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Director Academia Judicial: “Hay una demanda del Poder Judicial mayor de la que nosotros estamos produciendo”

Cada año, comenta Juan Enrique Vargas, el organismo selecciona y prepara abogados para que puedan postular a cargos en la magistratura, y actualiza conocimientos de quienes ya integran la judicatura.

Sábado, 21 de marzo de 2020 a las 11:23
Algunos resultados de la encuesta aplicada en 2019
“Llama la atención la feminización (57% mujeres en 2019) y una leve reducción en el promedio de edad. Pero aun cuando se observa un aumento de la heterogeneidad en la composición etárea y de sexo de nuestros/as destinatarios/as, se esperaba encontrar mayores diferencias entre las dos muestras, sobre todo asociadas al aumento del número de integrantes del Poder Judicial y al aumento de la heterogeneidad de los/as abogados/as en Chile”.

”Respecto a las universidades de origen, en el año 1992, la Universidad de Chile, de Concepción, Universidad Católica y Universidad Católica de Valparaíso entregaban más del 85% de los títulos de abogados/as de los/as encuestados/as. En el año 2019, esas cuatro universidades entregaron su título de abogados/as a menos del 48% de nuestros/as encuestados/as y encontramos más de 33 universidades de origen entre los/as jueces/zas y secretarios/as encuestados/as”.

“Respecto a la duración de los estudios, en 1992, el promedio general de 9,67 equivale a 9 años 8 meses y dos días de duración, mientras que en el año 2019, la duración promedio de los estudios de derecho fue de 8 años, 8 meses y dos días (8,67). Se observa una reducción de un año en la duración total de los estudios de derecho, pudiendo notarse tanto una reducción de la duración de las actividades de pregrado, así como de las actividades de egreso”.

“Se observa un significativo aumento de los estudios de post grado y diplomados. Mientras en 1992 el 33% de los encuestados planteaba tener estudios de postgrados, en el año 2019, 80 % plantea haber cursado al menos un diplomado en los últimos años y 45% indicaron haber realizado magíster o doctorado”.

“Al preguntar por las principales razones que incidieron en la decisión de ingresar al Poder Judicial, 85% de los/as encuestados/as indicó “el gusto por la labor judicial”. Un 54% marcó “la seguridad y estabilidad del empleo”, así como el 26% indicó “el trabajo previo en el Poder Judicial” y un 22% “la imagen de algún/a juez/za como modelo digno de imitación”. Llama también positivamente la atención, que el 18% de los/as encuestados/as indica que una de las 3 razones para ingresar fue la formación de la Academia”.

“Respecto a la influencia de familiares o conocidos en la decisión de ingresar al Poder Judicial, se observa una reducción de la influencia de los familiares o conocidos. Mientras en el año 1992 cerca del 35% de encuestados/as declara tener algún conocido en el Poder Judicial al momento de postular, en el año 2019, este porcentaje se reduce a 24%. Mientras en el año 1992 casi 50% de los/as encuestados/as plantean que fue irrelevante, en el año 2019 fue un 61%. Se podría plantear que al existir un mecanismo de socialización formal como lo es la Academia Judicial, las fuentes de conocimiento o socialización informal adquieren menor relevancia”.

“Se mantienen casi igual la proporción de jueces y juezas que se desempeñaron como integrantes del escalafón de empleados antes de ingresar al escalafón primario”.

“Mientras en el año 1992 un 42% de encuestados/as plantea haber integrado el escalafón de empleados, en el año 2019 el 40% lo hace”.

“Respecto al sentido o efecto que le otorgan a su labor de juez/a, 72,35% de los/as encuestados/as plantearon como principal efecto “la resolución de conflictos para la obtención de una mayor paz social”. La segunda alternativa más marcada (69,3%) expresa que con la labor que desempeñan garantizan los derechos fundamentales de las personas. Finalmente, la tercera alternativa con mayor número de preferencias fue “Decidir equitativamente (en justicia) los hechos sometidos a su conocimiento” con un 57,95%”.
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Andrea Chaparro S.

Habría un seminario para presentar el estudio que realizó la Academia Judicial con ocasión de aniversario número 25 la semana que recién pasó, pero debió suspenderse producto del brote de coronavirus que afecta al país. Su director, Juan Enrique Vargas, comentó con “El Mercurio” algunos de sus resultados.

Lo que se hizo fue aplicar una encuesta en 2019. La muestra estuvo compuesta por jueces, juezas, secretarias y secretarios del Poder Judicial (1.624), obteniéndose 371 respuestas, lo que equivale al 22,8% de la población que se quiere representar.

Entre las conclusiones que se pudieron extraer están los desafíos que los mismos magistrados creen que tiene el organismo.

Vargas explica: “Creo que en lo que hay consenso es que la principal ganancia que hubo con la Academia Judicial estuvo en incorporar un método de selección de los futuros jueces, que fuera competitivo, objetivo, transparente y se demanda permanentemente que eso se mantenga y que ojalá se lo haga todavía más perfecto”.

Ahora, dice, si bien está bien evaluada en general la capacitación que se brinda en los distintos programas hay una “brecha”, en la que el director piensa que se “podría decir ‘aquí es dónde crecer’, que es la capacitación de las cosas más prácticas de lo judicial (…) hay un poco menor evaluación en destrezas y habilidades propias de la función jurisdiccional y eso hace mucho sentido, porque es probablemente lo más complejo de enseñar”.

“Muchas veces —agrega— uno conversa con jueces jóvenes y dicen ‘sí efectivamente me han tocado temas complicados que no conocía tanto, etc., pero de alguna forma me las apaño cuando no conozco un tema, investigo, le pregunto a un colega, leo libros, de alguna forma estudio. Pero no lo que no puedo suplir, es cuando estoy en una audiencia, tengo a dos partes encima y se produce algo y tengo que tomar una decisión sobre la marcha’. Manejar ese tipo de cosas no es un problema conceptual, no es el contenido mismo el complejo, sino que es la dinámica, es cómo administro esa situación sobre la marcha, ese tipo de habilidades son aquellas que nosotros tenemos que aún enfatizar más el trabajo que realizamos”.

La encuesta también arrojó características cuantitativas y cualitativas de quienes integran la magistratura (ver recuadro).

- ¿A qué atribuyen el mayor número de mujeres?

-Hicimos un estudio para ver si había algún sesgo en el proceso de selección. Históricamente había muchas postulantes mujeres, no les iba tan bien en la parte de conocimiento proporcionalmente, pero les iba bastante bien en la parte psicolaboral, y luego en la parte de entrevistas había algunos datos que permitían sostener que podría haber un sesgo en contra de las mujeres en esa parte.

“Eso en los últimos procesos de selección, se ha revertido y crecientemente son más las mujeres. En último que seleccionamos 20, 13 mujeres y 7 hombres; o sea la proporción ha ido aumentando. Probablemente esto va a tener un correlativo en el Poder Judicial, en que cada vez van a llegar más juezas mujeres y bueno, el problema luego en el Poder Judicial, está en cómo va la progresión de la carrera de las mujeres de ahí en adelante”.

-Ha habido un cambio en las universidades de origen, ¿a qué cree que se debe?

-Ese cambio en la composición es relativamente esperable, porque originalmente no habían más universidades. En esto 25 años de la academia -las universidades privadas tienen 30 años y la academia tiene 25-, entonces cuando partió no habían egresados todavía o muy poquititos de esas universidades nuevas, era esperable que se hiciera más heterogénea la conformación. Aún así, proporcionalmente la cantidad de gente, por ejemplo, de la Universidad de Chile, sigue siendo muy significativa.

“Estamos bastantes satisfechos con nuestro sistema de selección. De lo que tenemos que preocuparnos es que los mejores de cada generación efectivamente postulen, cómo logramos entusiasmar a que los mejores egresados de cualquier universidad. Tenemos ventajas, el Poder Judicial es un lugar atractivo para trabajar, ofrece mucha estabilidad, ofrece en general muy buenas remuneraciones para alguien que está comenzando, y es un función de que pudiese llamar la atención fuertemente a un egresado de derecho”.

“Pero, por otra parte, tenemos que vivir también con una realidad de que el Poder Judicial no necesariamente tiene la mejor imagen pública, aunque objetivamente es mucho mejor de lo que las percepciones muchas veces indican. Ahí hay una labor de reclutamiento, que es un desafío importante para la Academia Judicial”.

¿Comenzarán a ”reclutar” en universidades, estudios de abogados, con el Colegio de Abogados? ¿Es un proyecto que está para este 2020?

-Exactamente. Tenemos la impresión que el Poder Judicial y el trabajo que hace la Academia aún no es suficientemente conocido por parte de los estudiantes de Derecho. Se representa a un Poder Judicial muy distante probablemente tienen una imagen muy marcada por lo que los medios comunicación sostienen, pero hay poco conocimiento real. Una idea es acercarlos a la realidad del Poder Judicial, de hecho a partir del año pasado, empezamos a realizar junto con el Instituto de Estudios Judiciales un programa de pasantía, con la idea de que alumnos de quinto año fueran a los tribunales, conocieran lo que hacemos acá en la Academia Judicial e ir despertando el interés por el Poder judicial en buenos estudiantes.

-Ha habido polémicas por opiniones de jueces al dictar resoluciones en el contexto de crisis social, ¿eso se ha replicado en los cursos de formación?

-Son de las cosas de las cuales nos tenemos que preocupar en la formación de los alumnos, por eso digo no solo es un problema de conocimiento, de cuánto sabe de derecho un juez, que es muy importante naturalmente, sino que cómo aplica ese conocimiento para resolver los casos y en qué contexto lo hace.

“Y efectivamente ir graduando eso de qué corresponde: un juez demasiado lacónico que no explica nada, probablemente no lo van a entender las partes. Pero un juez que se sobre explica probablemente abre frentes distintos y eventualmente puede ir más allá de lo que la prudencia aconseja”.

“Pero también hay que entender de que hay cosas de criterio, que no dependen de un puro programa de formación, y esa es una de las razones por la cuales como Academia nos interesa también que llegue gente con más experiencia a la función jurisdiccional, nos gustaría ir aumentando la edad promedio de nuestros alumnos. De hecho, ahora convocamos a un programa especial, que es un programa un poco más breve, dirigido especialmente a abogados con experiencia; cuyo proceso de selección acabamos de suspender esta semana producto del coronavirus, pero ya lo retomaremos”.

“El promedio son cuatro años de tener el título, de lo que nosotros seleccionamos”.

-¿Qué perfil buscaban en esa convocatoria suspendida?

-Como criterio de selección ocho años, pero nuestra esperanza es que ojalá fuera gente con más.

-Como son personas tan jóvenes, ¿en qué ven que tienen mayores deficiencias?

-En general, los temas de formación jurídica, si bien hay cosas que hay que reforzar y además actualizar, porque leyes cambian, el principal problema es cómo lidiar, yo diría, con situaciones complejas entendiendo realidades de contexto que no necesariamente han vivido, con una capacidad para tomar determinaciones sobre la marcha y sostenerla fundadamente en una audiencia oral. Esa es una habilidad tremendamente compleja, yo diría que ese es el principal desafío.

-¿Quienes hacen estos cursos de formación, tienen seguridad que van a tener una fuente de trabajo dentro del Poder Judicial?

-No es matemática, pero en la práctica sí. De hecho el 90 y tanto por ciento de nuestros egresados históricamente están en el sistema. En la práctica hoy en día, hay una demanda del Poder Judicial mayor de la que nosotros estamos produciendo, o sea ellos nos están pidiendo ‘produzcan más egresados porque necesitamos más’. Ahora, lo que pasa es que, si bien nosotros siempre pensábamos que formábamos gente que iba asumir cargos titulares del Poder Judicial, en la práctica para llegar a un cargo titular hay que pasar por suplencias un tiempo. Hay mucha demanda por suplencia, porque hay mucho movimiento dentro del Poder Judicial y nuestro egresados generalmente tienen que pasar por eso y de ahí dar el salto a la titularidad.

-¿Cómo pueden explicarse decisiones tan diversas como ocurrió con los 44 imputados identificados como “primera línea? De libertad a prisión preventiva en menos de una semana.

-Ese es un tema en general que cruzar toda la formación digamos jurídica y, particularmente, la que damos en la Academia Judicial, donde hay una tensión entre un sistema jurídico que tiene que dar certeza, que tienes que dar seguridad jurídica a las personas, saber a qué atenerme, qué esperar del sistema; versus un sistema que se construye también sobre la independencia de los jueces.

“Hay una tensión, y la idea es saber generar vías para manejar esas situaciones. Primero manejar la información, o sea no puede ser que alguien resuelva algo sin tener completa información sobre cómo se ha resuelto previamente. Segundo, hacerse cargo de las decisiones previas, la carga de fundamentación debe ser mucho mayor y tiene que haber una carga, un compromiso institucional con los mensajes que manda el Poder Judicial”.

- A veces puede parecer confuso para la comunidad…

-El derecho es así. En el derecho hay margen de opinión. Si una Corte de Apelaciones decide algo distinto de un juez de primera instancia, bueno es la decisión de la Corte de Apelaciones la que revisó esa decisión, la que se impone. Tenemos un sistema. El problema es yo diría, no es tanto cuando hay un juez que dice A y la Corte que dice B, sino que el problema es cuando un juez dice A, la Corte dice B y vamos a otra sala de la Corte y dice C o dice A, ahí yo creo que se genera el mayor ruido; o se sube un peldaño más arriba y se cambia aún más la decisión. Por eso, tiene que haber una cierta lealtad institucional, porque no es solo el caso particular el que va a ser analizado, sino la forma cómo se resuelven los problemas.

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