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Santiago de Chile. Mar 21/07/2026

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La apuesta que puede cambiar el futuro del avellano europeo

Aunque su adopción aún es incipiente, los nuevos portainjertos prometen mejorar la eficiencia en el uso del agua, eliminar la emisión de sierpes, ampliar la oferta de suelos aptos y facilitar la mecanización de los huertos.

Lunes, 6 de julio de 2026 a las 8:30

El uso de portainjertos en el avellano europeo ha dejado de ser una alternativa de nicho para convertirse en una herramienta clave, impulsada por huertos cada vez más tecnificados y la necesidad de mejorar la eficiencia, la productividad y la adaptación a distintos suelos y climas.

{DESTACAR Para Rolando García, director ejecutivo de SynergiaBIO, el uso de portainjertos también permitiría ampliar la oferta de suelos aptos para este frutal.} Además, al dotar al árbol de un sistema radicular más profundo y vigoroso, los portainjertos aumentan la tolerancia al déficit hídrico, reducen la emisión de sierpes y facilitan la cosecha mecanizada, lo que puede ahorrar entre 700 y 800 USD por hectárea al año; sin embargo, su disponibilidad es limitada y la producción de patrones como Coco 4 es compleja y costosa, tardando hasta tres años en estar lista.

En el mercado chileno ya se encuentran los híbridos OSU Dundee y Newberg, el patrón turco Coco 4 y, en fase de evaluación, el cultivar Nalú, que combina facilidad de propagación y baja emisión de sierpes. El INIA ha desarrollado los portainjertos locales Selfe B y Selfe J, con diferentes niveles de vigor y anclaje, y se espera que los primeros ensayos piloto se realicen en otoño de 2027, ampliando el potencial de expansión de esta tecnología en la industria.

- Portainjerto Coco 4 injertado con Tonda Francescana.
Crédito: Andrés Reyes
Luis Muñoz G.

Durante años, el desarrollo y uso de portainjertos para avellano europeo ocupó un lugar secundario en la agenda de la industria. Sin embargo, el acelerado crecimiento y la consolidación del sector durante la última década modificaron por completo ese escenario. Hoy, con huertos cada vez más tecnificados y productores enfocados en mejorar la eficiencia, la productividad y la adaptación a distintas condiciones de suelo y clima, los portainjertos han dejado de ser una alternativa de nicho para convertirse en una de las herramientas con mayor potencial para el futuro del cultivo.

"La adopción de portainjertos en avellano europeo es un tema relevante, pero todavía no se puede considerar una tecnología plenamente consolidada a nivel nacional ni mundial", afirma Jorge Retamal, investigador en manejo agronómico de frutales mayores del INIA Quilamapu.

Según Andrés Reyes, gerente general de Agroreyes, esta situación está directamente relacionada con la escasa disponibilidad de plantas injertadas en el mercado, producto de la complejidad que implica su propagación.

"En nuestro caso propagamos el portainjerto Coco 4, un material difícil de producir, con un bajo porcentaje de prendimiento y un desarrollo lento. Además, el proceso de injertación tiene un alto grado de complejidad, lo que impide contar con una disponibilidad constante de plantas de una temporada a otra", explica.

El asesor señala que en 2024 la empresa trajo 40 mil plantas, de las cuales este año sólo ha podido entregar alrededor de 7 mil.

"Hay que tener en consideración que, si normalmente una planta convencional demora dos años en estar lista para su entrega, una planta injertada puede tardar hasta tres", agrega.

Una tecnología que aporta

Pese a ello, en la industria ya se ha instalado la idea de que los portainjertos representan un importante salto tecnológico para el cultivo, debido a los múltiples beneficios que pueden aportar en distintas áreas.

Así, por ejemplo, constituyen una herramienta agronómica relevante para enfrentar la crisis climática, marcada por veranos con un estrés hídrico cada vez más intenso y suelos con mayores limitaciones.

"Al dotar al árbol de un sistema radicular más profundo, vigoroso y tolerante al déficit hídrico, como lo demuestran estudios realizados en España, se mejora considerablemente la exploración del suelo y la eficiencia en el uso del agua. Esto no sólo favorece un uso más eficiente del recurso hídrico, sino que también asegura una brotación uniforme, una mejor iluminación de la copa y la estabilidad del potencial productivo del huerto en el largo plazo", comenta Retamal.

Para Rolando García, director ejecutivo de SynergiaBIO, el uso de portainjertos también permitiría ampliar la oferta de suelos aptos para este frutal.

"El avellano europeo requiere determinadas condiciones de textura y calidad química del suelo que en Chile no están presentes en todos los lugares donde podría establecerse el cultivo. En ese contexto, ciertas características de algunos portainjertos podrían transformarse en una muy buena alternativa", explica.

Paralelamente, García sostiene que esta tecnología también podría contribuir al manejo del vigor de las plantas.

"En el sur, donde existen buenos suelos y condiciones ambientales óptimas, el crecimiento vegetativo del avellano suele ser muy vigoroso, lo que en algunos casos termina afectando el rendimiento productivo. Si a eso se suma la posibilidad de aumentar la densidad de plantación, los portainjertos desvigorizantes podrían transformarse en un aporte importante", señala.

Sin embargo, para los especialistas, el principal beneficio de los portainjertos radica en su capacidad para resolver uno de los mayores problemas del cultivo: la emisión de sierpes o chupones basales, cuya eliminación demanda una importante inversión de recursos. De hecho, es habitual realizar entre cuatro y cinco intervenciones al año utilizando productos especializados y de alto costo.

En este sentido, determinados portainjertos permiten eliminar prácticamente por completo la emisión de sierpes, facilitando la conducción en monoeje, optimizando las labores de cosecha mecanizada y reduciendo a cero el uso de herbicidas. Además del beneficio económico, ello también contribuye a disminuir el impacto ambiental del cultivo.

"De acuerdo con mi experiencia, los productores pueden ahorrar entre 700 y 800 dólares por hectárea al año sólo en el control de sierpes", afirma Andrés Reyes.

El asesor agrega que, en promedio, una planta injertada cuesta alrededor de dos dólares más que una planta propagada in vitro. Esto significa que, en un cuartel con 800 plantas por hectárea, la inversión inicial aumenta en aproximadamente US$1.600, monto que, según sus cálculos, puede recuperarse entre el segundo y el tercer año.

Opciones disponibles

Aunque a nivel mundial la investigación y el desarrollo de portainjertos para avellano europeo han cobrado un fuerte impulso durante las últimas dos décadas -liderados principalmente por universidades e institutos tecnológicos de Estados Unidos, Italia y España-, la oferta de materiales disponibles sigue siendo limitada.

De ese universo, Jorge Retamal destaca los portainjertos híbridos interespecíficos -cruzamientos entre Corylus colurna y Corylus avellana- desarrollados por la Universidad Estatal de Oregón (OSU), entre los que sobresalen comercialmente Dundee y Newberg.

"Estos patrones destacan por transferir un buen vigor a la variedad, no emitir sierpes y otorgar un excelente anclaje al suelo", indica.

El investigador también resalta las selecciones clonales de variedades tradicionales de bajo rebrote y la propagación de Corylus colurna (avellano turco) a partir de semilla seleccionada, alternativas que muestran una excelente afinidad con cultivares de alta demanda industrial, como Tonda di Giffoni y Barcelona, además de favorecer una entrada más rápida en producción.

Entre los materiales más nuevos disponibles en Chile figura Coco 4, un patrón de origen turco seleccionado en Italia, cuyas principales características son la ausencia de sierpes, el desarrollo de un sistema radicular más vigoroso y profundo, y una capacidad para controlar el vigor de la planta.

"Respecto de esta última característica, con Coco 4 buscamos reducir el vigor de la planta, algo que se logra entre un 15% y un 20% de los casos", indica Andrés Reyes, quien también es director de Vitrogroup, empresa que representa este portainjerto en Chile.

Entre los materiales que aún no están disponibles comercialmente en el país, pero que se encuentran en fase de evaluación, figura Nalú, un cultivar representado en Chile por SynergiaBIO que tiene la particularidad de poder utilizarse tanto como variedad como portainjerto.

Este material, originario del sur de Italia y obtenido a partir del cruzamiento entre híbridos interespecíficos, destaca por su escasa emisión de sierpes y por ser más fácil de propagar que Corylus colurna.

"Corylus colurna es muy recalcitrante a la propagación in vitro y tampoco responde bien a la propagación por estacas u otros métodos. Si bien la propagación por semilla funciona relativamente bien, el desarrollo de la plántula en vivero es muy lento. Nalú, en cambio, se propaga muy bien, presenta un excelente comportamiento en laboratorio una vez ajustadas las condiciones y, cuando llega al vivero, desarrolla un sistema radicular vigoroso y un tallo muy erecto que facilita las labores de injertación", explica Rolando García.

Según García, los estudios realizados en Europa muestran que este material presenta una buena tolerancia a la sequía, requiere menos agua para producir y posee menores requerimientos de frío que variedades como Tonda di Giffoni o Barcelona.

"Esto permitiría producir un poco más al norte o en zonas costeras, aunque, por supuesto, primero debemos validar ese comportamiento mediante ensayos", indica.

Asimismo, señala que los resultados obtenidos en Italia muestran una buena compatibilidad con algunas de las variedades más utilizadas en Chile, entre ellas Tonda di Giffoni, Jefferson, Yamhill y Barcelona.

Cabe destacar que este material ingresó a Chile el año pasado y actualmente ya se encuentra liberado de cuarentena. García explica que durante esta temporada se realizarán los primeros injertos, ya sea en vivero o directamente en campo, dependiendo de los requerimientos de cada productor.

"La idea es que en otoño de 2027 estemos desarrollando los primeros ensayos en el país", agrega.

El ejecutivo añade que SynergiaBIO también evalúa introducir próximamente otros dos portainjertos al país, uno de ellos de tipo enanizante.

El desarrollo chileno

A esta oferta se suman Selfe B y Selfe J, dos portainjertos desarrollados en Chile por el INIA.

"Ambos portainjertos provienen de ecotipos locales seleccionados minuciosamente por su nula o muy baja emisión de sierpes", afirma Jorge Retamal.

El investigador explica que la principal diferencia entre ambos radica en el vigor y el anclaje que transmiten a la variedad.

"Mientras uno ofrece un comportamiento muy equilibrado, ideal para plantaciones de densidad media y un manejo eficiente de la copa, el otro destaca por transmitir un mayor vigor y un desarrollo radicular óptimo para enfrentar suelos con mayores limitaciones físicas o problemas de drenaje", señala.

Si bien Retamal destaca el valor estratégico de estos materiales -ya que permitieron validar con éxito un protocolo de propagación in vitro desarrollado a nivel local, posibilitando la obtención de plantas sanas, homogéneas y preparadas para la mecanización desde la base-, recalca que aún es necesario seguir evaluando su comportamiento y capacidad de adaptación en las distintas zonas productoras del país.

"Su impacto en la industria todavía está en desarrollo, pero su potencial de expansión es muy importante", concluye.


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Análisis
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“Hoy, después de varios años de trabajo en terreno en distintas zonas productivas y resultados comerciales consistentes, podemos decir con plena confianza que existe evidencia suficiente para hablar con más propiedad sobre las luces y sombras de los distintos portainjertos que se utilizan en el país”.
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“La situación es tan grave que, en estos días, algunos productores han reportado reducciones de producción cercanas al 70%. Sin embargo, esto no debería impactar significativamente el volumen nacional, dado que la mayor superficie productiva del país se ubica más al norte”.
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“Si bien las estimaciones iniciales proyectaban una producción cercana a las 130 o 140 millones de cajas, hoy existe consenso en que esa meta no se alcanzará. Las proyecciones más recientes apuntan a un rango entre 110 y 120 millones de cajas, una cifra que sigue siendo relevante, aunque inferior a la esperada”.

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