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Culpa y caso fortuito

"... De las decisiones, desde luego, debe preferirse, cualitativamente, la de la Corte Suprema. Con todo, se aprende algo de las dos sentencias (...) si se las observa con atención. Lo que muy probablemente puede reprochársele al tribunal de primera instancia (y a la del tribunal de alzada que confirma la sentencia) es reflexionar como si se tratara de un caso de culpa in eligendo vel vigilando..."

Miércoles, 12 de enero de 2022 a las 11:00
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Iñigo de la Maza
El día 11 de noviembre de 2016, en circunstancias de que la actora se encontraba en la Galería Copacabana de propiedad de la demandada, desde el segundo piso cayeron vidrios sobre ella, provocándole lesiones, siendo llevada por la demandada a un centro médico en donde fue atendida.

Los vidrios cayeron del segundo piso en donde funciona un gimnasio que se rompió con una pieza de ejercicios (pesa) que rodó y lo golpeó quebrándose, pues se desprendió de la barra
”.

Estos hechos son los que da como establecidos la sentencia de 27 de diciembre de 2021 de la Primera Sala de la Corte Suprema (76464-2020).

La persona que sufrió el accidente demandó a la inmobiliaria propietaria de la galería. Las sentencias del tribunal de primera instancia y alzada desestimaron la demanda. En lo que aquí importa, los hechos fueron calificados como hipótesis de caso fortuito. En su recurso de casación, la demandante señaló como infringidos los artículos 2314, 2323 y 44, señalando que el accidente se había debido a culpa de la demandada.

La sentencia de la Corte Suprema se refiere en los siguientes términos a la de primera instancia, confirmada, como ha quedado dicho, por la de alzada: “(…) precisa que los hechos asentados resultan ser constitutivos de lo que el artículo 45 del Código Civil considera como caso fortuito, pues se ha tratado de un imprevisto que no era posible resistir para la parte demandada. Ello es así, reflexiona, dado que de haber existido alguna conducta reprochable al alumno del gimnasio por alguna mala maniobra o deficiencia en el uso de los elementos que allí se encuentran, o incluso falta de supervisión y mantenimiento de dichos elementos, ello no podría ser comprensivo de la exigencia del cuidado de un buen padre de familia del propietario de la galería demandado en autos”.

En su decisión, la corte considera las cosas señalando que los requisitos de la responsabilidad extracontractual son los siguientes: (1) una acción u omisión del agente, (2) culpa o dolo de su parte, (3) la no concurrencia de una causal de exención de responsabilidad, (4) el daño y (5) la relación de causalidad, y concluye que aquí no existió una causal de exención ya que no se satisfacen los requisitos del caso fortuito, pues no resulta imprevisible la posibilidad del desprendimiento de una barra de pesas y el daño que puede causar; por supuesto, el resultado dañoso tampoco era irresistible, bastaban vidrios reforzados.

De las decisiones, desde luego, debe preferirse, cualitativamente, la de la Corte Suprema. Con todo, se aprende algo de las dos sentencias —la del tribunal de primera instancia y del máximo tribunal— si se las observa con atención.

Lo que muy probablemente puede reprochársele al tribunal de primera instancia (y a la del tribunal de alzada que confirma la sentencia) es reflexionar como si se tratara de un caso de culpa in eligendo vel vigilando, como si la pregunta fuera si la inmobiliaria debía vigilar a los alumnos y el equipo del gimnasio. El punto es que la pregunta que debía contestar para determinar si podía reprocharse culpa no es esa. La pregunta es si el responsable de un edificio en el que hay un gimnasio debió haber dispuesto de un tipo de medidas de seguridad (relativas a los vidrios, por ejemplo) que impidieran el resultado dañoso que tuvo lugar en este caso.

Con respecto a la sentencia de la Corte Suprema, si se presta atención a los requisitos que establece para que tenga lugar un supuesto de responsabilidad extracontractual aparece la “no ocurrencia de una causal de exención de responsabilidad”. Si esto es correcto —es decir, si se trata de un requisito de cuya concurrencia depende la posibilidad de demandar por responsabilidad extracontractual—, aplicado al caso fortuito querría decir que puede ser que exista una acción u omisión culposa que causa un daño, pero que, como existe una causal de exención de responsabilidad (el caso fortuito), no tiene lugar la responsabilidad extracontractual.

Desde luego, algo como eso no puede ser. O la causa del daño es la conducta culpable o es un caso fortuito, pero ambas cosas no pueden ser verdad a la vez. De esta manera, parece más correcto afirmar que los requisitos de la responsabilidad extracontractual en este caso eran (1) una acción u omisión del agente, (2) culpa o dolo de su parte, (3) el daño y (4) la relación de causalidad. Luego, se podría añadir que, en este caso, existió culpa, consistente en un diseño defectuoso de la construcción, si se atiende a la finalidad a que se iba a dedicar. Por lo que toca a la no concurrencia de una causal de exención de responsabilidad, se sabe: Pluralitas non est ponenda sine necessitate.

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