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La familia, ¿núcleo fundamental de la sociedad?

"... La diferencia entre una familia matrimonial y una familia no matrimonial es justamente la estabilidad de este fundamento. Por eso los que se casan tienen derecho a que su matrimonio sea reconocido por la sociedad y el Estado. El matrimonio entre un hombre y una mujer, libres y hábiles para casarse entre sí, existe antes y fuera de toda ley..."

Jueves, 21 de enero de 2021 a las 11:30
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María Sara Rodríguez
La Constitución Política que nos rige reconoce que “la familia es el núcleo fundamental de la sociedad” (art. 1°, inc. 2°). La pregunta que nos hacemos es si la consideración de la familia como comunidad de vida primaria, cuya existencia es previa y anterior al Estado, ofende la proclamación y defensa irrestricta de los derechos individuales.

Algunos sostienen que el reconocimiento constitucional de la familia sería contrario a la soberanía de los derechos individuales; que la salvaguarda de la familia sería equivalente a la perpetuación de poderes patriarcales que solo sirven para oprimir y vulnerar a niños, que son sujeto de derechos, y mujeres, que ya no necesitan a los hombres para su desarrollo individual; que reconocer la importancia de la familia sería reconocer su fundamento en el matrimonio, institución que algunos consideran obsoleta, pero a la que otros aspiran para satisfacer pretensiones de autonomía individual. ¿Son los derechos individuales y la familia algo irreconciliable? Hace un año, en este mismo espacio, considerábamos las relaciones entre familia y Constitución. En estas líneas se proponen algunas ideas que pueden servirnos para reflexionar sobre la familia como núcleo fundamental de la sociedad.

En primer lugar, los derechos individuales son siempre derechos personales. En cuanto tales, tienen una dimensión social fundamental. El individuo no se realiza por sí mismo. El individuo establece relaciones, vive en sociedad, es persona. Algunas de estas relaciones interpersonales son vitales, omnicomprensivas, incondicionales; sin las cuales el individuo se frustra, malogra su vida, se condena a una soledad para la que no está diseñado estructuralmente. La familia es el lugar donde el individuo encuentra y desarrolla las relaciones personales más esenciales, vitales, gratuitas, exclusivas e incondicionales de su vida. El Estado no debería olvidar ni desconocer esta dimensión relacional y social de los derechos individuales. La protección de los derechos individuales es compatible con la protección de la familia. Es más, pensamos que solo protegiendo a la familia el Estado protegería integralmente los derechos individuales. Solo protegiendo a la familia se reconocería la dimensión social indisociable de la dimensión individual de los derechos fundamentales. Los derechos individuales solamente son soberanos cuando se expanden en su dimensión social y relacional.

En segundo lugar, como sociedad natural la familia es una institución inderogable, anterior al Estado. No fue creada para perpetuar ningún privilegio de clase ni tendencia cultural alguna. En cada época de la historia la sociedad tendrá que combatir prejuicios, privilegios injustos, abusos de toda especie que encuentran en la familia y en otras agrupaciones sociales un ámbito de cultivo. Estos son lacras sociales, consecuencia de las heridas de hombres y mujeres, no de la familia. Algunos pueden exigir las determinaciones y concreciones de normas de derecho positivo. Por ejemplo, en nuestro tiempo tal vez sea necesario que la Constitución y las leyes reconozcan expresamente que los niños son persona, sujeto de derechos, y que no son objeto de contrato ni derecho alguno. Que los padres no tienen propiedad sobre los hijos, que los hijos no se pueden comprar ni vender, que los padres tienen el deber de cuidar a sus hijos y el derecho a educarlos y contribuir a su desarrollo integral durante su minoría de edad y en todas las etapas de la vida.

Por otra parte, “hombres y mujeres son iguales ante la ley” (art. 19, 2° CPR). El hombre y la mujer se complementan especialmente en la familia y en la crianza y educación de los hijos como padre y madre. En las relaciones familiares más íntimas, hombres y mujeres son recíprocamente dependientes. Ni el hombre ni la mujer se valen por sí mismos en sus relaciones personales y, especialmente, en la relación conyugal. El hombre necesita a la mujer. La mujer necesita al hombre. Ni la máxima autonomía cultural y financiera podría reparar esta recíproca dependencia existencial, que no ofende sino sana la dignidad personal. El matrimonio es el lugar donde mejor se sana esta vulnerabilidad personal y existencial. Proteger a la familia, y al matrimonio como la mejor forma de establecer una familia, asegura la plenitud existencial de hombre y mujeres, y el pleno desarrollo de sus derechos individuales.

Llegamos, por último, al matrimonio. El matrimonio también merece protección como una de las mejores formas para establecer una familia: el recíproco y exclusivo compromiso de un hombre y una mujer. Hablamos de establecer o fundar una familia. La diferencia entre una familia matrimonial y una familia no matrimonial es justamente la estabilidad de este fundamento. Por eso los que se casan tienen derecho a que su matrimonio sea reconocido por la sociedad y el Estado. El matrimonio entre un hombre y una mujer, libres y hábiles para casarse entre sí, existe antes y fuera de toda ley. Corresponde a la sociedad y al Estado reconocer los compromisos vitales de hombres y mujeres cuando tienden a establecer una familia, que ampara sus vidas y recibe a los hijos, y asegura la estabilidad de las futuras generaciones. Se salvaguarda, así, la sociedad más esencial, el elemento fundamental de la sociedad. La familia, en realidad, no puede dejar de ser núcleo fundamental de la sociedad.

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"... La diferencia entre una familia matrimonial y una familia no matrimonial es justamente la estabilidad de este fundamento. Por eso los que se casan tienen derecho a que su matrimonio sea reconocido por la sociedad y el Estado. El matrimonio entre un hombre y una mujer, libres y hábiles para casarse entre sí, existe antes y fuera de toda ley..."

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