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Las obligaciones de medios, de resultado y el caso fortuito como límite del deber de indemnizar

"...El límite de la responsabilidad, tratándose de las obligaciones de medio, es el caso fortuito; es decir, el mismo límite que se les reconoce a las obligaciones de resultado. Como se ve, entonces, tratándose de las obligaciones de medio y de resultado, el límite de la responsabilidad es el mismo. Cuestión distinta es que el objeto de la obligación —y, por lo mismo, su forma de cumplimiento— sea diverso..."

Miércoles, 11 de noviembre de 2020 a las 11:00
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Iñigo de la Maza
Con cierta frecuencia se señala que una distinción relevante entre las obligaciones de medios y aquellas de resultado es que, para exonerarse de responsabilidad —es decir, de la obligación de indemnizar daños y perjuicios—, el deudor, en las primeras, debe acreditar su diligencia y, en las segundas, el caso fortuito.

Se trata de una afirmación intuitivamente atractiva, pero falsa.

Para comprenderlo puede considerarse lo siguiente. Un centro médico se obliga a entregar un examen correctamente ejecutado —una obligación de resultado—, y así lo hace. No cabe duda de que no tendrá que indemnizar perjuicios. Sin embargo, nada tiene que ver en esto el caso fortuito, sino el hecho de que la obligación fue cumplida y el primer requisito de la indemnización de perjuicios es un incumplimiento contractual.

Ahora, imaginemos que un médico opera a un paciente —una obligación que, generalmente, se concibe como de medios— y, no obstante ceñirse estrictamente a la lex artis, no logra sanarlo. Una vez más, diremos que el médico no debe indemnizar daños y perjuicios, y la razón por la cual lo afirmaremos es la misma que en el caso anterior: el médico cumplió con su obligación. De nuevo, el caso fortuito simplemente no tiene lugar aquí.

Como puede verse, a este respecto las obligaciones de medios y las obligaciones de resultado funcionan de la misma manera. Una vez que sabemos que se cumplió la obligación no tiene sentido preguntarnos acerca de la obligación de indemnizar, precisamente porque se cumplió la obligación primaria y, por lo mismo, la pregunta acerca del caso fortuito ni siquiera llega a presentarse.

Si, en cambio, concluimos que la obligación se incumplió —ya sea porque no se observó la diligencia debida o no se alcanzó un resultado diverso, protegido por el contrato—, entonces ha llegado el momento para el acreedor de comenzar a pensar en la indemnización. Por su parte, la deudora haría bien en pensar en alguna causa que la exonere de responder de la obligación que incumplió.

Para entender por qué la aparente diferencia entre obligaciones de medio y resultado con que comencé esta columna es falsa, parece conveniente insistir sobre la diferencia entre el incumplimiento de la obligación y la existencia de una causal de exoneración tratándose de obligaciones de medios.

Podemos volver sobre el ejemplo del médico que realiza una intervención quirúrgica. Para efectos del ejemplo, diremos que si satisface el estándar de cuidado habrá cumplido con su obligación de medios, no obstante que no haya logrado sanar a la paciente. El incumplimiento, en cambio, tendrá lugar si no alcanzó dicho estándar.

Pues bien, como ya quedó dicho, una vez que llegamos a ese punto tiene sentido preguntarse si el médico debe o no indemnizar, pues resulta ser el caso que, en los términos del artículo 1547 no logró probar la diligencia o cuidado debido (y prescindo aquí de la discusión acerca de la carga probatoria en estos casos) o, dicho de otra manera, que incumplió el contrato.

El incumplimiento del contrato —en este caso, la inobservancia del cuidado debido— es un requisito de la indemnización de daños y perjuicios, pero no cualquier incumplimiento contractual que cause daños previsibles obliga a repararlos, ha de ser el caso aún que el deudor no pueda exonerarse de la responsabilidad y la pregunta que resta es cómo podría exonerarse de responsabilidad, en este caso el médico, por su negligencia en el actuar. 

La respuesta —una vez más, el artículo 1547— es probando el caso fortuito. Es probable que largas décadas estudiando las cosas de manera diversa enturbien la comprensión de lo que acabo de afirmar. Con algo de suerte, otro artículo del Código puede colaborar a aclarar las cosas. Se trata del inciso tercero del artículo 1558. Su tenor es el siguiente: “La mora producida por fuerza mayor o caso fortuito no da lugar a la indemnización de perjuicios”.

La mora es un retardo en el cumplimiento de la obligación; ese retardo es una especie de incumplimiento contractual de aquellos que menciona el artículo 1556 (“haberse retardado el cumplimiento”). Cuando se lee el inciso tercero del artículo 1558 a contrario sensu diremos que la mora (el incumplimiento) obliga a indemnizar daños y perjuicios, salvo que el deudor acredite que el caso fortuito le impidió cumplir con su obligación.

Pues bien, si llevo razón, tenemos que el límite de la responsabilidad, tratándose de las obligaciones de medio, es el caso fortuito; es decir, el mismo límite que se les reconoce a las obligaciones de resultado.

Como se ve, entonces, tratándose de las obligaciones de medio y de resultado, el límite de la responsabilidad es el mismo: el caso fortuito. Cuestión distinta es que el objeto de la obligación —y, por lo mismo, su forma de cumplimiento— sea diverso.

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