“El Ministro Rodrigo Valdés será recordado por la ley de Bancos”. Es lo que cree el ex superintendente de Bancos e Instituciones Financieras (SBIF), Raphael Bergoeing, quien dice que cuando se evalúe históricamente al titular de Hacienda, su proyecto será recordado como “el de mayor impacto positivo a la economía chilena”.
El investigador del Centro de Estudios Públicos, quien participó en la elaboración de esta Ley, dijo a El Mercurio Inversiones que si esta es aprobada tal cual fue planteada por el gobierno, va a permitir más resiliencia en el mercado. “Pero, al mismo tiempo, más heterogeneidad en el tipo de instituciones que participan en él”.
Bergoeing recuerda que junto con exigirse que los bancos tengan más capital (según los estándares de la regulación internacional "Basilea III"), se crea una herramienta de resolución bancaria, “que es una especie de ley de quiebra aplicada al mundo bancario”. Critica que “cuando afuera te dicen que Chile ha sido un país exitoso, y que no ha quebrado un banco en 30 y tantos años, yo tengo la obligación de ser escéptico y preguntarme si no han quebrado porque no los han dejado quebrar, y si eso ha significado que no han tenido la motivación competitiva que los obliga a ser mejores, porque saben que los van a salvar”. En esta línea –añade– “el capítulo de resolución bancaria les dice a los bancos: cuidado, por un lado no queremos que quiebren, dado su carácter sistémico, pero por otro si lo hacen mal, se van a tener que disolver y los accionistas van a tener que asumir los costos”.
En este contexto, cree que la Ley aumentará la posibilidad de que haya bancos que se hagan cargo de segmentos de la población “que hoy día están dejados de lado y que le pongan más presión también a los bancos más tradicionales”. Esto facilitará la llegada de bancos internacionales nuevos que hasta ahora no han podido considerar a Chile, señala.
Un segundo gran elemento de la nueva Ley de Bancos facilitará esto, dice Bergeoing. Se trata del "pilar 2" de Basilea, que implica “moverse desde una regulación uniforme para todas las instituciones bancarias independiente de sus características, algo que tuvimos desde los años 80 en Chile, a otra más flexible”. Plantea que la regulación aún vigente en Chile “deja de lado a varios segmentos y nichos de la población que quieren desarrollar modelos de negocio distintos, pese a que el país no está separado entre grandes empresas internacionales y pymes informales”. El Pilar 2, sin embargo, “le entrega atribuciones al regulador bancario para que pueda discrecionalmente, en función de elementos técnicos, exigir niveles de capital distintos según el banco de acuerdo a sus propios modelos de negocio”, dice. “De modo de que tal vez un banco que va a un segmento más riesgoso pero que está cumpliendo un rol social fundamental en la economía de mercado, que es hacerla más inclusiva, pueda hacerlo, pero al mismo tiempo tenga que cumplir con exigencias propias de ese segmento distintas que el banco que tiene un tipo de cliente más seguro”.
Asegura que “ahí también tú tienes la posibilidad de generar cierto grado de competencia, porque ahora van a haber bancos con distintas características, que van a poder hacerse cargo de segmentos de la población que estaban botados, y que eventualmente le van a poner presión a esos otros bancos más grandes que estaban más cómodos, porque habían menos actores”.
Bergoeing recuerda, además, que Chile tiene un mecanismo de resolución bancaria basado en la ley de 1986, “pero era muy criticada porque estaba fundamentalmente basada en acuerdos entre privados, y lo que requieren los mecanismos de resolución bancaria es que haya un Estado fuerte que pueda intervenir y hacer pagar a los que tienen que pagar los costos por haberse equivocado”. Afirma que “esta resolución bancaria está muy alineada con lo que se ha implementado en Europa, que entre paréntesis, permitió que el Banco Popular fuera, entre comillas, rescatado, pero imponiéndole costos a aquellos que invirtieron, como Andrónico Luksic, que invirtió US$100 millones un mes antes. Ese es el balance que tú quieres”, dice el académico.
DIFICULTAD EN LA APROBACIÓN
El investigador del CEP explica que dado el inherente riesgo de corrida bancaria existente en esta industria (“los bancos son entidades apalancadas y nueve de cada diez pesos son de los depositantes”, dice), se busca generar dos herramientas: que el banco tenga mayores espaldas de las que tiene, lo que queda cubierto con las mayores exigencias de capital de Basilea III, y darle al regulador ciertas atribuciones para que en situaciones excepcionales pueda exigir más capital que antes. “Eso se conoce como colchones contraciclicos, y le da a la autoridad herramientas para que en la medida en que los bancos en el tiempo van creciendo o se van haciendo más interconectados, también se les pueda pedir más capital, algo que en Chile no existía”, sostiene.
Con todo, uno de los problemas que ve el ex regulador es el anhelo del ministro Valdés de que el proyecto se apruebe este año en el Congreso. “Sobre los estándares de capital de Basilea hay bastante acuerdo, pero en el mundo de la resolución bancaria, es mucho más complejo, hay mucho menos experiencia, y por lo tanto la discusión técnica es mucho más reciente y ha sido menos probada, y en ese sentido hay algunas dudas. Por su complejidad, es imposible que la ley de bancos sea aprobada en menos de un año”, dice.
Otra duda de Bergoeing pasa por cómo la nueva Comisión del Mercado Financiero (CMF), el nuevo regulador financiero y bancario, incorporará los roles de la Superintendencia de Bancos, tal como debiera ocurrir luego de que se apruebe la Ley General de Bancos. “¿Qué va a pasar cuando se incorpore bancos? ¿El mismo presidente de la comisión va a hacer la pega ahora de supervisión del sistema bancario? Valores y bancos tienen mucho en común, pero tienen funciones completamente distintas”, dice. “En particular, la supervisión en el mundo de los valores funciona tratando de descubrir malas prácticas, sancionando una vez que se cometen errores, el análisis es más bien ex post. Pero en el mundo bancario la supervisión es ex ante, es un mecanismo prudencial, la idea es adelantarse a los problemas, porque una vez que este ocurre, no sacas nada sancionando: ya se produjo la corrida”.