La acumulación de cuatro registros negativos en las variaciones del Imacec refleja la delicada situación económica con que el país terminó 2025 y que se ha seguido arrastrando hasta la primera parte de este año. En efecto, si bien el índice correspondiente a abril —que mostró un retroceso de la actividad de 1,2% en comparación con igual mes del año anterior— puede interpretarse a la luz de la fuerte caída experimentada por la minería, lo cierto es que ya son varios los meses de contracción económica que se acumulan. Así, en una mirada más amplia, el primer trimestre de este año registró una actividad que fue 0,5% inferior a la del mismo trimestre de 2025, con caídas generalizadas ya no solo en la actividad minera, sino también en la industria y en el resto de los sectores.
Varios factores están detrás de este fenómeno. Desde luego, por más que el gobierno anterior proclamó como uno de sus logros haber normalizado el país y dejar una economía dinámica, ello no se ha visto en las cifras. Todo indica más bien que el verdadero legado de la administración de Boric fue una economía en franco estancamiento. Es cierto que hoy se observa un fuerte impulso de la inversión minera. Sin embargo, este no se refleja en una mayor producción de cobre, sino en mayor actividad asociada a la inversión en infraestructura, importación de maquinarias y servicios conexos como logística y transporte. Pero, además, ese panorama contrasta con la falta de dinamismo del resto de la economía, donde la inversión inmobiliaria, por ejemplo, se ubica en sus mínimos y el consumo tampoco muestra algún impulso.
Resulta fundamental notar, por otra parte, que buena parte de las cifras del primer trimestre no incorporan los efectos de la guerra en Irán, por lo que no es razonable atribuir esta desaceleración al impacto de ese conflicto o al alza de las bencinas. El impacto de estos fenómenos —de manifestarse efectivamente en una menor disposición a consumir y a invertir— debería estarse generando actualmente, para reflejarse en los próximos indicadores.
Si a todo ello se le suma la dramática situación del empleo, la conclusión es inequívoca. Cualquier esfuerzo del Gobierno por impulsar la economía será poco y el sistema político transversalmente debería asumir esa causa como propia. En este sentido, el proyecto de Ley de Reconstrucción Nacional es un aporte relevante y, más allá de cuestiones más o menos marginales que puedan ser revisadas, el corazón de la iniciativa, que apunta a disminuir impuestos, revisar el sistema de permisos y ajustar el gasto público, debe mantenerse y, en lo posible, amplificarse. La urgencia que representa para los chilenos la falta de empleo y de oportunidades se hace patente con estas cifras, y constituye un verdadero mandato al Gobierno para reimpulsar su agenda. Por lo mismo, ha hecho bien el Presidente Kast, en su Cuenta Pública, en fijar un conjunto acotado de prioridades, poniendo un foco central en este tema y en la seguridad, verdaderas urgencias para la gran mayoría de los ciudadanos.