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Las Indetectables y el objeto de la prestación

"...El incumplimiento contractual en este caso no es tan evidente, porque depende de a qué se obligaron (...). Y aquello, a su turno, no necesariamente se corresponde con lo que quería quien las contrató, sino de lo que ingresó al contrato. A falta de estipulación expresa, y teniendo en cuenta que eso es lo que hace el grupo y que los organizadores no podían ignorarlo sino con culpa grave, este, plausiblemente, podría haber estimado que eso se esperaba de ellas..."

Lunes, 12 de septiembre de 2022 a las 9:00
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Iñigo de la Maza
En un solo día aparecen dos noticias en la prensa. La primera es que un diputado se habría tocado, en un gesto suficientemente conocido, los genitales frente (y dirigido) al Presidente de la República. La segunda es que Las Indetectables se quejan amargamente de la falta de pago de los honorarios convenidos por su performance.

Como si habitáramos en el país de Los Simpsons, salvo que ambas noticias dan cuenta de hechos demasiado bizarros, aun respecto de Los Simpsons.

Desde luego, el derecho de contratos no es el ángulo más sexy para considerar este tipo de fenómenos, pero, quizás tenga algo interesante que enseñar respecto de la queja de Las Indetectables.

Tematizada la cuestión que aqueja a Las Indetectables a través de las venerables normas del Código de Bello, hemos de advertir que alegan un incumplimiento contractual. Aparentemente señalaron algo como “todavía no nos pagan por tremendo show”; la suma asciende a $60.000 (sesenta mil pesos).

Si algo como eso llegara a litigarse (desde luego, no va a suceder), la defensa de los organizadores del evento podría desenvolverse a través de la excepción de contrato no cumplido.

Efectivamente —señalarían— hicieron un tremendo show, salvo que el significado de “tremendo” no es algo para celebrar, sino algo que, políticamente al menos, es para llorar a gritos. De esta manera, al abrigo del artículo 1556 se trataría de un tipo de incumplimiento que se denomina “cumplimiento imperfecto”. De que hicieron el show, qué duda cabe, lo hicieron; el incumplimiento radicaría en que no lo hicieron como debían.

Entonces la pregunta tendría que ser ¿cómo debían hacerlo? ¿Cuál era, exactamente, el objeto de su prestación? Y se trata de una pregunta más interesante de lo que a primera vista aparece. La razón es la siguiente, el objeto de la prestación no necesariamente corresponde a lo que espera quien la contrata. De esta manera, del hecho de que usted crea que la casa que esta comprando puede ser destinada a un jardín infantil cuando, en realidad, no puede por restricciones urbanísticas no se sigue que haya incumplimiento contractual si se entrega la casa que no es apta para ese uso, salvo que esa característica del inmueble haya ingresado de alguna manera al contrato.

Ahora, imaginemos que alguien contrata a un grupo noruego de death metal. Parecería absurdo que luego se quejara por lo sombrío y estridente de la música que tocaron en su presentación, pues se trataba de un espectáculo infantil navideño. El grupo podría contestar: pero es que esto es lo que hacemos y nuestras presentaciones están en la red, así que asumimos que las habían visto y, como nadie nos estableció ninguna limitación, ¿cómo podíamos pensar que querían algo distinto? Y, entonces, los organizadores responderían que es evidente que se esperaba otra cosa de ellos, después de todo era un show infantil. Pero, entonces, el grupo podría responder: ¿por qué nos contrataron a nosotros entonces? La única respuesta sería por un error radicalmente inexcusable y, se sabe, nemo auditur. Por lo mismo, no puede ahora servirse de su conducta groseramente negligente para reprocharnos un incumplimiento.

Mutatis mutandis con Las Indetectables. Los organizadores podrían reprocharles que se esperaba algo distinto de ellas, que había niños, y ellas podrían responder: pero eso es lo que hacemos, hay presentaciones nuestras en la red, ¿cómo podíamos pensar que querían algo distinto si nos contrataron, precisamente, a nosotras? Y (repitamos las cosas) la única respuesta sería por un error radicalmente inexcusable, y, se sabe, nemo auditur. Por lo mismo, no puede ahora servirse de su conducta groseramente negligente para reprocharnos un incumplimiento.

Como se ve, entonces, el incumplimiento contractual en este caso no es tan evidente, porque depende de a qué se obligaron Las Indetectables. Y aquello, a su turno, no necesariamente se corresponde con lo que quería quien las contrató, sino de lo que ingresó al contrato. A falta de estipulación expresa, y teniendo en cuenta que eso es lo que hace el grupo y que los organizadores no podían ignorarlo sino con culpa grave, el grupo, plausiblemente, podría haber estimado que eso se esperaba de ellas.

Por supuesto, si así fuera habría objeto ilícito, pero, una vez más, nemo auditur. ¿Qué incumplimiento contractual, sin embargo, resulta evidente en este caso? El del productor respecto de los organizadores. ¿Tiene alguna importancia que no haya conocido el contenido de la performance? Si, para descartar el incumplimiento doloso de su obligación. No, en cambio, para descartar el incumplimiento con culpa grave. Después de todo, la diligencia más elemental exigía indagar el tipo de performances que acostumbraba el grupo.

Nada hay entonces de extrañarse en que, en este caso, el productor haya asumido la responsabilidad por todo esto; aunque, en su caso, aparentemente asumir la responsabilidad equivale a señalarlo y divagar acerca de algunas peculiaridades del arte.

Lo que sí es extraño es que un alcalde que, aparentemente, se contaba entre los organizadores haya indicado que no era responsable pues ignoraba el contenido de la performance. Para entender por qué es extraño basta pensar si admitiríamos esa justificación si hubiese sido un festival de música pagado y frente a una demanda por daño moral de cientos de padres el representante de la empresa que organizaba el festival alegara no ser imputable subjetivamente pues ignoraba lo que haría el grupo. El punto no es ese, el punto es que solo la negligencia grave puede explicar esa ignorancia.

Como se ve, entonces, el paso por una de las mejores facultades de Derecho del país no parece haber hecho mayor mella en el alcalde.

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