiendo de las condiciones climáticas y la estacionalidad de las variedades, aunque de acuerdo a los expertos en zonas con riesgo de helada mayor, estas labores deberían retrasarse. De hecho, la recomendación apunta a podar más tarde y esperar el mes de julio.

Y es que la fecha de poda, además, se relaciona con en el momento de la brotación. Mientras más tarde ocurra, más se retrasará la floración, pudiendo posponerla hasta en 15 días. En sectores de la zona centro-sur, por ejemplo, donde la incidencia de heladas primaverales es mayor, la poda puede llevarse a cabo, incluso, saliendo del invierno, desde el 15 de agosto en adelante.

En el valle de Copiapó, por ejemplo, este trabajo se inicia durante las primeras semanas de mayo, debido a que el riesgo de heladas primaverales es muy bajo y la floración ocurre antes que en otras áreas del país.

Sin embargo, en las zonas altas de esa ciudad, desde la localidad de Los Loros hacia arriba, y las regiones del centro-sur, donde existen mayores posibilidades de heladas, la poda debe ser retrasada.

Respecto de las variedades, el periodo de poda dependerá de la época de cosecha. Las variedades tempranas como Perlette y Flame Seedless se podan primero generalmente durante el mes de mayo, mientras que las tardías como Thompson Seedless, Red Globe y Crimson Seedless deberían estar próximas a comenzar con esta labor, desde mediados de junio a julio.

Recomendaciones

Antes de iniciar la poda es importante verificar que los sarmientos (futuros cargadores) hayan alcanzado la maduración y no estén verdes, ya que de lo contrario se quemarán con la primera helada.

Así también, se debe procurar que la mano de obra encargada de llevar a cabo esta labor posea cierta experticia en este tipo de huertos, ya que es responsabilidad de los operarios que los cargadores tengan un vigor homogéneo y estén bien expuestos a la luz, y que las yemas sean frutales.

Según los expertos, después de la poda se deben ejecutar tres acciones, además del clásico pintado de los cortes (sobre todo de los de un grosor mayor a una moneda de cien pesos): el ordenamiento de ramas, la limpieza de corteza y la amarra.

La primera busca una mejor aireación de la planta y una mayor exposición del follaje al sol. La segunda labor consiste en eliminar las partes dañadas de la corteza con el fin de disminuir el riesgo de enfermedades. La amarra, en tanto, busca sujetar las ramas al cable guía, con el fin de posicionar los cargadores en forma plana y distribuirlos de manera uniforme. Esto permitirá que no queden uno sobre otro y evitará que los racimos se topen posteriormente.

Errores típicos

El error más común durante la poda es que los operarios no sigan las pautas recomendadas. Esto puede derivar en una dispersión en el número de yemas, debido a que los trabajadores, por lo general, no se preocupan de dejar el número adecuado de yemas por cargador.

Otro error es generar doble piso, es decir, dejar dos o más cargadores sobrepuestos, lo que puede crear una sombra que perjudique la producción.

En aquellos años en que la brotación ha sido dispar, la poda tiende a “irse a la punta”. Esto quiere decir que los cargadores se alejan del eje central de la parra. Para evitar esta situación, los podadores deben dejar sólo las yemas más cernas al eje, debido a que estos brotes serán más vigorosos.

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