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Aprontes del debate constituyente: entre la deliberación racional y la confrontación de intereses

"...Facilitaría las cosas que los diferentes grupos que se empiezan a articular al interior de una Convención Constitucional, bastante fragmentada en sus orígenes, se concentraran en debatir y fijar sus posiciones respecto del reglamento y otros puntos fundamentales del proceso, en lugar de adelantar por los medios de comunicación y las redes sociales sus diferencias con las posiciones de otros..."

Viernes, 11 de junio de 2021 a las 17:10
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Javier Couso
Solo días después de la elección de convencionales constituyentes, la declaración de uno de quienes resultaron electos, Daniel Stingo (“los grandes acuerdos los vamos a poner nosotros, que quede claro, y los demás tendrán que sumarse (…) porque los que ganamos representamos a la gente”), hizo sonar las primeras alarmas respecto a que el ideal de una deliberación constitucional meditada, en que, a la manera de la racionalidad comunicativa que recomienda Habermas, las cabezas primero exponen argumentos, antes de ser contadas (para determinar quién tiene la mayoría), no figura en los planes de algunos de quienes elaborarán la nueva carta fundamental. Si bien el escándalo mediático que provocó la declaración del constituyente mencionado silenció la constructiva intervención de otro (Patricio Fernández), que puso paños fríos al tenso momento que siguió a la tosca intervención del anterior —demostrando que hay quienes tienen otra concepción de lo que involucra una deliberación constituyente—, lo cierto es que el episodio dejó en muchos un sabor amargo, porque parece presagiar un mal ambiente al interior de la Convención Constitucional.

Un par de semanas después, una carta abierta de 34 convencionales constituyentes (vinculados a la “Lista del Pueblo” y a otros sectores independientes de izquierda), en que proclaman no estar subordinados a las reglas constitucionales que regulan el proceso para así “hacer efectiva la soberanía popular de la constituyente”, volvió a agitar las aguas. Si bien el grupo de firmantes es minoritario —sin llegar, hasta el momento de escribir esta columna, al 22 % del total de los convencionales constituyentes—, su impacto supera con mucho lo que el guarismo señalado sugiere, puesto que contribuye a crispar el ambiente y a generar desconfianzas al interior de la Convención, aún antes de que esta se instale.

Los incidentes relatados hacen recordar el que uno de los más importantes teóricos de los procesos constituyentes de nuestra era, Jon Elster, luego de haber contribuido a la idealización de los mismos (con su conocida metáfora de Ulises y las sirenas para aludir a los procesos de construcción constitucional como momentos de racionalidad, en que la comunidad política adquiere precompromisos para atravesar de buena forma los inevitables momentos de irracionalidad posteriores), reconociera años después que las constituciones no se redactan normalmente “en un momento de calma y reflexión que permite a los redactores sobrios y de espíritu público diseñar instituciones que impidan que los intereses y las pasiones de los futuros actores actúen en contra del interés general” (Elster 2012).

Si lo que señala Elster es correcto, no debiera sorprendernos que el proceso de construcción constitucional que tenemos por delante sea uno que exhibirá momentos de defensa apasionada de intereses particulares combinados con momentos de deliberación dirigida a la búsqueda del bien común. En efecto, llama la atención que, considerando que lo que está en juego en la elaboración de una nueva carta fundamental es mucho más trascendente que lo que se decide en sede legislativa, se haya pensado que la deliberación constituyente sería menos agitada y más orientada al interés general que la anterior. El motivo de esta idea algo ingenua puede deberse a la idealización que —ex post facto— suelen recibir procesos exitosos de elaboración de cartas constitucionales. Así, por ejemplo, en el caso del que precedió a la Constitución de los Estados Unidos (en 1787) la investigación histórica revela lo accidentada, conflictiva y disruptiva que en realidad fue, algo que con el transcurso del tiempo fue casi completamente olvidado (Broadwater, 2019).

En Chile, el primer obstáculo que confronta nuestro proceso de construcción constitucional son las diferentes concepciones que exhiben distintos grupos al interior de la Convención respecto del sentido de su tarea. Así, mientras algunos consideran al acuerdo político de noviembre de 2019 y las reformas constitucionales que habilitaron el proceso en curso como una oportunidad para inaugurar un proceso constituyente ‘originario’ (esto es, sin límites procedimentales o sustanciales), otros entienden que una nueva carta fundamental puede nacer, también, a partir de un proceso habilitado por los poderes constituidos, ya que las reglas y límites del mismo son razonables. El problema de estas distintas concepciones sobre el sentido del proceso en curso es que, de no abordarse constructivamente, podrían llevar al fracaso de una aspiración que los chilenos expresaron con abrumadora nitidez en el plebiscito de octubre pasado, esto es, que quieren contar con una Constitución democráticamente elaborada, que sustituya la impuesta por la dictadura.

La distintas concepciones del proceso constituyente mencionadas más arriba explican, a mi juicio, otras controversias que se asoman en el horizonte, como la necesidad de revisar el —reconocidamente exigente— quorum de dos tercios para aprobar cada una de las normas de la nueva carta fundamental; la posibilidad de introducir mecanismos para superar la parálisis en caso de no obtenerse los dos tercios en algunas materias, o la pertinencia de algunos de los límites materiales del texto que se someterá a ratificación de la ciudadanía (como, por ejemplo, los tratados internacionales que escapan al ámbito de los derechos humanos).

Más allá de que las diferencias enunciadas se agudizan por el hecho de que el debate constituyente en la práctica ha comenzado (pero en el peor de los contextos, por los medios de comunicación y en pandemia, sin el beneficio del intercambio cara a cara entre las y los convencionales), lo cierto es que el apasionamiento de algunos planteamientos en ocasiones exageran las diferencias que existen. Por otra parte, es bueno recordar que el debate constituyente chileno comienza en un contexto mucho menos violento y polarizado que el de países que lograron, sin embargo, concluir con éxito los suyos (como Colombia, en 1991, y Sudáfrica, en 1994-1996).

Dicho esto, facilitaría las cosas que los diferentes grupos que se empiezan a articular al interior de una Convención Constitucional, bastante fragmentada en sus orígenes, se concentraran en debatir y fijar sus posiciones respecto del reglamento y otros puntos fundamentales del proceso, en lugar de adelantar por los medios de comunicación y las redes sociales sus diferencias con las posiciones de otros grupos. El debate que protagonizarán en el próximo año será arduo y complejo, así que bien podrían prepararse con calma para esa tarea en las semanas que restan para la instalación de la Convención.

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"...Si bien ha tendido a primar una cierta mirada estática respecto de la Convención, en el sentido de que estará paralizada mientras no se apruebe el Reglamento, es posible, a mi juicio, que por el contrario, entre el 4 de julio y el 4 de agosto logre avances importantes en diversas materias, trabajando en paralelo con una autorización provisoria del Pleno, siempre respetando la regla de los dos tercios..."

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"...A pesar de las limitaciones constitucionales, nuestros tribunales superiores, y en particular la Corte Suprema, a través de su Sala Constitucional, han tratado de dar debida protección a situaciones abusivas en que en principio se invocan derechos no asegurados, como es el derecho a la salud. Resulta, entonces, interesante revisar la forma que han buscado para dar tutela indirecta a los mismos..."

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"...Facilitaría las cosas que los diferentes grupos que se empiezan a articular al interior de una Convención Constitucional, bastante fragmentada en sus orígenes, se concentraran en debatir y fijar sus posiciones respecto del reglamento y otros puntos fundamentales del proceso, en lugar de adelantar por los medios de comunicación y las redes sociales sus diferencias con las posiciones de otros..."

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