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Cómo manejar un huerto de carozos en poscosecha

Entre las labores que se recomiendan para esta época del año destacan la incorporación de nutrientes, el uso de productos fitosanitarios, y el adecuado manejo del riego y control de las malezas.

Jueves, 15 de febrero de 2018 a las 8:30
- - Duraznero. Durante este periodo se preparan para acumular las reservas nutricionales que los mantendrán fuertes durante el invierno y los harán florecer en primavera.
Crédito: Gamalier Lemus
Daniela San Martín N.

Con el término de la cosecha de fruta no sólo llega el momento de sacar cuentas y analizar lo bueno y lo malo que dejó el año agrícola, sino también el periodo para comenzar a trabajar en lo que será la próxima temporada. Y es que lo que se haga en esta etapa puede ser determinante en lo que ocurra en la próxima cosecha, en cuanto a calidad y cantidad de fruta.

Los frutales de carozos como los duraznos, ciruelas y nectarines, por ejemplo, durante este periodo se preparan para acumular las reservas nutricionales que los mantendrán fuertes durante el invierno y los harán florecer en primavera.

Por lo mismo, los expertos recomiendan realizar una serie de labores, donde destacan la incorporación de nutrientes y el adecuado manejo del riego y de productos fitosanitarios.

1-Recuperación del nivel nutricional

Durante el proceso de producción, la planta destina todos sus nutrientes al fruto, por lo que luego de la cosecha puede quedar bastante disminuida. Por lo mismo, los expertos recomiendan entregar los nutrientes requeridos por la planta con el fin de que pueda tener una buena performance productiva en el futuro.

Por esta razón, la primera recomendación de los expertos apunta a establecer las deficiencias de algunos nutrientes como nitrógeno, potasio y zinc, que —de los 14 esenciales para el vegetal— son los que, por lo general, se presentan en más bajos índices luego de la cosecha.

Lo importante, dice Gamalier Lemus, agrónomo fruticultor Ms. C. y subdirector de investigación y desarrollo del Inia Rayentué, es que “las aplicaciones se realicen de acuerdo a las reales necesidades de la planta”. Para ello recomienda la realización de un análisis foliar.

El primer paso para llevar a cabo este proceso es determinar la zona, el manejo, la edad y la variedad que se analizará. Luego, se debe tomar una muestra representativa de la condición del huerto.

El muestreo ideal debe comprender, al menos, 50 árboles por sector o variedad, de los cuales se deben extraer una a dos hojas de una altura media. El número final de hojas debe ser de 60-100. Los árboles seleccionados deben ser representativos de la condición del huerto, estar libres de enfermedades y tener condiciones distintas de riego u otra particularidad ocasional.

Una vez tomada la muestra, ésta debe ser enviada a un laboratorio, donde la analizarán y emitirán un documento con el estado nutricional de las plantas, el cual será la base para manejar la fertilización.

De acuerdo a Lemus, lo ideal es que el análisis foliar de los frutales de carozos se lleve a cabo durante la etapa de estabilidad de la planta, es decir, cuando se hayan cerrado las heridas generadas por la cosecha o en el periodo de tiempo que se extiende entre el 15 de enero y el 28 de febrero.

Cabe destacar que un seguimiento anual de las plantas permitirá al productor saber con mayor exactitud los requerimientos de cada nutriente.

Si por algún motivo el productor no pudiera llevar a cabo este procedimiento, una segunda opción, aunque menos exacta, es realizar un análisis de los síntomas visuales del campo, los que si bien no son específicos, ayudan a obtener un primer diagnóstico.

“Cuando existe carencia de nitrógeno, por ejemplo, las hojas de la planta pasan de tener un color verde a uno más amarillento, en toda la lámina”, dice Gamalier Lemus.

En el caso del potasio, las deficiencias se hacen evidentes cuando los bordes de las hojas se comienzan a poner amarillos. Incluso, esta situación puede terminar en un abarquillamiento de los bordes de la hoja, donde estos se enroscan hacia el interior. “En casos extremos de deficiencia, se pueden observar bordes quemados”, agrega el especialista.

Con las deficiencias de zinc, en tanto, las hojas disminuyen su tamaño (son más angostas) y se vuelven más amarillas en su lámina, aunque mantienen su color verde en la nervadura. Los brotes, además, pueden mostrar un acortamiento de los entrenudos, también conocidos como brotes arrosetados.

2-Manejo del riego

Las plantaciones de carozos en Chile se concentran entre las regiones de Valparaíso y de O´Higgins, donde el agua de riego presenta altas acumulaciones de sales, las cuales son arrastradas a la superficie del suelo.

“El Río Maipo, por ejemplo, nace del Embalse del Yeso, por lo que su agua presenta altas concentraciones de carbonato de calcio”, añade Lemus.

El problema es que muchas veces los niveles de determinados compuestos pueden llegar a ser tóxicos, especialmente para especies como los carozos, que son menos tolerantes que otras como las vides.

Por esta razón, una vez realizada la cosecha y el análisis foliar se debe realizar un lavado de suelo. La idea es que la salinidad que pueda existir no interfiera en la aplicación y acción de los fertilizantes que se apliquen posteriormente. Para ello, en la práctica, se requiere aumentar el tiempo de riego, de por ejemplo 8 a 24 horas, una o dos veces durante la temporada.

“Esto dependerá de los niveles de sales existentes en la zona. Idealmente debe realizarse entre marzo y abril”, afirma Lemus.

De igual forma, los expertos recomiendan inspeccionar y evaluar el sistema de riego que se está utilizando, con el fin de saber si éste logró cubrir la superficie que se estimó y si ha presentado problemas durante su ejecución.

También se recomienda limpiar el sistema de riego en busca de acumulaciones de sales en las líneas de conducción y en los emisores, que puedan interferir con el tránsito del agua.

“Se debe considerar que el agua es un recurso que debe ser utilizado en justa medida, ni más ni menos, y para esto se debe tener un sistema que funcione”, agrega Lemus.

Cabe destacar que la mayoría de los huertos de frutales de carozos cuentan con un sistema de riego por surco. De hecho, se estima que sólo el 30% de los productores utiliza riego tecnificado.

3-Manejo de las malezas

Pese a que el huerto ya no se encuentra con fruta, las malezas siguen emergiendo del suelo con el fin de arrebatarle el agua y los nutrientes a la planta. Por lo mismo, los expertos recomiendan jamás olvidarse de ellas, incluso en poscosecha.

En ese contexto, lo primero que se debe hacer es detectar cuál o cuáles son las malezas que están atacando el huerto. Luego, dependiendo del tipo, se debe realizar la aplicación del herbicida siguiendo las pautas recomendadas en las etiquetas de los productos. Lo importante es que las aplicaciones cubran a todas aquellas malezas que midan más de 10 cm, ya que pueden ser hospederas de plagas transmisibles a la fruta, como el burrito de los frutales y la arañita bimaculada.

“Si no se hace de esa forma, la colonia de insectos o ácaros será grande, y al arrancarles su hospedero, la maleza, se moverán hacia lo único verde que hay cerca, es decir, los árboles frutales”, asevera Lemus.

Asimismo, este periodo se debe aprovechar para realizar una limpieza de malezas en los cursos de agua, con el fin de evitar su proliferación durante las épocas de más lluvias. Para ello se recomienda remover toda maleza existente en los bordes y el fondo de acequias y canales. Esta limpieza también ayudará a disminuir la presencia de patógenos y roedores que puedan habitar en esos lugares y que puedan significar un riesgo para el desarrollo normal del cultivo.

4-Control fitosanitario

Si bien por lo general las aplicaciones de pesticidas se realizan cuando existe fruta en el árbol, durante la época de poscosecha se pueden llevar a cabo ciertas aplicaciones con productos que poseen un período de carencia largo que, por la ausencia de fruta, no afectarán la producción ni la sanidad del producto.

Dentro de las principales plagas que afectan a los carozos se encuentran la escama de San José, el chanchito blanco y ciertos ácaros como las arañitas rojas bimaculada y el ácaro de los frutales. Los expertos coinciden en que a fines de febrero y comienzos de marzo estas plagas pueden controlarse mejor, con más alternativas fitosanitarias, respecto al momento en que la fruta está en la planta.

“Si bien, estas plagas están durante toda la temporada del carozo y son igualmente controladas, es en esta época, sin frutos, cuando podemos ocupar productos más complejos para su control”, asegura Lemus.

De igual forma, será trascendental que los productores arranquen toda la fruta que haya quedado en el árbol tras la cosecha, con el fin de evitar que se transformen en un potencial foco de infección por hongos y bacterias y afecten la producción de la temporada entrante, especialmente si el huerto presentó daños por Monilinia fructícola la temporada anterior.


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