EL MERCURIO. COM
Versión para imprimir El Mercurio.com

Santiago de Chile. Lun 21/06/2021

21:10
Atención a suscriptores

Santiago:   Mín. 5°C   |   Máx. 20°C   |   Actual 13°C

Comentario al libro “Una cuestión de género. Ruth Bader Ginsburg o la lucha por la igualdad”, de Ana Rodríguez

"...A propósito de la película “On the Basis of Sex”, nos sumerge en la vida y obra de la fallecida jueza de la Corte Suprema de Estados Unidos (...) El libro es interesante, pues a través de una prosa ágil e inteligente dota de espesor histórico y jurídico a una cinta que, dado su carácter de biopic, no profundiza en cuestiones que para ojos del jurista no pueden pasar desapercibidas..."

Viernes, 07 de mayo de 2021 a las 16:48
Ficha técnica
Título: Una cuestión de género. Ruth Bader Ginsburg o la lucha por la igualdad.
Autor: Ana Rodríguez Álvarez
Editorial: Tirant Lo Blanch (Colección Cine y Derecho)
Edición: 2021
Precio: 18,90 €
106 páginas
  • Facebook
  • Twitter
Enviar
Imprimir
agrandar letra
achicar letra
Por Camilo Arancibia
La prestigiosa Editorial Tirant lo Blanch posee, dentro de sus variadas colecciones, una que se titula “Cine y Derecho”, dirigida por los académicos Javier de Lucas y Fernando Flores, donde se está produciendo una labor interdisciplinaria sostenida y relevante para la proyección de los estudios entre Arte y Derecho. Una muestra reciente de dicho desarrollo es el libro que pasamos a reseñar de la Dra. Ana Rodríguez Álvarez, profesora de Derecho Procesal de la Universidad de Santiago de Compostela, quien a propósito de la película “On the Basis of Sex” (“Una cuestión de género”, 2018), nos sumerge en la vida y obra de la fallecida jueza de la Corte Suprema de Estados Unidos, Ruth Bader Ginsburg (1933-2020).

El libro es interesante, pues a través de una prosa ágil e inteligente dota de espesor histórico y jurídico a una película que, dado su carácter de biopic, no profundiza en cuestiones que para ojos del jurista no pueden pasar desapercibidas. Si la película nos muestra los primeros pasos de la protagonista como estudiante de Derecho, su etapa como profesora en Rutgers y su labor como litigante intentando romper las brechas de género, la profesora Rodríguez incluye un primer capítulo sobre la formación intelectual de Bader que resonará en cada paso que ella avance, pues allí se produce una valoración del uso de la palabra que la lleva a señalar, cuando ya es jueza de la Corte Suprema, que nuestra carrera posee una base literaria, donde la expresión y la retórica tienen un papel principal. Así, género y literatura irán de la mano y se manifestarán a lo largo de la vida de Bader, culminando dicha simbiosis en un último capítulo que aporta la autora sobre la etapa judicial de la protagonista. Atendido lo anterior, mi propuesta de lectura del libro se divide en cinco partes y un comentario final: ¿qué tiene que ver Nabokov en todo esto?

La formación cultural de Bader proviene del tesón de sus padres porque ella fuera una mujer independiente y profesional, de sus escapadas a las bibliotecas públicas de Brooklyn y de su paso por la U. de Cornell. Allí conocería a Vladimir Nabokov, quien le enseñaría sobre el valor de las palabras. Nos señala la autora que bajo el magisterio del escritor ruso aprendió que “las palabras podían pintar imágenes. Y que elegir la palabra correcta y el orden adecuado para presentarlas podía marcar la diferencia a la hora de transmitir una idea” (18).

En el año 2010 Bader concedería una entrevista para “The Scribes Journal Of Legal Writing” donde ahondaría en esta idea, señalando que los abogados tienen el deber de ser los mejores escritores, pues su obligación está en servir al público.

La elección de las palabras, entonces, la unión de una con otra, permite una mejor comprensión y un acceso a la justicia diáfanos.

Con esa idea en mente enfiló sus pasos hacia Harvard.

Ser una estudiante de Derecho: es 1956 y la imagen que abre la película es decidora, con una centena de hombres enfundados en sus trajes, satisfechos de sí mismos, que suben las escaleras hacia la Facultad de Derecho de la U. de Harvard. El carácter simbólico de la escena tiene su punto alto en el siguiente cuadro: un salón de actos repleto de hombres, menos tres mujeres, que parecen sorprendidas de haber llegado a ese lugar. Y tienen razón, las labores asignadas tradicionalmente a la mujer no decían relación con estudiar una carrera universitaria, sino con hacerse cargo de las tareas de la casa.

La presión sobre las mujeres era enorme y no solo las involucraba individualmente, sino también colectivamente. Como bien señala la autora: “Si ellas fallaban, no lo hacían solas. Todas las mujeres lo harían con ellas” (25). Una intencionada asociación de lo femenino con lo irracional deviene en un cuestionamiento radical a su condición de persona y a sus capacidades en la educación y en el trabajo. Como dijera Julieta Kirkwood en su libro “Ser política en Chile” (1986): “En consecuencia, entre las mujeres veremos una escasísima capacidad de participación en la definición de metas y objetivos sociales, políticos y económicos, salvo que sean planteadas como la defensa de su función natural” (40).

A pesar de ello, Bader se las arregló para ser la primera de su generación en base a su capacidad de razonamiento y estudio sistemático. Una escena de la película insinúa estos rasgos. Se discute en clases acerca de un caso de daños producto de una intervención quirúrgica y la cuestión se centra en el contenido de la obligación del cirujano: si consistió simplemente en curarle la mano al cliente o dejarla en perfecto estado. Uno de los compañeros de Bader señala que es lo mismo y ella, advirtiendo la diferencia de grado entre un compromiso y otro, dice: “No lo es. Las palabras importan”. Las enseñanzas del maestro ruso habían hecho efecto, pero tomarían otro cariz, más relevante, en su trabajo como profesora en Rutgers.

Feminismo en el aula: los constantes rechazos soportados por Ginsburg al intentar incorporarse a los mejores estudios de abogados (“ya hemos contratado a otra mujer”, “¿pero qué pasa si se embaraza?”, le decían) reorientaron su vocación hacia la docencia, donde brillaría enormemente por la creación de su curso sobre “Discriminación sexual y la ley.”

La autora relata que la toma de conciencia feminista de la futura jueza se produjo entre 1962 y 1963 en una estancia de investigación en Suecia, donde pudo apreciar las mejoras laborales y universitarias de las mujeres escandinavas. La recepción de esas ideas, y el impuso decisivo de sus alumnas en orden a que dictara un curso de esas características, hicieron que la asignatura se pusiera en marcha. Con todo, los materiales para dicho curso eran escasos. Si bien en 1964 se había aprobado la Civil Rights Act, ella decía relación con la lucha contra la discriminación por razón de origen racial, no en base al género. La diferencia en el tratamiento entre hombres y mujeres se fundamentaba en la teoría de las esferas separadas, que consistía en que cada persona ocupaba el rol que por su naturaleza le correspondía: a las mujeres “lo doméstico, la de los cuidados (…) Frente a ella estaría la esfera de lo público y del poder, que sería, como es fácil imaginar, la ocupada por los hombres” (45), sintetiza la autora.

En base a ese curso Bader comienza a entender que va a ser necesario acudir a los tribunales de justicia para poder dar a la ley otro sentido, uno que, bajo las palabras restrictivas con que operaba, abriera la puerta a un trato igualitario sin discriminación. Por lo mismo, refina sus ideas y en vez de la voz “sexo” empieza a litigar en base al concepto de “género”, lo cual tendrá importantes consecuencias jurídicas.

Litigación estratégica (impugnar lo “natural”): varios casos se habían presentado ante tribunales poniendo en cuestión el rol que la mujer debería cumplir en la sociedad, pero todos habían sido rechazados en base a la teoría antes descrita. Había que mostrar cómo, bajo un uso “objetivo” del lenguaje, se escondían premisas culturales erróneas y arbitrarias sobre la conducta de hombres y mujeres. El caso Moritz contra Comissioner (1972) permitiría demostrar esa situación. El demandante era Charles Moritz, un trabajador soltero que cuidaba a su madre anciana y enferma. Para cuando debía viajar contrataba a una enfermera, por lo que solicitó una deducción del Código Fiscal. La petición fue rechazada pues el supuesto de hecho era que la cuidadora fuera una mujer o un hombre viudo o divorciado, pero no uno que nunca se hubiera casado. Se castigaba al hijo que responsablemente se hacía cargo de su madre en sus últimos años. El caso permitía establecer cómo las normas perjudicaban tanto a hombres y mujeres cuando el criterio diferenciador era el género.

Trazando una línea que tomaba como primer antecedente Bradwell contra Illinois (1873), Bader logra derrotar las visiones catastrofistas que sus adversarios le planteaban (“los sueltos bajarían”, “los divorcios se dispararían”, “¿quién cuidaría a los niños en casa?”, etc.) y gana el caso que, en su parte resolutiva, señalaba que cuando el criterio empleado para efectuar una distinción es el sexo, “la clasificación está sujeta a escrutinio bajo los principios de igualdad de protección (…) Y esos principios de igual protección se aplican aquí, básicamente, como parte del debido proceso previsto en la Quinta Enmienda” (76, 77).

La autora nos señala que a la par del caso Reed contra Reed, “Moritz constituyó el primer caso federal en el que se declaró que la discriminación por razón de género era inconstitucional” (77). El trabajo de Bader, probado como académica, ahora rendía frutos concretos y duraderos en tribunales.

Notorius RBG o una mujer en la Corte Suprema:
la película se detiene mucho antes que Bader fuera nominada a ocupar el cargo de jueza de la Corte Suprema, pero el libro sigue a la protagonista en esta etapa.

Las décadas de los sesenta y setenta fueron fructíferas para Bader, pues le permitieron fundar en el seno de la ACLU (American Civil Liberties Union) el Womens Rights Project, que buscaba, a propósito del género, concienciar a la ciudadanía, cambiar la legislación y la jurisprudencia, pero, además, el ambiente político y los cambios culturales que experimentó Estados Unidos y el mundo favorecieron la idea de que una mujer pudiera ocupar la más alta magistratura judicial.

Ello tomaría algún tiempo, pero en 1993 Ruth Bader sería la segunda mujer en ocupar el cargo de jueza en la Corte Suprema. Desde ese puesto continuó con su lucha por los derechos civiles siendo ponente en el caso Estados Unidos contra Virginia (1996), donde se declaró inconstitucional la política de acceso limitada a aspirantes varones del Instituto Militar de Virginia y, luego, cuando la corte tomó un giro conservador, sus votos particulares la hicieron conocida en todo el país convirtiéndola en un ícono pop. Eso no significó una merma en sus convicciones, sino que, muy por el contrario, ellas se acentuaron. Como señala la autora, un voto interesante fue el registrado en Ledbetter contra Goodyear Tire & Rubber Co (2007). La trabajadora de la fábrica Goodyear, Lily Ledbetter, descubrió que, a través del tiempo, ella fue cobrando entre 15% y 40% menos que sus compañeros varones. La Corte Suprema, en una votación de 5 a 4, rechazó el caso, pues la acción había prescrito. Esto le sirve a Bader para hacer hincapié, primero, en que era discutible si la acción estaba prescrita, pues el cómputo del plazo se podría reanudar con cada salario pagado, pero, además, ello demostraba que se omitían las características comunes a la disparidad salarial que se producía en base a pequeños incrementos que iban provocando la brecha entre hombres y mujeres. Su derrota, en todo caso, se transformaría en victoria, pues la primera ley del Presidente Obama sería la Lilly Ledbetter Fair Pay Act.

Créditos finales: este libro de la profesora Rodríguez se lee con barthesiano gozo y su erudición (véase la exhaustiva bibliografía) solo facilita la comprensión de aspectos culturales y jurídicos que, como señalábamos, la película elide. En esta obra se aprecia de buena manera el consejo que la jueza Bader daba sobre la escritura judicial: “Realmente me esfuerzo, primero que todo, de escribir un fallo donde nadie tenga que leer dos veces una oración para entender lo que dice” (The Scribes Journal Of Legal Writing, 134). Una escritura diáfana, sencilla y precisa permite, a fin de cuentas, comprender lo que se quiere decir, pero aún más, nos permite acceder al otro (a) / lo otro de una manera cabal. La Dra. Rodríguez logra este cometido de muy buena manera, al entrecruzar aspectos biográficos, jurídicos, de género y culturales sobre la reconocida jueza Bader.

Un libro a tener en cuenta para entender, entre otras cosas, el campo cultural en que nos movemos los y las abogadas.

* Camilo Arancibia Hurtado es magíster en Derecho de la Universidad de Chile, magíster en Literatura Comparada de la U. Autónoma de Barcelona, doctorando en Filosofía de la U. Autónoma de Barcelona y profesor de la Escuela de Derecho de la U. de Valparaíso.

EL MERCURIO.COM
Términos y condiciones de la Información © 2002 El Mercurio Online
El Mercurio

"...Esperamos que en el debate parlamentario se corrijan los errores y vacíos del proyecto, perfeccionándolo en el sentido señalado. Sería muy lamentable que, tal como en la Ley de Acuerdo de Unión Civil, no se efectúen de forma meditada y rigurosa todas las modificaciones legales pertinentes, afectando la seguridad jurídica y la estabilidad de las relaciones que se formen a su amparo..."

El Mercurio

"...A pesar de las limitaciones constitucionales, nuestros tribunales superiores, y en particular la Corte Suprema, a través de su Sala Constitucional, han tratado de dar debida protección a situaciones abusivas en que en principio se invocan derechos no asegurados, como es el derecho a la salud. Resulta, entonces, interesante revisar la forma que han buscado para dar tutela indirecta a los mismos..."

El Mercurio

"...No obstante las diversas y muy relevantes diferencias entre la situación del daño moral y la sanción penal, parecen asemejarse en el problema de la inconmensurabilidad. Aunque, agreguemos ahora, se distancian en la forma que resuelven la cuestión, en Chile al menos...."

El Mercurio

"...Facilitaría las cosas que los grupos que se empiezan a articular al interior de una Convención Constitucional, bastante fragmentada en sus orígenes, se concentraran en debatir y fijar sus posiciones respecto del reglamento y otros puntos fundamentales del proceso, en lugar de adelantar por los medios de comunicación y las redes sociales sus diferencias con las posiciones de otros..."

El Mercurio

"...Si el matrimonio deja de ser una institución reservada a hombres y mujeres libres y capaces de casarse entre sí, entonces, ¿qué sentido tiene el darle una normativa civil? Propongo que, de partida, se derogue el artículo 102 del Código Civil, que pierde todo su sentido cuando se reemplazan las palabras 'hombre' y 'mujer' por 'personas'..."

Ver más

Comentarios Recientes

Más Comentados

Ranking de Comentadores