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Compensación económica a favor de una mujer por no haber trabajado durante 21 meses de los cuatro años y tres meses que duró su matrimonio

"...En el caso que motiva estas líneas la cuestión controvertida es si la mujer pudo y quiso realizar un trabajo remunerado durante el matrimonio o no. Es decir, si procede o no una compensación económica cuando el demandante parece no haber querido trabajar habiendo podido hacerlo..."

Lunes, 07 de diciembre de 2020 a las 12:50
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María Sara Rodríguez
La naturaleza jurídica y el cumplimiento de los presupuestos de la compensación económica por nulidad o divorcio sigue generando perplejidad en la doctrina y los tribunales. Le ley parece clara en el sentido de que se trata de una suma de dinero para paliar el “menoscabo económico” que causa el divorcio o la nulidad cuando por “haberse dedicado al cuidado de los hijos o a las labores del hogar común, uno de los cónyuges no pudo desarrollar una actividad remunerada o lucrativa durante el matrimonio, o lo hizo en menor medida de lo que podía y quería” (art. 61, Ley N° 19.947, de 2004). Para evaluar la procedencia y cuantía de esta compensación el tribunal debe considerar factores como la duración de la vida en común, la situación patrimonial de los cónyuges, la edad y el estado de salud del beneficiario, su situación en materia de beneficios previsionales y de salud, su cualificación laboral y posibilidades de acceso al mercado laboral (art. 62, Ley N° 19.947, de 2004). En la determinación de la forma de pago el juez considerará la cuantía de los bienes del deudor (arts. 65 y 66, Ley N° 19.947, de 2004). La aplicación de estas normas a los casos concretos es siempre compleja.

En el caso que motiva estas líneas la cuestión controvertida es si la mujer pudo y quiso realizar un trabajo remunerado durante el matrimonio o no. Es decir, si procede o no una compensación económica cuando el demandante parece no haber querido trabajar habiendo podido hacerlo.

La mujer alega no haber podido trabajar (en la medida que hubiera querido) por haberse tenido que dedicar a las labores del hogar. El marido sostiene, en cambio, que siempre tuvieron ayuda doméstica, que no tuvieron hijos y que ella trabajó cuando quiso y dejó de hacerlo por motivos ajenos a las necesidades del hogar. Un juez de familia de Concepción acoge la demanda reconvencional de la mujer y fija la cuantía de la compensación económica por el divorcio por cese de la convivencia en $12 millones, pagaderos en cuotas de $1 millón cada una. Se continúa litigando el asunto de la compensación. La Corte de Apelaciones de Concepción revoca. La Corte Suprema acoge el recurso de casación en el fondo interpuesto contra esta última sentencia (Cuarta Sala, 6 de octubre de 2020, Rol 44142-2020). En reemplazo, hace lugar a la demanda estimando el menoscabo económico que invoca la demanda reconvencional en la única suma de $2.100.000.

Como antecedentes podemos agregar que marido y mujer se casaron en Concepción en 2011, cuando ella tenía 31 años y trabajaba como profesora de educación diferencial en Lota. Se trasladaron a vivir a Arauco. Ahí la mujer alega haber sufrido maltratos de parte del marido, los que le habrían causado aumento de peso y depresión. Consta que dejó el trabajo que tenía en Lota por la incomodidad de viajes por malos caminos. Mientras vivieron en Arauco, ella tuvo otros trabajos, pero ninguno estable. Hicieron vida en común por cuatro años y tres meses. No tuvieron hijos. El marido demuestra que le pagó una cirugía bariátrica y proveyó a la convalecencia de la mujer después de la separación. A los 39 años la mujer ha vuelto a trabajar y vive en Concepción.

En la sentencia de reemplazo de la Corte Suprema se considera que la mujer no trabajó durante 21 meses de los cuatro años y tres meses que duró la vida en común y que merece ser compensada económicamente por el marido por los períodos en que estuvo sin trabajo. El tribunal de casación no se hace cargo de los motivos por los que la mujer estuvo fuera del mercado laboral durante el tiempo que estima que debe ser compensado. Estos motivos serían irrelevantes. Lo que interesa es que el cónyuge demandante no haya trabajado “sea por decisión propia o porque las condiciones del matrimonio se lo requirieron” (cons. tercero, casación), porque “lo que explica el resarcimiento de tipo económico es la actitud que uno de los cónyuges asumió en pro de la familia y la consiguiente postergación personal” (cons. tercero, cas.). Sería irrelevante si no pudo o no quiso trabajar, lo relevante sería el hecho mismo de no haberlo hecho; este hecho revelaría la “actitud” asumida “en pro de la familia y la consiguiente postergación personal”.

Para fijar la cuantía de la condena, el tribunal considera que la mujer podría haber ganado un sueldo promedio de $500.000 por cada mes que no trabajó; que “corresponde considerar que la convivencia efectiva se mantuvo por [cuatro] años y tres meses; que la cónyuge no trabajó de manera remunerada durante 21 meses; que en la actualidad ejerce su profesión; que no tiene bienes inmuebles inscrito a su nombre; que en la actualidad tiene 39 años de edad. El demandado, por su parte, se desempeña como ingeniero, percibiendo una remuneración de $3.860.000 mensuales” (cons. segundo, sentencia de reemplazo). En definitiva, de la suma de $500.000 “por el período de 21 meses, igual a $10.500.000, resulta razonable calcular un porcentaje de diez por ciento por concepto de cotizaciones y otro diez por ciento para fines de ahorro, pues el resto, lo normal habría sido destinarlo para solventar sus gastos personales y los del hogar; razón por la que corresponde fijar una compensación en la suma de $2.100.000” (cons. tercero, sentencia de reemplazo). Se resuelve que el deudor deberá pagar esta suma por una sola vez, dentro del quinto día de ejecutoriada la sentencia.

La situación de una profesora de educación diferencial, que estuvo casada por cuatro años y tres meses desde los 31 años, que no tuvo hijos, cuya salud mental se podría haber visto afectada por la vida en otra ciudad y, tal vez, por la falta de una ocupación absorbente puede ser dramática frente a un divorcio. Parece difícil revelarse contra la razón que parece defender la sentencia de casación: la actitud asumida por la mujer durante su vida de casada y la consiguiente postergación personal mientras el marido tenía un buen trabajo, aunque no hayan tenido hijos. Todas las leyes se quedan cortas cuando los fallos revelan dramas humanos difíciles de reparar con dinero.

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"... La diferencia entre una familia matrimonial y una familia no matrimonial es justamente la estabilidad de este fundamento. Por eso los que se casan tienen derecho a que su matrimonio sea reconocido por la sociedad y el Estado. El matrimonio entre un hombre y una mujer, libres y hábiles para casarse entre sí, existe antes y fuera de toda ley..."

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