Editorial
Martes 23 de agosto de 2016
El valor metodológico de las encuestas
Los continuos perfeccionamientos de las técnicas de estudios de la opinión pública han conducido a que ahora se puedan conocer con bastante exactitud las opiniones de la población de un país. En Chile ha habido varias encuestas que han ido adquiriendo prestigio, y en materias políticas es especialmente reconocida la del CEP...
Los resultados de la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) parecen haber causado cierta desazón en algunos dirigentes que han planteado sus dudas sobre el valor de los estudios de opinión pública. Como nadie podría manifestarse sorprendido por lo que reveló la última encuesta del CEP, ha habido un intento por restarle validez al método mismo que emplean las investigaciones sobre el electorado. "Lo importante es cómo toda la población se siente y no solo los que contestan las encuestas, que son solo un par de miles", afirmó el ministro del Interior, Mario Fernández, quien ha insistido en que lo único que vale son las elecciones. Es una posición que parece compartir con el presidente del Partido Comunista, quien ha dicho que las encuestas no definen nada, sino que lo que vaya a ocurrir en el futuro se verá solo por las elecciones.
Es comprensible la molestia de los dirigentes, pero no su crítica a los bajos números de entrevistados, pues es un hecho bien conocido, al menos desde 1936, que basta con una muestra seleccionada al azar para representar adecuadamente a una población, por grande que esta sea. Ese año, en las cruciales elecciones presidenciales de Estados Unidos, George Gallup, con una muestra relativamente pequeña, anunció al ganador, Franklin Roosevelt, en contraste con el periódico Literary Digest, que el día antes de la elección, luego de una encuesta a 2.300.000 votantes, anunció que ganaría su rival, Alf Landon. La idea detrás de la muestra de Gallup era que debían ser representativos de toda la población de Estados Unidos, lo que no se cumplía en la gigantesca encuesta del Digest, que había predicho correctamente cinco elecciones previas.
Los continuos perfeccionamientos de las técnicas de estudios de la opinión pública han conducido a que ahora se puedan conocer con bastante exactitud las opiniones de la población de un país. En Chile ha habido varias encuestas que han ido adquiriendo prestigio, y en materias políticas es especialmente reconocida la del CEP. En esta oportunidad, además, el estudio reveló la misma realidad que reflejan las otras empresas que se dedican a analizar la opinión pública. Sus resultados no corresponden a las ideas de los miles de personas que responden, sino que representan el universo real del país. Tal es su aspiración, al menos.
Los estudios de opinión pública han adquirido una preeminencia innegable, al punto de que no existen gobiernos modernos que se permitan prescindir de ellos. Desde luego, el gobierno chileno tiene un presupuesto bastante abultado precisamente para conducir sus propias encuestas y conocer así las opiniones de los ciudadanos en distintas materias. Gracias a esta metodología la ciudadanía ha logrado imponer diversos temas, sin necesidad de realizar manifestaciones ni demostraciones de fuerza, sino solamente respondiendo a los entrevistadores, que de este modo pueden poner en el escenario público las reales inquietudes de la gente, incluyendo a las minorías y las mayorías silenciosas. No solo en política, sino también en asuntos culturales y sociales, además de las innumerables encuestas económicas, la metodología de seleccionar una muestra representativa se ha impuesto en Chile y en el mundo. Así sabemos cuál es el nivel de cesantía o cuál es el de la inflación o de la pobreza. No se mide ni se entrevista a todo el país, sino solo a unos pocos miles de personas para formarse la idea de cuál es la situación general. Del mismo modo como para examinar la salud de un paciente basta con una muestra de sangre y no es necesario sacarle toda la sangre del cuerpo.
Es comprensible la molestia de los dirigentes, pero no su crítica a los bajos números de entrevistados, pues es un hecho bien conocido, al menos desde 1936, que basta con una muestra seleccionada al azar para representar adecuadamente a una población, por grande que esta sea. Ese año, en las cruciales elecciones presidenciales de Estados Unidos, George Gallup, con una muestra relativamente pequeña, anunció al ganador, Franklin Roosevelt, en contraste con el periódico Literary Digest, que el día antes de la elección, luego de una encuesta a 2.300.000 votantes, anunció que ganaría su rival, Alf Landon. La idea detrás de la muestra de Gallup era que debían ser representativos de toda la población de Estados Unidos, lo que no se cumplía en la gigantesca encuesta del Digest, que había predicho correctamente cinco elecciones previas.
Los continuos perfeccionamientos de las técnicas de estudios de la opinión pública han conducido a que ahora se puedan conocer con bastante exactitud las opiniones de la población de un país. En Chile ha habido varias encuestas que han ido adquiriendo prestigio, y en materias políticas es especialmente reconocida la del CEP. En esta oportunidad, además, el estudio reveló la misma realidad que reflejan las otras empresas que se dedican a analizar la opinión pública. Sus resultados no corresponden a las ideas de los miles de personas que responden, sino que representan el universo real del país. Tal es su aspiración, al menos.
Los estudios de opinión pública han adquirido una preeminencia innegable, al punto de que no existen gobiernos modernos que se permitan prescindir de ellos. Desde luego, el gobierno chileno tiene un presupuesto bastante abultado precisamente para conducir sus propias encuestas y conocer así las opiniones de los ciudadanos en distintas materias. Gracias a esta metodología la ciudadanía ha logrado imponer diversos temas, sin necesidad de realizar manifestaciones ni demostraciones de fuerza, sino solamente respondiendo a los entrevistadores, que de este modo pueden poner en el escenario público las reales inquietudes de la gente, incluyendo a las minorías y las mayorías silenciosas. No solo en política, sino también en asuntos culturales y sociales, además de las innumerables encuestas económicas, la metodología de seleccionar una muestra representativa se ha impuesto en Chile y en el mundo. Así sabemos cuál es el nivel de cesantía o cuál es el de la inflación o de la pobreza. No se mide ni se entrevista a todo el país, sino solo a unos pocos miles de personas para formarse la idea de cuál es la situación general. Del mismo modo como para examinar la salud de un paciente basta con una muestra de sangre y no es necesario sacarle toda la sangre del cuerpo.





