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Cómo se nota

"...Hemos considerado —y con buenas razones— el derecho de contratos del Código Civil y la racionalidad que subyace a su diseño como un punto desde el cual organizar nuestra comprensión del fenómeno contractual. Puede, sin embargo, ser el caso que ciertas leyes especiales nos permitan reconsiderar bajo una nueva luz parte de esa comprensión y, eventualmente, lleguemos a estimar que (...) otro de los compromisos del derecho de contratos es con la vulnerabilidad..."

Miércoles, 06 de julio de 2022 a las 14:37
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Iñigo de la Maza
En El fuego de la libertad, Wolfang Eilenberg relata un encuentro entre Simone de Beauvoir y Simone Weil. La primera habló a la segunda alrededor de media hora a la segunda acerca de la existencialismo, luego de lo cual la segunda se limitó a contestarle “cómo se nota que usted no ha pasado hambre”.

Imaginemos ahora un académico que hablase durante media hora acerca del logro civilizatorio que ha sido la igualdad formal como una forma de superar los privilegios estamentales del antiguo régimen tratándose del derecho de contratos.

Entonces alguien podría responderle: “Cómo se nota que usted no ha estudiado el contrato de trabajo” o “cómo se nota que usted lo ignora todo acerca de los contratos regulados por la Ley 19.496” o “cómo se nota que usted no ha padecido un contrato de prestación de servicios hospitalarios”.

Y la lista podría continuar durante un tiempo prolongado, porque un número relevante de los contratos en que participamos se caracterizan por una cierta desigualdad entre las partes que torna a una de ellas vulnerable al abuso por parte de la otra. Tratándose de este tipo de contratos resulta, al menos, problemático pensar la igualdad formal como un logro civilizatorio.

Sucede que así como Marx alguna vez sostuvo que la democracia es la verdad de la monarquía, pero no al revés, en muchas relaciones contractuales la tutela de la vulnerabilidad es la verdad de la igualdad formal, pero no al revés. Así, por ejemplo, en una relación entre una gran empresa y un consumidor, la igualdad formal logra lo que desea evitar (el abuso) y, en cambio, lo querido (que se logre un acuerdo conveniente para ambas partes) puede lograrse a través de lo que la igualdad formal procura evitar: la revisión de los términos del contrato con perfecta independencia de que hayan sido aceptados por las partes.

Siendo las cosas de esta manera, parece importante prestar atención a la vulnerabilidad en el derecho privado, primero allí donde ha sido tematizada, para luego volver a donde su tratamiento se encuentra más bien ausente.

En el ámbito nacional la cuestión de la vulnerabilidad se ha tematizado a través de numerosas leyes especiales, señaladamente las que, en este sentido, probablemente sean los principales ejemplos de descodificación material, el Código del Trabajo y la Ley 19.496 sobre protección de los derechos de los consumidores. En estos dos ejemplos ya no es verdad que quien dice contractual dice justo, sino exactamente al revés. Pero hay muchos ejemplos más, entre ellos, la Ley 18.010 sobre operaciones de crédito de dinero, la Ley 20584 sobre derechos y deberes de los pacientes, la ley de isapres y un largo etcétera.

En estas y otras leyes el legislador abandona la neutralidad entre las partes que impregna el Código Civil en materia contractual y opta por tutelar a una de ellas, la que estima como vulnerable.

La cuestión que junto a la profesora Patricia López Díaz desarrollamos a través de un proyecto Fondecyt es la siguiente: ¿qué determina que el legislador considere que una de las partes es vulnerable respecto de la otra y, por lo tanto, debe ser protegida? Las asimetrías informativas y la racionalidad imperfecta aparecen como buenos candidatos, pero habrá que esperar a que la investigación esté concluida.

Una vez que esté concluida va a ser el tiempo de una segunda pregunta: ¿debería el derecho de contratos recogido en el Código Civil prestar mayor atención a la vulnerabilidad?

Si la respuesta es que sí, entonces puede ser el caso que convenga emplear la racionalidad que subyace a ciertas leyes especiales para leer el derecho de contratos del Código Civil. Este sería un movimiento interesante.

Hasta el momento hemos considerado —y con buenas razones— el derecho de contratos del Código Civil y la racionalidad que subyace a su diseño como un punto desde el cual organizar nuestra comprensión del fenómeno contractual. Puede, sin embargo, ser el caso que ciertas leyes especiales nos permitan reconsiderar bajo una nueva luz parte de esa comprensión y, eventualmente, lleguemos a estimar que junto a la autonomía o la seguridad jurídica, otro de los compromisos del derecho de contratos es con la vulnerabilidad.

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"...El incumplimiento contractual en este caso no es tan evidente, porque depende de a qué se obligaron (...). Y aquello, a su turno, no necesariamente se corresponde con lo que quería quien las contrató, sino de lo que ingresó al contrato. A falta de estipulación expresa, y teniendo en cuenta que eso es lo que hace el grupo y que los organizadores no podían ignorarlo sino con culpa grave, este, plausiblemente, podría haber estimado que eso se esperaba de ellas..."

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"...Dos son los extremos que han de gobernar la reparación. Uno el que ella solo aspira a devolver a la víctima a la situación que se encontraba antes de la producción del perjuicio, en una aspiración a alcanzar una reparación razonable, lo más cercana a la afectación sufrida. Todo ello, aunque sepamos de antemano que, en realidad, nunca lograremos devolverla de forma exacta..."

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“...Parece claro que los conflictos entre arrendador y arrendatario asociados a las restricciones sanitarias deben ser resueltos teniendo en consideración que los riesgos derivados de la imposibilidad sobrevenida de goce de la cosa no imputable al arrendatario quedan de cargo del arrendador, sea ella total o parcial...”

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