El positivo registro de actividad recogido por el Imacec (Índice Mensual de Actividad Económica, del Banco Central) correspondiente a junio constituye, sin duda, una buena noticia. Después de cinco meses consecutivos de Imacec anualizados negativos, el incremento de 2,4% de la actividad registrado en el sexto mes del año, respecto de igual mes de 2025, representa un alivio en la tendencia y espanta, de paso, el fantasma de una recesión técnica (dos trimestres consecutivos de retroceso) que en algún momento llegó a plantearse como riesgo. El crecimiento de junio fue, además, superior a lo que proyectaba el mercado, lo que posiblemente explique el entusiasmo de algunos agentes con el dato. No debe olvidarse, sin embargo, que, como un todo, el nivel de actividad económica anotado en junio es, en términos desestacionalizados, casi idéntico al de diciembre de 2025, dando cuenta de que el primer semestre ha sido uno de virtual estancamiento, imponiendo así un importante desafío para la segunda mitad del año.
En su composición, el crecimiento de junio descansó sobre dos grandes pilares. Por una parte, la actividad minera tuvo un mes particularmente positivo (9,8%), revirtiendo los registros negativos de los primeros meses del año, que tan duramente habían pesado sobre las cifras de Imacec anteriores. A su vez, el comercio también tuvo un mes de fuerte crecimiento (5,4%), tanto en su vertiente mayorista —ligada a la intermediación de maquinarias y equipos de producción— como en su versión minorista, más dependiente del consumo de los hogares.
En este contexto, las perspectivas para el segundo semestre siguen siendo desafiantes. En efecto, el estancamiento sufrido durante los primeros meses del año representa una carga importante para el registro anual, por lo que lo verdaderamente relevante será, justamente, evaluar la velocidad de crecimiento en la segunda parte de 2026. Desde ya, la normalización de la minería asegura mejores números en el crecimiento anualizado, pero será la recuperación del consumo y la inversión —reflejada en mayores registros en comercio, servicios y sectores manufactureros— lo que verdaderamente ofrecerá indicios de si la economía está repuntando. En este sentido, la velocidad de la actividad —esto es, su comparación con la del mes inmediatamente anterior— servirá como un indicador más cercano de aquello.
Por cierto, la aprobación de la Ley de Reconstrucción constituye una noticia que augura mejores perspectivas de cara a los próximos meses. Sin embargo, será en la eventual recuperación del empleo donde las personas posiblemente van a sentir el mayor dinamismo. En esta línea, la capacidad de las autoridades para impulsar una agenda fuerte en materias laborales y que apuntale particularmente al sector construcción será relevante; en este sentido, el proyecto para ampliar y extender la vigencia del subsidio a las tasas hipotecarias es un paso positivo. Las obras públicas, el ritmo que tomen las concesiones en el corto plazo y un mayor dinamismo en el sector inmobiliario serán posiblemente los catalizadores de una mayor demanda y actividad a partir del segundo semestre.