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Separate ways: deber de lealtad de socios a propósito de un caso en California

"...En cuanto al deber de lealtad que se impone a los directores de las sociedades anónimas, se ha reconocido por nuestra doctrina la existencia de deberes fiduciarios, aunque no tengan un tratamiento orgánico y sistemático en nuestra legislación, ello, a la luz de diversas normas de la Ley 18.046..."

Sábado, 23 de mayo de 2020 a las 10:46
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Luis Felipe Peuriot y Críspulo Marmolejo

Hace alguna semanas se ha conocido, a través de diferentes medios estadounidenses, una disputa judicial que involucra a los miembros de la famosa banda de rock Journey. Más allá de la trayectoria de una conocida agrupación tanto en ese país como a nivel internacional, el conflicto jurídico que se ha generado al interior de ella da cuenta de algunos temas interesantes en materia de derecho societario sobre los cuales queremos reflexionar.

Conforme al texto de la demanda Rol C20-00407, ingresada el pasado 3 de marzo de este año ante la Corte Superior de Contra Costa County, del Estado de California, Journey es una banda formada por los músicos Neal Schon (guitarras) y Jonathan Cain (teclados), quienes se califican, según el escrito, como los principales compositores y el núcleo creativo de la banda, y a quienes se suman Steve Smith (batería) y Ross Valory (bajo). Luego de la renuncia del cantante Steve Perry, a mediados de los años 90, el grupo ha contratado a diferentes vocalistas, siendo el último uno de nacionalidad filipina, con quien incluso se han presentado en Chile. La imagen y las actividades artístico-comerciales de la banda se sustentan en un conjunto de sociedades que se reparten la propiedad y gestión de los activos, más la marca comercial “Journey”.

Los señores Schon y Cainacusan demandan a sus ex compañeros Smith y Valory, entre otras razones, por haber infringido un deber fiduciario al interior de la agrupación. El mismo día en que se ingresó la demanda, estos dos últimos fueron expulsados de la agrupación por los dos primeros, imponiéndoles la prohibición de continuar en el grupo y seguir actuando por su cuenta utilizando el nombre de la banda. El libelo explica que el conflicto se produjo pues tanto Valory como Smith querían retirarse, pero obteniendo alguna compensación en las utilidades que esta siguiera generando, después que ellos la abandonaran. Para ello, el bajista y baterista habrían concertado un esquema de conducta destinado a tomar el control de una de las sociedades controladoras de los negocios de la banda, llamada “Nightmare Productions”, aparente propietaria del nombre “Journey”, con el fin de forzar a Cain y Schon para que, a través de ella, pudieran asignar a Smith y Valory un porcentaje en la participación de las ganancias que la banda generara con motivo de sus giras, todo ello al momento en que ellos se retiraran. De acuerdo a sus estatutos, “Nightmare Productions” tenía un directorio de tres miembros, integrado por Cain, Schon y Valory, siendo el primero su presidente. A fines de enero de 2020, Valory, Smith y otros accionistas menores convocaron a una junta para el 13 de febrero de 2020, con el objeto de aumentar a seis el número de directores, y, entre ellos, poder elegir al baterista Smith. La decisión fue finalmente adoptada, con la abstención de Cain y Schon. Conforme a estos hechos, los referidos Cain y Schon consideraron que este esquema de conducta ejecutado por Smith y Valory —apoyados en voto por el también accionista y ex cantante Steve Perry— era un “golpe de estado” al interior de la sociedad y que en virtud de su codicia habían privilegiado su propio interés, arriesgando el futuro de la agrupación, sosteniendo que “una banda puede funcionar y crear exitosamente, si los miembros de ella observan la debida confianza y respeto entre ellos”. En este contexto, los demandantes solicitan, entre otras prestaciones, que los demandados sean condenados al pago de la suma de US$ 10 millones.

¿Es posible vincular esta operación ejecutada por los accionistas/músicos que promovieron el cambio en la estructura del directorio con un incumplimiento al deber de lealtad?

La demanda lo plantea señalando que Smith y Valory habrían actuado únicamente movidos por su propia y personal codicia, desatendiendo el futuro de Journey y destruyendo la química, cohesión y compenetración necesaria para que la banda salga de gira y toquen juntos.

En el derecho anglosajón se entiende, en general, que los deberes fiduciarios corresponden a deberes de confianza y lealtad que una persona tiene respecto de otra a quien representa o de quien administra o gestiona sus bienes, que le imponen en todo momento actuar de buena fe, con celo y poniendo siempre los intereses de la persona que le ha depositado esa confianza antes que los suyos propios.

Los deberes fiduciarios en el derecho anglosajón son tratados caso a caso, reconociéndose diversos supuestos de relaciones de confianza en que estos surgen. Por ejemplo, el del agente respecto de su principal, el del fideicomisario frente a su beneficiario, el del abogado ante su cliente y —uno de los más conocidos— el de los directores de una corporación respecto de su compañía y accionistas. Así, en materia de derecho corporativo se entiende que los miembros del directorio de una corporación deben a la sociedad y los accionistas deberes fiduciarios que se sintetizan fundamentalmente en tres: (1) el deber de cuidado (duty of care), que se refiere fundamentalmente a ser especialmente diligente al tomar las decisiones que afectan a la sociedad y a sus accionistas, recabando toda la información necesaria para adoptar una decisión adecuada; (2) el deber de lealtad, que requiere velar por los intereses de la compañía, de los demás accionistas y no en interés personal; (3) el deber de buena fe, que requiere ejercer un cuidado y especial prudencia al adoptar las decisiones, recurriéndose a los estándares de la persona prudente o un buen hombre de negocios. Menos clara es la existencia de deberes fiduciarios entre los accionistas (por el solo hecho de ser tales), entendiéndose que, en general, este deber no existe, salvo que se trate de los accionistas controladores, que se constituyan por sí mismos o en virtud de la ley en administradores1. En algunos Estados se ha considerado que estos deberes fiduciarios entre los accionistas son más comunes de identificar en el caso de sociedades cerradas (closely held corporations) o en aquellas en que los accionistas son a su vez directores. También se ha tenido en cuenta que, para que surja una relación fiduciaria entre accionistas, es relevante considerar si acaso existe una relación de confianza previa o anterior a la formación o incorporación a la sociedad, como puede ser una relación de familia o, en menor medida, una estrecha relación de amistad, pudiendo dar ello lugar a una relación fiduciaria al menos informal2.

En el derecho chileno, tratándose de sociedades de personas podemos fundar el deber de lealtad entre socios en función de la “affectio societatis”, reconocida por la doctrina y la jurisprudencia como un elemento esencial de este tipo de sociedades. La affectio societatis, entendida como una disposición anímica a participar activamente en un pie de igualdad en los negocios sociales y de actuar de buena fe para el bienestar de la compañía antes que el propio del socio, permite incluso impetrar la disolución de la sociedad cuando uno o más socios han llevado a cabo acciones que rompen la armonía, el espíritu de colaboración y confianza recíproca entre ellos3.

En el caso de las sociedades de capital, el reconocimiento del deber de lealtad no parece fundarse simplemente en la affectio societatis, pues en esta clase de sociedades dicho elemento no tiene la misma relevancia que en las sociedades de personas. Lo importante en las sociedades de capital no es la consideración de la persona de los socios, sino su aporte, lo que a su vez se traduce en que el carácter contractual de la sociedad se ve claramente atenuado. Sin embargo, tratándose de las sociedades de capital el reconocimiento del deber de lealtad entre los accionistas tiene un reconocimiento normativo aún más claro y categórico, en virtud de lo establecido en el artículo 30 de la Ley 18.046 que dispone que “los accionistas deben ejercer sus derechos sociales respetando los de la sociedad y los de los demás accionistas”. Dicha norma no distingue si acaso se trata de accionistas mayoritarios, controladores o minoritarios, aplicándose, en consecuencia, a todos. Se ha discutido cuál es la naturaleza jurídica de este deber de lealtad consagrado en la Ley 18,046, a saber, si acaso se trata de un deber contractual, o bien, simplemente legal. Autores como Juan Esteban Puga Vial4  se inclinan por la segunda teoría.

En cuanto al deber de lealtad que se impone a los directores de las sociedades anónimas, se ha reconocido por nuestra doctrina la existencia de deberes fiduciarios, aunque no tengan un tratamiento orgánico y sistemático en nuestra legislación5, ello, a la luz de diversas normas de la Ley 18.046. Por de pronto, el artículo 41 establece que “los directores deberán emplear en el ejercicio de sus funciones el cuidado y diligencia que los hombres emplean ordinariamente en sus propios negocios y responderán solidariamente de los perjuicios causados a la sociedad y a los accionistas por sus actuaciones dolosas o culpables”. A su vez, resultan relevantes varias de las provisiones establecidas en el artículo 42, como la del numeral 5, según la cual no pueden tomar en préstamo dinero o bienes de la sociedad o usar en provecho propio, de sus parientes, representados o sociedades relacionadas, los bienes, servicios o créditos de la sociedad sin previa autorización del directorio; la del N° 6, que les prohíbe usar en beneficio propio de terceros relacionados, con perjuicio para la sociedad, las oportunidades comerciales de que tuvieren conocimiento en razón de su cargo, y la general de N° 7, que prohíbe practicar actos ilegales o contrarios a los estatutos o al interés social o usar de su cargo para obtener ventajas indebidas para sí o para los terceros relacionados en perjuicio del interés social. Esta norma debe concordarse, a su turno, con el artículo 39, inciso 3°, de la Ley 18.046, según el cual “los directores elegidos por un grupo o clase de accionistas tienen los mismos deberes para con la sociedad y los demás accionistas que los directores restantes, no pudiendo faltar a estos y a aquella a pretextos de defender los intereses de quienes los eligieron”, que refrenda el que los directores se deben a la sociedad en su conjunto y a todos los accionistas, debiendo abstenerse de adoptar decisiones que vayan en beneficio exclusivo de alguno de ellos. También se relaciona con la norma del artículo 56 N° 3, según el cual los directores son elegidos por la sociedad, a través de una resolución adoptada en la junta de accionistas, y no de manera unilateral por los accionistas que votaron por ellos.

Como puede apreciarse, el conflicto al interior de la banda de rock Journey constituye una buena oportunidad para estudiar los deberes societarios y, por cierto, será muy interesante analizar cómo evoluciona este caso durante su litigación, que está recién comenzando.

* Luis Felipe Peuriot Canterini es socio de Tomasello y Weitz y profesor de Derecho Comercial de la Universidad de Valparaíso, mientras que Críspulo Marmolejo González es académico de Derecho Económico del mismo plantel.


1 Puga Vial, Juan Esteban: La Sociedad Anónima y otras sociedades por acciones el Derecho chileno y comparado, Tomo I, página 99, Ed. Jurídica de Chile, 2013).
2 Fryar, Eric: Fiduciary Duty Shareholders Owed to Friends and Family, Ritchie V. Rupe.
3 Sentencia Exma. Corte Suprema de 12.07.2010, Rol 7574-2008, “González Cortés, Patricio con González Jara, Belisario”, Westlaw-Thomson Reuters CL/JUR/17085/2010. 
4 ob. Cit., Pág. 98.
5 Torres Martínez, Bruno: “Gobiernos corporativos: conflictos de interés entre directores y la sociedad anónima que administran”, Memoria, PUCV, 2013. Pág. 35.

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