Señor Director:
Las recientes imágenes de edificios cayendo como fichas de dominó como consecuencia de lo que fue denominado un “doblete sísmico” en Venezuela nos obligan a mirar lo que ocurre con nuestro país en materia de construcciones.
Chile tiene una larga y dolorosa historia de terremotos destructivos. Como consecuencia, se ha generado una tríada virtuosa que sirve como escudo frente a estos eventos: una de las normativas sísmicas más exigentes del mundo (NCh433 sobre Diseño Sísmico de Edificios), una gran escuela de ingenieros, arquitectos y calculistas, y una industria inmobiliaria y constructiva a la altura de los desafíos.
La ingeniería y arquitectura en Chile ha desarrollado una tipología de edificios basado en muros de hormigón armado, llamados muros de corte, ampliamente reconocidos por la ingeniería sísmica mundial, que logra edificios rígidos con un perfecto control de las deformaciones excesivas, evitando así colapsos y daños no reparables en las estructuras.
Las características dinámicas del sismo en Venezuela son altamente destructivas y exigentes en deformaciones, pero no son mayores que las del terremoto 8,8 Richter del 27F de 2010. Y, sin embargo, en Chile no llegan a diez los edificios colapsados y obligados a demoler posterremoto.
En Venezuela, como también ha ocurrido en México y Turquía, hay certeza del no cumplimiento de las normas y especificaciones técnicas de materiales, así como de permisos irregulares de edificación y otras formas de evadir los controles, fenómeno que en Chile no ocurre, ya que inmobiliarias y constructoras cumplen rigurosamente con las normativas y obligaciones vigentes.
En tiempos en que resulta tan fácil criticar, conviene reconocer el alto estándar sísmico de las construcciones chilenas, que han probado ser seguras y confiables.
Slaven Razmilic
Director ejecutivo Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios (ADI)