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Las 40 horas: productividad y flexibilidad

"...Se podría avanzar en flexibilidad si se permite la distribución 'en promedio' en un período de referencia cuatrimestral o semestral, o derechamente haciendo posible que las 40 horas se distribuyan en cuatro días con un horario de 10 horas diarias. Esta flexibilidad hará posible no solo evitar la pérdida de productividad laboral, sino que los trabajadores tengan soberanía respecto de su tiempo..."

Viernes, 23 de septiembre de 2022 a las 9:10
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Luis Lizama
El Gobierno ha formulado una indicación al proyecto de ley que reduce la jornada ordinaria laboral a 40 horas por semana, cuyo contenido se hace cargo de las observaciones jurídicas y económicas que fueron hechas al texto aprobado por la Cámara en el mes de noviembre de 2019.

La indicación propone una solución general para la aplicación progresiva de la reducción de la jornada ordinaria máxima legal (sin efectuar distinción alguna entre el tamaño de las empresas) que contempla una rebaja escalonada en el tiempo: 44 horas el primer año de vigencia de la ley, 42 horas el tercero y 40 horas el quinto.

También resuelve el impacto de la disminución del número de horas semanales en la jornada parcial y las jornadas mensuales, y para ello aplica la regla de la proporcionalidad. Asimismo, permite aprobar sistemas excepcionales de distribución de la jornada de trabajo que superen las 40 horas semanales, a condición de que sea compensado el exceso laborado con tiempo de descanso.

Esta progresión en la aplicación de la ley se hizo cargo de la crítica a la profundización de la pérdida de productividad laboral como consecuencia de la disminución del tiempo de trabajo. Lo anterior, porque si el trabajador debe laborar menos horas en la semana lo producido por él será menor, aunque el empleador deberá pagarle exactamente la misma remuneración al dependiente1.

La postergación general y gradual de la disminución de las horas de trabajo parece no ser suficiente para resolver la pérdida de productividad, y quizás sea necesario flexibilizar la distribución del tiempo de trabajo diario y semanal, cuyos límites legales (en la actual ley y la futura) permiten distribuir las 40 horas en un mínimo de cinco y un máximo de seis días, y trabajar hasta un máximo de 10 horas diarias.

La Directiva 2003/88 de la Unión Europea es una regla que podría ser imitada como un ejemplo de flexibilización en la materia, porque permite que trabajadores y empleadores distribuyan “en promedio” el máximo de la jornada semanal en un período de referencia distinto (cuatro, seis o 12 meses). Eso es, si aplicáramos la Directiva europea al caso nacional sería posible distribuir las 40 horas (en vez de una semana de 5 o 6 días), en 16 semanas (cuatro meses) o 24 semanas (seis meses) si hay acuerdo individual y hasta en 48 semanas (12 meses), si el pacto es de carácter colectivo.

El cálculo que es necesario efectuar para determinar la conformidad de la distribución flexible con la ley es muy simple: se deberá sumar el total de horas trabajadas en el período de referencia y dividirlo por el número de semanas del período de referencia. Si el resultado es igual o inferior a 40 horas, la jornada estará ajustada a derecho.

Lo relevante de la Directiva europea es que permite conciliar una disminución del tiempo de trabajo con una distribución flexible de la jornada laboral, porque se flexibiliza la “semana” como el margen o límite que deben respetar las partes al acordar cuánto dura y cómo se reparten las horas laborales.

En el caso nacional, la derrota de la semana como límite a la distribución de la jornada solo está permitida en casos especiales: la jornada bisemanal (en lugares apartados de centros urbanos), el sistema excepcional (casos calificados) y los pactos colectivos (acuerdos con el sindicato). En todos ellos se requiere la concurrencia de requisitos objetivos: la lejanía de las ciudades (bisemanal), la autorización de la Dirección del Trabajo (sistemas excepcionales) o el consentimiento sindical (pactos especiales).

Me parece que bien se podría avanzar en flexibilidad si se permite la distribución “en promedio” en un período de referencia cuatrimestral o semestral, o derechamente haciendo posible que las 40 horas se distribuyan en cuatro días con un horario de 10 horas diarias. Esta flexibilidad hará posible no solo evitar la pérdida de productividad laboral, sino que los trabajadores tengan soberanía respecto de su tiempo: el Congreso Nacional tiene la palabra.


1 Es necesario recordar que, según datos de la OCDE de 2019, con una jornada de 45 horas semanales, la productividad nacional solo aventaja a la de México, Costa Rica y Sudáfrica (el aporte por hora de trabajo al PIB en Chile es de US$ 30,4 cuando el promedio de la OCDE es de US$ 54,5).

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